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A la defensa del INE

A la defensa del INE

Por Ricardo Morales

Las Serpientes

El presidente Andrés Manuel López Obrador arrancó una campaña en contra del Instituto Nacional Electoral, con la finalidad de asumir las atribuciones que, por ley, solo le corresponden a este organismo.

Dentro de su campaña, la cual bien se puede denominar, “al diablo con las instituciones”, el titular del ejecutivo busca terminar con otro de los organismos autónomos, después de darle cristiana sepultura al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), el presidente ahora arremete en contra de quien será el árbitro de la contienda el próximo, lo cual constituye un golpe a la democracia.

Insensible ante los ya casi 25 mil muertos a causa de la pandemia, al presidente solo le preocupan sus megaproyectos y el 2021, en donde la prioridad es mantener la mayoría en el Congreso y obtener la mayor parte de las gubernaturas que estarán en juego el próximo año.

El presidente suma una incongruencia más, al criticar al INE, siendo que este organismo es producto de varias reformas electorales impulsadas desde la izquierda y específicamente por parte del PRD, pero, por si fuera poco, es el mismo organismo que le entregó el registro a su partido político, Morena y validó su triunfo en el 2018.

López Obrador olvida que el INE es la consolidación de una lucha de años por lograr la democratización del país, para contar con una institución que pudiera tener credibilidad y hacerse cargo de la organización de los procesos electorales en este país.

El INE es producto de una larga lucha iniciada a principios de los años ochenta, cuando la oposición al entonces partido hegemónico el PRI, comenzó a ganar espacios ante el hartazgo ciudadano.

Puebla, en 1983, fue sin duda uno de los parte aguas en la lucha por un sistema más democrático, cuando en la elección celebrada para la elección a presidente municipal de la ciudad capital, el empresario Ricardo Villa Escalera, quien contendió por las siglas del Partido Acción Nacional, consiguió un triunfo irrefutable, el cual le fue arrebatado por las artimañas priistas.

El sismo del 17 de septiembre de 1985 y la actuación indiferente del entonces presidente de la República, Miguel de la Madrid, ante la devastación provocada por el fenómeno telúrico y los miles de muertos, sacudió por completo a la sociedad mexicana, la cual salió adelante, gracias a su organización y sin el apoyo del gobierno que se mantuvo indiferente y rebasado ante la tragedia.

Chihuahua, en 1986, marca un hito en torno a los procesos electorales en el país, Francisco Barrio, fue despojado del triunfo en la elección a gobernador por aquella entidad, otorgándose el triunfo al priista Fernando Baeza (el fraude patriótico), lo cual provocó una enorme movilización social con el cierre del puente internacional de Ciudad Juárez.

Aunque nunca se reconoció el triunfo de Barrio, Chihuahua marcó otro precedente para dejar en claro que el país, necesitaba de organismos electorales independiente y autónomos, capaces de organizar elecciones, pero sobre todo, de garantizar la limpieza y la transparencia de los comicios. En una palabra, el respeto al voto.

1988 significó el fin de la hegemonía priista y un parte aguas en la historia de la lucha democrática en el país, con la famosa “caída del sistema, que le otorgó el triunfo al priista Carlos Salinas de Gortari sobre el candidato del Frente Democrático Nacional, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

Quedó entonces demostrado que las elecciones en México ya no podían más estar organizadas desde Bucareli.

Vinieron pues una serie de reformas que derivaron en la creación del Instituto Federal Electoral, al frente de este organismo llegó el académico, José Woldenberg, quien condujo magistralmente a este organismo, lo que abonó a la credibilidad del nuevo órgano electoral y dio origen a la creación de organismos “ciudadanos” también en los diferentes estados.

De esta forma, en el 2000, la transición fue posible y por primera vez se puso fin a la “dictadura perfecta” como denominó el escritor Mario Vargas Llosa al régimen priista, la cual gobernador durante más de 70 años a este país. El panista, Vicente Fox Quesada se alzó con un triunfo irrefutable sobre el priista, Francisco Labastida Ochoa.

Vino después el 2006 y nuevamente el proceso electoral se puso en duda, por la débil actuación del árbitro de la contienda, el presidente del entonces IFE, Luis Carlos Ugalde y lo apretado del resultado electoral que se le otorgó al panista, Felipe Calderón, lo que provocó la toma de la avenida Reforma por parte del inconforme candidato perdedor, Andrés Manuel López Obrador.

Vinieron entonces nuevas reformas electorales, todas ellas impulsadas por la “izquierda” lopezobradorista, que 12 años después, derivaron en el triunfo del hoy presidente de la República, por esta razón y muchas más, entre ellas miles de vidas que se perdieron en esta lucha por la democracia, es que no se vale que el presidente, descalifique al INE y ahora busque abrogarse sus atribuciones, lo cual constituiría, una nueva traición a la democracia.