¿Quién Destruyó el Museo Barroco y Cómo le Hizo?
Por Mario Alberto Mejía
La Quinta Columna
El actual Director de Museos Puebla, Ernesto Cortés, fue director de Museos en tiempos de Rafael Moreno Valle, antes de que fuese creado el organismo Museos Puebla.
Fue el brillante embajador Jorge Alberto Lozoya quien lo metió en la nómina en un cargo menor —curador de exposiciones— una vez creado el organismo.
(Con el tiempo se decepcionaría de él. Incluso, Lozoya llegó a cachetearlo en público).
Abusando de las bondades de su encargo, Cortés hizo dos cosas: estudió un doctorado y le dedicó tiempo a su familia.
A la llegada de Juan Carlos Fernández Jasso a la Dirección de Museos, Cortés fue ascendido a la titularidad de Servicios.
Faltaba menos: siguió dándose tiempo para otras cosas al tiempo de actuar —con el personal a su cargo— como un protopanista.
A la llegada de Julio Glockner a la Secretaría de Cultura, nuestro héroe es recomendado por Lourdes Roth, a la sazón directora general de Artes y Fomento Cultural.
Ya traía para entonces un nuevo disfraz: el de protolopezobradorista.
Ingenuamente, Glockner le dio la oportunidad para ocupar la dirección general del organismo Museos Puebla.
Poco tiempo después tendría el síndrome Díaz Ordaz consistente en mirarse al espejo todos los días y decirse “¡pendejo, pendejo, soy un pendejo!”.
(El ex presidente se llamaba así tras decepcionarse de Luis Echeverría, a quien había elegido como su sucesor).
En el tiempo que Cortés lleva en el cargo no se han realizado exposiciones importantes.
Ni una sola.
En su currículo tendría que aparecer un hecho deleznable: “destructor del Museo Internacional del Barroco entre 2019 y 2020”.
Lo que antes fue un orgullo poblano, hoy es un elefante blanco.
Cortés devolvió a las bodegas de los museos Bello, San Pedro y Alfeñique la obra que le daba sentido al Barroco.
También regresó a los coleccionistas privados la obra que habían prestado.
¿Cómo lo hizo?
En mal estado y pésimamente embalada.
Qué hizo en estos meses, se preguntará el hipócrita lector.
Rompió con Glockner, se alió a sus enemigos, se creyó lo de la autonomía de su organismo y cobijó en la nómina a panistas desempleados.
(Ya hasta el señor Óscar Alejo —cuyo apellido rima con conejo— cobra su chivito ahí).
Una más: no ha convocado a ninguna sesión de gobierno para la aprobación de su director administrativo, por lo que los tramites no se están llevando a cabo de manera correcta.
A su llegada a Museos de Puebla llevó como parte de su equipo a Míriam Mendieta Reyes, directora de Gestión Cultural en ese entonces, a quien se le recuerda por haberse apropiado de cuatro grabados donados por Carolina O'Farrill en aras de que fueran rifados entre los ciudadanos.
Una vez que fue descubierta la trama, Mendieta se justificó diciendo que como no se encontraban habilitadas las redes de Museos Puebla no tenía sentido rifarlos.
Por eso, faltaba más, se llevó los grabados a su casa.
Al volverse éste un tema polémico, la funcionaria fue nombrada subdirectora de Colecciones.
No hubo sanción alguna en su contra.
A su lugar llegó Juan José González, quien además es esposo de la directora del Museo José Luis Bello y González, Alicia Angélica Izúcar.
Qué bonita familia.
El nepotismo en toda su expresión en la 4T.
Por cierto: Óscar Alejo, protegido de Cortés, fue descubierto elevando el costo de la exposición de Artes Islámicas de 3 a 7 millones de pesos.
En la organización del Huey Atlixcayotl se acordó darles la cantidad de 25 mil pesos a cada uno de los grupos indígenas participantes, pero sólo recibieron 12 mil.
¿Quién cree el lector que estuvo detrás del despojo?
¡Adivinó!
El señor cuyo apellido rima con conejo.
Glockner reportó en diversas ocasiones las ineptitudes y las irregularidades de Ernesto Cortés ante la Secretaría de la Función Pública.
Curiosamente no ha recibido el menor extrañamiento.
En consecuencia: sigue gastándose el presupuesto del organismo como se le da su regalada gana.
Y vaya que es mucha.
