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El gran problema de la triple alianza, los dirigentes estatales

El gran problema de la triple alianza, los dirigentes estatales
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Por Ricardo Morales / Serpientes y Escaleras

Grandes expectativas generó la conformación de la alianza electoral “Va por México”, conformada por el PAN, PRI y PRD, tres de los cuatro grandes partidos en el país.

La conformación de este bloque opositor realmente ha causado temor entre la mal llama “Cuarta Transformación”, sabedores de que la situación se les puede complicar ante estas tres fuerzas políticas, que buscan que Morena y sus aliados puedan mantener la mayoría en la cámara de diputados.

El problema es, al menos en el caso de Puebla, los dirigentes estatales de cada una de las diferentes fuerzas políticas que conforman el bloque “Va por México”.

Se trata sin duda de tres dirigentes estatales de segunda división, “pipitilla” pues, tanto a Genoveva Huerta (PAN) como a Néstor Camarillo (PRI) y a Carlos Martínez Amador (PRD), les quedó grande el puesto y eso lo comienzan a demostrar con sus respectivas actitudes.

Las dirigencias nacionales de sus respectivos partidos políticos deberán de tomar las decisiones a nivel central, tanto en la elección de candidatos a diputados federales, como en el tema de la elección local, en donde estos tres “lidercillos”, solo buscan sacar provecho personal.

Genoveva Huerta, la dirigente panista, es una “marioneta” del verdadero dirigente de una de las facciones del albiazul que no es otro que el diputado federal del PES y ex secretario de Gobernación, Fernando Manzanilla.

Manzanilla, a nivel federal, no quiere pelearse con el presidente López, aunque afortunadamente para la causa panista, el dirigente nacional del PAN, Marko Cortés, ya tomó en sus manos la designación de los abanderados del albiazul.

A nivel local, Manzanilla está interesado en meter la mayor cantidad de aspirantes a diputados locales, no tanto así a las alcaldías que estarán en juego, de ahí que a través de “Rasputín” Alcántara haya decidido sacar la “bandera blanca” y aceptar la postulación de Eduardo Rivera como candidato a la presidencia municipal de Puebla.

El juego del hábil diputado federal y ex cuñado de Rafael Moreno Valle Rosas es hacerse del control del Congreso con una bancada “manzanillista”.

Para su “protegida”, Genoveva Huerta, ya pidió una plurinominal para enviarla a San Lázaro y tenerla a salvo de cualquier acción por parte del gobernador Barbosa, quien la tiene en la mira y con buenos argumentos.

Por el lado del PRI, Néstor Camarillo es un verdadero cero a la izquierda, un dirigente de parapeto, ya que Alejandro Moreno “Amlito” decide con su operador Javier Casique y con los verdaderos liderazgos al interior del tricolor, como Zavala, Blanca Alcalá y Enrique Doger Guerrero.

Camarillo y su secuaz, el ex presidente municipal de los Reyes de Juárez, Rafael Ramos (Rafa), solo buscan llenarse los bolsillos a través de la venta de las candidaturas a las alcaldías, pese a que prometieron que los candidatos saldrían a través de las encuestas.

Camarillo no quiere confrontarse con el gobernador Barbosa, porque sabe que tiene asuntos pendientes con sus cuentas públicas, las cuales datan de cuando fungió como presidente municipal de Quecholac, así pues, busca quedar bien con Dios y con el diablo.

Por su parte, Carlos Martínez Amador tiene un partido de membrete, con muy poca presencia en Puebla y mucho menos, recursos.

Casualmente, los distritos federales que prácticamente tiene perdidos la triple alianza, son lo que le corresponden al PRD, el principal Ajalpan, a donde se perfila llegará como candidato de Morena, un personaje muy ligado al gobernador Barbosa.

Lo único que realmente le importa al dirigente estatal del PRD es ganar la presidencia municipal de Huauchinango para su hermano, Omar y no confrontarse con el gobernador Barbosa, al cual no le tiene miedo, le tiene pavor.

De ese tamaño es la mega coalición, grande por fuera, pero chiquita por dentro y con dirigentes estatales en Puebla, del tamaño de una canica.

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Ilustración: Alejandro Medina