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El Arte de la Entrevista Larga

El Arte de la Entrevista Larga

Por Mario Alberto Mejía 

Cuando David Frost, un banal entrevistador del mundo de los espectáculos, se sentó con Richard Nixon nadie le dio importancia al asunto.

¿Qué le puede preguntar un inculto bufón a un ex presidente que gozaba de dos famas: una oscura (por el caso Watergate) y otra luminosa (por su gran capacidad intelectual)?

El resultado fue toda una sorpresa.

Nixon lo supo desde el primer encuentro ante los micrófonos.

El periodista de espectáculos se mutó en periodista político, y la cosa se descompuso.

Detrás de Frost, hay que decirlo, estaba un equipo de asesores de primer nivel.

Lo mejor para él es que los hombres fuertes de Nixon lo minusvaloraron.

Eso le sirvió para dos cosas: para sorprender a la hora de las preguntas y para quitarse el estrés que suele acompañar a los entrevistadores cuando se enfrentan a un gran personaje.

A lo largo de mi vida he hecho muchas entrevistas.

Antes de entrar al mundo del periodismo político me movía en el periodismo cultural.

En este ámbito hice largas entrevistas con genios de la danza contemporánea como Maurice Béjart (bailarín y coreógrafo nacido en Francia) y de la guitarra clásica como el español Narciso Yepes.

El Festival Internacional Cervantino me sirvió de ring durante cinco o seis años, y eso sirvió para que Braulio Peralta me mandara a la X Muestra Nacional de Teatro —con sede en Monterrey— en calidad de enviado especial del diario La Jornada.

(No confundir con la Jornada de Oriente).

En ese contexto volví a hacer largas entrevistas con monstruos como Sergio Magaña, Carlos Fuentes (que estrenaba una obra de teatro ahí) y Fernando de Ita.

Entrevisté de todo en esos años: directores de teatro, escritores, poetas, coreógrafos, pintores, bailarinas, cantantes de ópera, actores shakespearianos, músicos (clásicos, barrocos, contemporáneos), curadores de museos, cantantes de rock…

Ya metido en el periodismo político, crucé lanzas con Carlos Castillo Peraza, Porfirio Muñoz Ledo, Cuauhtémoc Cárdenas y varios personajes más como don Urbano Deloya, que venía de ser secretario privado de su amigo Gustavo Díaz Ordaz.

A lo largo de todos estos años he entrevistado a muchos personajes.

Hablar con ellos largamente ha sido un reto.

Pero ninguno como el que he vivido con el gobernador Miguel Barbosa Huerta.

Lo entrevisté por primera vez el 23 de agosto de 2019, cuando venía de rendir protesta.

Fue una charla pública en el auditorio del hotel Crowne Plaza de la avenida Hermanos Serdán, donde vivió dos años.

La conversación duró cerca de tres horas.

Un año después, ya en Casa Aguayo, le hice otra entrevista de casi tres horas.

Cuando el lector tenga esta columna ante sí estaré conversando con él.

Me he preparado durante años para sostener entrevistas largas.

No creo en las que duran menos de dos horas.

En el caso del gobernador Barbosa encuentro ese click que tienen lis grandes conversadores.

Si fuese corredor, sería maratonista.

Los corredores de cien metros planos tienen el encanto, sí, de la velocidad, pero se pierden el mayor encanto de todos:

El de la carrera de largo aliento.

Ésa en la que caben las reflexiones, las polémicas, las sonrisas y, por supuesto, los silencios.

¿Qué es el silencio en el mundo de la música?

¿Qué es el blanco en el mundo de la pintura?

Sencillo:

Es el orden que ordena el caos.

Nota Bene: gracias infinitas a mis amigos periodistas de otros medios como Pepe Hanan, Ricardo Morales, Arturo Luna y Zeus Munive por su enorme generosidad.

En épocas de mezquinos, su actitud vale oro.

Amenazan hacer crónicas de la charla, y hasta entrevistas.

Gracias siempre por esa actitud tan generosa.