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Noticias de un País que Olvida Pronto (y Encuestas que lo Acompañan)

Noticias de un País que Olvida Pronto (y Encuestas que lo Acompañan)

Por Mario Alberto Mejía

La Quinta Columna

Este país está de cabeza.

Desde hace décadas nadie cree en las encuestas, pero basta una encuesta en contra del presidente López Obrador —una sobre su “imparable caída” en el ánimo popular— para que los sesudos analistas políticos —más partidistas que sesudos— den como un hecho que, en efecto, AMLO va en declive.

Los cuarenta mil muertos por la pandemia en México pesan como una loza, pero basta una declaración del presidente López Obrador —en el sentido de que ahora sí ya se aplanó la curva— para que todos celebremos lo bien que nos fue en esta crisis sanitaria.

El presidente dice en la Mañanera que no se nos debe olvidar el fraude electoral de 1988, y se lanza en contra de todos esos corruptos que lo maquilaron, pero ninguno de los reporteros que lo cubren del lunes a viernes es capaz de recordarle que el artífice del fraude —Manuel Bartlett Díaz— trabaja en su gobierno.

López-Gatell es el único vocero de la Muerte que anuncia todos los días el número de fallecidos por el Covid-19 con una enorme sonrisa.

Emilio Lozoya Austin llega detenido vía Madrid a México y de inmediato es trasladado a un hospital VIP —Ángeles, del Pedregal— como si se tratase de un embajador, lejos, muy lejos, del trato que recibe un interno común cuando se enferma, por ejemplo, de diabetes, hipertensión o cálculos renales.

El propio Lozoya es afortunado por el diagnóstico sobre la enfermedad que no le detectaron en España y que es muy bien vista por la 4T: Esófago de Bartlett.

Algunos de los intelectuales que firmaron un desplegado que hizo enojar a López Obrador no son ni intelectuales ni nada. Es el caso de Agustín Basave —que es el Fernando Belanzaurán de bigote—: va de gobierno en gobierno, de nómina en nómina, y nunca aporta nada.

Otros de esos intelectuales como Héctor Aguilar Camín y Jorge G. Castañeda se han convertido en auténticos parias de la Intelectualidá y han dejado de producir libros e ideas. Son, faltaba menos, mercaderes que lucran con lo que algún día fueron.

Otro de los abajofirmantes —el poeta Javier Sicilia— es un ejemplo del sinsentido. Primero, cuando un grupo de delincuentes mató a su hijo, se retiró de la poesía. Luego, cuando le dieron una beca del Fonca, regresó a la misma. Pero tiene años que nadie le ha leído un solo verso. Cosa curiosa: cuando el Fonca lo becó, gobernaba el país Peña Nieto, y el poeta guardó silencio todo ese periodo. Un silencio de poeta y de activista.

La periodista Anabel Hernández, entre otros, demostró que el ejército mexicano tuvo un papel central en la desaparición de los 43 jóvenes de Ayotzinapa, pero el presidente sigue premiando a las fuerzas armadas entregándoles el control de las aduanas y los puertos de México. Ya sólo les falta controlar el Instituto Nacional Electoral y la Suprema Corte.

En Puebla, nadie, tampoco, cree en las encuestas. Pero basta una encuesta que fortalezca a algún miembro de la Granja de los Conejos para que varios analistas den por hecho que ahora sí las cosas se pondrán buenas con la inclusión en la guerra electoral de tal o cual personaje.

Tanto a nivel nacional como local, muchas encuestas han fracasado a la hora de cotejarlas con la realidad. En ese momento juramos que no les volveremos a creer. Pero pasan los años y llega la nueva temporada electoral, y se nos olvida lo que alguna vez dijimos.

Hay políticos que han hecho del Covid-19 su discurso electoral, y desde su confinamiento, vía Twitter, se regodean en las muertes para fincar su próximo lema de campaña.

Poblanos a Favor de la Corrupción y la Impunidad es la mejor prueba de que los parias tienen el don de la ubicuidad. Son como esos ajolotes que en dos minutos se convierten en ranas. Son conejos, sí, pero camuflados en ranas.

Ahora resulta que ya somos todo aquello contra lo que luchamos a los veinte años. (JEP).