2020, un año perdido
Por Ricardo Morales
En todos los sentidos, 2020 es un año perdido para la humanidad, sumida en una de las peores crisis de toda la historia, a causa del coronavirus y sus secuelas.
Este año, la población mundial vivió en medio de un escenario, para el cual no se había preparado y demostró la debilidad de la población y los gobiernos de todo el planeta ante el embate de una enfermedad desconocida.
Como primer impacto negativo tendremos las lamentables pérdidas de vidas por los seres humanos contagiados, los cuales a pesar de los grandes avances médicos acumulados hasta el siglo XXI de nuestra era, no pudieron ser salvados con los tratamientos y terapias disponibles.
Hasta la fecha, el coronavirus ha cobrado la vida de 1.6 millones de personas en todo el mundo; tan solo en México, la cifra asciende a más de 115 mil afectados y contando, números terroríficos que dejan en claro la fragilidad humana, ante cualquier embate de la naturaleza, lección que no debemos olvidar nunca quienes habitamos en este planeta.
Los efectos de la pandemia sobre la economía mundial son del todo devastadores, se estima que el PIB mundial tendrá una caída de alrededor del 3.8 por ciento, casi diez veces superior a la que se registró en el 2009.
El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), por sus siglas en inglés, explica lo siguiente: “Pronosticamos una profunda recesión este año, con una caída del PIB mundial del -3,8 por ciento. Esta caída es mucho más profunda que la caída de la actividad mundial durante la Gran Recesión, cuando el PIB cayó un -0,4 por ciento en 2009, y creemos que vale la pena preguntarse por qué la recesión del Covid-19 es mucho peor”, señala el lobby bancario en un informe.
El 2020, sin duda, ha resultado ser un verdadero año de pesadilla para la raza humana, la cual tendrá que comenzar a trabajar de manera unida, si es que verdad aprendió de esta auténtica lección que nos ha dado la naturaleza.
En el terreno social, los efectos nocivos han sido diversos tanto por el confinamiento a que nos hemos visto obligados a cumplir, como a la falta de interacción física entre los seres humanos que se ha extendido a amigos, novios y parientes.
En este caso, si pudiéramos establecer un impacto positivo, tendríamos el aprendizaje de la ciencia sobre diversos tratamientos aplicados y su efectividad, así como las enseñanzas que ha significado para el personal médico que ha debido atender a los enfermos, sobre la mejor forma de enfrentar el fenómeno y los tiempos más adecuados para cierto tipo de protocolos y tratamientos.
Este cúmulo de conocimientos surgidos de la tragedia, bien aprovechados, puede ser sumamente útiles para mejorar la atención de los seres humanos que desafortunadamente han caído en la condición de contagio y los que en el futuro lo sufran.
Otro aspecto positivo es el hecho de que de los enfermos recuperados se ha podido extraer plasma sanguíneo, elemento sumamente valioso para la elaboración de vacunas que se encuentran en investigación y desarrollo en diversos países, donde al parecer China es punta de lanza.
2020, sin duda, es un año perdido en muchos aspectos, pero a su vez puede significar el punto de inflexión para un cambio tanto en el modelo económico, como en el patrón de conducta de los seres humanos, si es que se aprendió la lección de esta horrible experiencia.
A pesar de estos complicados augurios, lo cierto es que está en nuestra mano cambiar de paradigma y poner manos a la obra para poder cumplir con unos Objetivos de Desarrollo Sostenible que aparecen ahora como el camino a seguir para lograr mejorar tanto la salud del planeta como la nuestra propia. En ese sentido, es necesario ver también la crisis del coronavirus como una oportunidad.
Actualmente, la reconstrucción económica que será necesaria una vez se logre controlar el coronavirus es una de las mayores preocupaciones tanto de políticos como ciudadanos. Pero ese “nuevo plan Marshall” del que tanto se habla debería pasar también por una transición hacia una economía más sostenible, sustentada en el respeto al ser humano y al medio ambiente.
