Un Poblano en la Mira del Presidente López Obrador
Por Mario Alberto Mejía
La Quinta Columna
Durante el gobierno de Melquiades Morales Flores, Alejandro Montiel Rodríguez fue director administrativo de una corporación desdeñada históricamente en materia de negocios: la Policía Auxiliar.
En ese tiempo, nadie auditaba las brutales ganancias que generaba el alquiler de servicios de los uniformados —ni siquiera el Órgano de Fiscalización (hoy Auditoría Superior del Estado)—, lo que generó airadas polémicas.
(Fue La Quinta Columna quien le siguió el hilo a esa trama de principio a fin).
Por cierto: Fernando Morales Martínez —hijo del entonces gobernador— fue quien influyó para que Montiel Rodríguez administrara las millonarias ganancias.
Hoy Montiel está de nuevo bajo los reflectores, pero ahora nacionales.
Sea paciente el hipócrita lector porque trazaré un largo paréntesis.
Cuando Rafael Moreno Valle estaba por llegar a Casa Puebla, durante el largo periodo de la transición anunció que Cuauhtémoc Sánchez Osio sería el secretario de Finanzas de su administración.
(Fernando Manzanilla Prieto lo había recomendado).
Técnicamente manejaría 55 mil millones de pesos de los de entonces.
Moreno Valle, sin embargo, colocó a Eduardo Tovilla como subsecretario de Egresos.
Sería, en esencia, el nuevo Don Dinero.
Sánchez Osio no estuvo de acuerdo e ideó crear —al decir del columnista Arturo Rueda— una coordinación general para restarle poder a Tovilla.
Moreno Valle trató de convencer a Sánchez Osio por las buenas.
Imposible.
Éste siguió con su plan de restarle poder a Tovilla.
Fiel a su costumbre —de por las buenas, bueno, y por las malas, mejor—, el gobernador electo se encrespó, elevó la voz, dio un grito furioso y esperó sentado la sumisión de su virtual empleado.
Pero esto no sucedió.
Al contrario.
Como buen itamita, Sánchez Osio —según escribió en su momento Rueda— se envalentonó y respondió de la misma manera:
“¡Pues tú serás el gobernador, pero yo el secretario de Finanzas!”.
Ahí se acabó todo.
Moreno Valle corrió a Sánchez Osio y metió en su lugar a Roberto Moya.
Tovilla, faltaba menos, respiró tranquilo.
Hoy Sánchez Osio está de nuevo bajo los reflectores, pero ahora nacionales.
¿Qué tienen que ver Alejandro Montiel y el multicitado Sánchez Osio?
Vea usted.
En 2015, Cuauhtémoc Sánchez Osio buscó ser jefe delegacional de Tlalpan.
No pudo.
Le ganó Claudia Scheinbaum.
Según el diario Reforma, el hoy titular del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) recibió en esa elección el apoyo del empresario poblano Alejandro Montiel en materia de pendones y grúas para colocar la propaganda.
Ahora, ya en Conafe, siempre al decir de Reforma, Sánchez Osio firmó un contrato por 9 millones de pesos con la empresa Oficinas y Comercios —propiedad del poblano— para la impresión de 27 mil tapetes didácticos.
Reforma asegura que dicho contrato se lo dio en reciprocidad por su apoyo en la fallida elección de 2015.
Sánchez Osio lo niega.
Montiel también.
El presidente López Obrador ya dijo que investigará.
Esteban Moctezuma, titular de la SEP —dependencia de la que depende Conafe—, ya se puso nervioso.
Algo está por ocurrir en el gabinetazo de la 4T.
Y todo sucede en el peor momento: cuando la pandemia está lejos de ser domada y los casos de muertos e infectados se multiplican todos los días.
Ese mal humor social —trasladado al presidente— no promete nada bueno.
Cuando menos para Sánchez Osio: ese itamita enamorado de la luna.
Los 80 de don Melquiades. Hace poco, un grupo de priistas buscó que Melquiades Morales Flores se convirtiera en candidato del PRI a la alcaldía de Puebla.
Sabio y prudente como pocos, don Melquiades los escuchó, soltó una risita y dijo: “gracias, no, jóvenes licenciados”.
Ellos insistieron.
Él sonrió.
Y sacó de su memoriosa cabeza una frase del legendario Maestro Pachón relacionada con la mesura y la sensatez.
Quienes lo promovían soñaban verlo gobernando en el Palacio de Charlie Hall.
Pero eso implicaría una guerra.
Una guerra contra el gobernador Miguel Barbosa.
Guerra electoral, pero guerra.
Y con don Melquiades en el papel del Cid Campeador.
La prudencia, su prudencia, pudo más y rechazó ser parte de una trama que amenazaba con convertirse en tormenta.
Hoy, lejos de la seducción del poder y cerca, siempre, de su invaluable y generosa esposa, doña Socorro Alfaro, el exgobernador celebra feliz y con los suyos ochenta años de edad.
Feliz cumpleaños desde aquí.
