La Presidenta que Confundió una Silla con un Sombrero
Por Mario Alberto Mejía
La Quinta Columna
Una vez publicada mi columna en la que exhibí la denuncia de Claudia Rivera Vivanco en contra del gobernador Miguel Barbosa Huerta, varias feministas tocaron a mi puerta de whatsapp para lamentar que la presidenta municipal de Puebla distorsionara el concepto de "violencia política de género".
Todas concluyeron que el gobernador no recurrió a expresiones sexistas en contra de Rivera Vivanco.
Lo suyo, admitieron, fue un rifirrafe normal entre políticos profesionales.
Cierto: el gobernador no la descalificó por el hecho de ser mujer.
Lo que hizo —en las citas citadas en la denuncia ante el Instituto Electoral del Estado— fue cuestionar su trabajo como alcaldesa.
Sólo eso.
Pero eso está muy lejos de ser violencia política de género.
Tiene razón Ceci Monzón, militante priista, cuando se pregunta en Twitter lo que muchos nos preguntamos: “¿Quién le habrá hecho a (Claudia) la queja?”.
Y es que es una renuncia tan desafortunada que la presidenta debería quitarle la palabra a la autora de la misma.
Nota Bene: El Instituto Electoral del Estado rechazó la denuncia de Claudia Rivera por considerar que no hubo elementos para configurar la violencia política de género argumentado.
Nueva derrota para quien no entiende que no entiende.
Los Perdedores que Confundieron una Elección con un Tamal. El grupo compacto de un candidato perdedor acaba de publicar un libro patrocinado por un organismo que encabeza el candidato perdedor en aras de limpiar la imagen de ese mismo (obsesivo) personaje.
Para tal fin, colaboradores cercanos al candidato perdedor (los voceros, pues) presentaron el libro vía Zoom y dialogaron durante una hora justificando los yerros, que es lo que normalmente hacen al paso del tiempo los adictos a la derrota y a esa sombra nebulosa llamada fracaso.
(Siempre existe la tentación de saber por qué perdieron).
Nadie suele recordar a los perdedores.
La historia es cruel en ese sentido.
Éstos tienen un papel central: son usados para que otros ganen.
Y el nombre de éstos todo mundo los sabe.
(Los nombres de aquéllos, los derrotados, quedan en los archivos muertos).
Vea el hipócrita lector:
Enrique Cárdenas Sánchez, presidente de Poblanos a Favor de la Corrupción —hijo directo de Mexicanos a Favor de la Corrupción— (todos ellos exhibidos constantemente por el presidente López Obrador), convocó al equipo que le ayudó a perder la elección en 2019 para armar un libro en el que justifican —muy mal— la derrota sufrida a manos del hoy gobernador Miguel Barbosa Huerta.
Junte usted al coordinador de la campaña, a los voceros, al jefe de prensa y al coordinador de redes en la hechura de un libro.
¿Qué tiene?
Una antología de lamentos que tuvo rostro y voz el día de la presentación, vía Zoom.
(Esto ocurrió la semana pasada).
Metido en tres soporíferos volúmenes, el mentado libro (“Dinero ilegal y elecciones”) aborda dos procesos: el de 2018 y el de 2019.
Fuera de algunos ensayos inteligentes y de buena factura, una buena parte de libro se basa en trascendidos, supuestos testimonios, ficción, odios personales y plagios de reportajes periodísticos.
Y algo más: se inspira, a veces muy peligrosamente, en el libro Dinero bajo la Mesa, de Luis Carlos Ugalde y María Amparo Casar.
Algunos de sus autores lo dicen todo.
Pongo dos ejemplos: Sergio Mastretta y Jorge Machuca.
El primero hizo de todo en la campaña de Enrique Cárdenas Sánchez, candidato perdedor en la elección de 2019.
El segundo es el eterno jefe de prensa de Cárdenas.
Este último, por ejemplo, hace un supuesto análisis del comportamiento de la prensa poblana en las dos elecciones, pero se enfoca particularmente —y de manera enfermiza— en quien esto escribe.
¿Qué hace con su prosa porosa el señor Machuca?
Me adjudica una virtud de la que carezco: ser pieza clave para hacer ganar o perder a alguien.
Tomando como base dos o tres líneas de una columna mía, Machuca me manda al infierno de los perversos junto a otros personajes más.
Y aunque sus cifras no cuadren, decide que soy la reencarnación de Yago fusionado con Falstaff.
(Como es obvio que Machuca nunca ha leído a Shakespeare se quedará siempre con la duda, o buscará en wikipedia para saber de qué hablo).
¿Tan perverso soy?, me pregunté tras leer las obsesiones del jefe de prensa de Cárdenas.
—Sí —me respondí—. Eres muy malo, muy malo. Sobre todo si San Jorge Machuca lo dice.
Lo que no hace el multicitado es evidenciar a sus cómplices.
Un caso: Rodolfo Ruiz, quien a cambio de dinero llevó las redes sociales de la campaña de Miguel Barbosa en 2018 para después hacer lo mismo, al año siguiente, en la campaña de Enrique Cárdenas.
Mayor saltimbanqui no hay.
Machuca no se enteró —o no quiso— de los convenios millonarios firmados por su compañero de aventuras electorales en 2019 a través de su consultora ContraCorriente.
Aquí le dejo este link para que se entere: https://elincorrecto.mx/polaca/entregaron-banck-jj-y-gali-a-rodolfo-candyman-ruiz-mas-de-7-millones-por-asesorias-a-ayuntamientos-y-gobierno-documentos/
¿Por que no consignó esos datos en su sesudo análisis?
Sencillo: porque fue su compañero de ruta en la fallida campaña del jefe Cárdenas.
Para cerrar el ostión, faltaba más, el propio Rodolfo Ruiz fue uno de los presentadores del libro de marras.
(Ahí estuvo como moderador otro promotor de Cárdenas: Gerardo Navarro, secretario y tesorero, faltaba menos, de Poblanos a Favor de la Corrupción).
Qué bonita familia (¡por vida de Dios que sí!).
