¡Sensacional de Luchadores! (y otras Historias Cómicas)
Por Mario Alberto Mejía
La Quinta Columna
Inicio con una precisión: por un error técnico (como los de Lopez-Gatell), en mi más reciente entrega dije que Julio Glockner había omitido el nombre de Alejandra Santamaría (¡Madre de Dios!) en su carta de renuncia a la Secretaría de Cultura.
Claro que la mencionó por su nombre y milagritos.
De hecho en Casa Aguayo la tienen bien ubicada.
Glockner dijo que solicitó su renuncia “por considerar ineficiente su desempeño, además de presentar presupuestos desproporcionados financiando proyectos mal elaborados, que, no obstante, contaban con su aprobación. Al solicitarle la renuncia, la C. Santamaría comentó que por indicaciones de Usted (el gobernador Miguel Barbosa) debía permanecer en el cargo mientras la Secretaría de la Función Pública investigaba el caso.
Así se hizo hasta que quedó demostrado su mal desempeño y fue despedida. Asesorada por el señor José Antonio Camarillo Sánchez, a quien yo había despedido hace dos meses por presentar documentos falsos en su CV (Currículum Vitae).”
Estos dos personajes son auténticas fichitas, como ha quedado demostrado en columnas anteriores que he compartido con el hipócrita lector.
Una de las joyas por las que siempre recordaremos a Santamaría es porque una vez intentó meter a trabajar temas de Patrimonio a dos artistas del pancracio.
Sí: dos luchadores.
Sí: dos obreros de la lucha libre.
No tengo nada en contra de los señores luchadores.
Incluso, de niño admiré brutalmente al Santo, a Blue Demon, al Gori Guerrero y a Tonina Jackson.
Su oficio, faltaba más, es muy respetable, pero nada tienen que hacer los héroes del ring en cargos tan importantes como los que Santamaría quería darles.
(Imaginemos al Santo como secretario de Gobernación en el sexenio de Díaz Ordaz teniendo como subalterno a un muy joven Manuel Bartlett Diaz: ¡ese rudo de la política!).
Y no hablemos de salarios, porque la mismísima 4T se ruborizaría.
Uno de ellos era conocido como el nuevo Perro Aguayo por aquello de la “Lanza Zacatecana”, llave inmortal que el Perro llegó a ejecutar con una maestría inédita.
Esa es la señora Santamaría, para servir a Dios y a sus mercedes.
Dejemos la chunga con estos personajes de comedia barata.
Entremos a la zona peligrosa.
¿Sabe usted por qué la titular del área administrativa, Sonia Duarte, era tan odiada por las dos fichitas antes mencionadas y por otros más?
Porque llegó a poner candados y a parar, hasta donde se enteró, los robos.
En anteriores administraciones, oh sí, los robos estuvieron a la orden del día.
Dos ejemplos:
En el Museo Bello había una barca de marfil muy elogiada por los visitantes y expertos.
Un día, el hijo de la directora del museo estaba jugando a los vaqueros.
Y corría sin que nadie le llamara la atención.
De pronto, el vaquero tropezó con la invaluable barca de marfil y ésta se hizo pedazos en el suelo.
(No fue precisamente un robo. Técnicamente no. Pero la directora hizo que todos los testigos guardaran un silencio tan ominoso como la caída de la barca. Nadie denunció el hecho. La directora y su hijo el vaquero se salieron con la suya).
En el Museo de Alfeñique —esto ocurrió en el pasado reciente— se perdieron unos cuadros.
Así nomás.
Un día estaban, otro día ya no estaban.
No faltó quien preguntara por el destino de los citados cuadros.
La respuesta fue lacónica:
“Los préstamos a otro museo”.
Los días pasaron.
Las semanas.
El sexenio terminó.
¿Y los cuadros?
Nunca, jamás, volvieron a sus lugares.
Esto siguió ocurriendo hasta que la directora administrativa de la era Glockner llegó a poner orden.
Tanto el secretario como su administrativa se echaron encima a las hienas porque ya no las dejaron manejar el dinero.
Ahora que viene el cambio de titular de la Secretaría, los que se fueron quieren regresar.
Son hormigas que operan por debajo del agua.
O algo peor:
Son hienas que esperan hacer suyo el olor de su nueva presa.
A eso se refería Glockner en su carta de renuncia cuando hablaba del informe que le entregará al gobernador
Barbosa sobre “los actos de corrupción que hemos combatido”.
Y más específicamente a estas líneas: “Subsisten en la Secretaría y en Museos de Puebla personas indolentes, con una visión tan estrecha que sólo les permite ocuparse de sí mismos y del pequeño grupo enquistado en estas dependencias al que han pertenecido durante años”.
Qué trama, qué historia, qué personajes.
El Vocero de la Muerte, en Puebla. Viene López-Gatell el viernes.
¿A qué viene?
A comer chiles en nogada.
¿Qué declarará?
Que ya se aplanó la curva.
¿Cómo lo dirá?
Con una sonrisa de juntacadaveres.
Lo cierto es que Gatell es dueño de una responsabilidad criminal al desalentar el uso del cubrebocas.
Y hay quienes lo quieren llevar a los tribunales.
Y no son prianistas ni integrantes del Frena.
Tampoco son de la BOA.
La llama está encendiéndose en Morena.
