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Entre Alcalá, Estefan y Doger negociarán la nueva dirigencia estatal del PRI

Entre Alcalá, Estefan y Doger negociarán la nueva dirigencia estatal del PRI

Cuitlatlán

Por Fermín Alejandro García

La elección de la nueva dirigencia estatal del PRI en Puebla se definirá -por enésima vez- a través de un acuerdo cúpular entre dos facciones del partido: el bloque formado por Blanca Alcalá Ruiz y Jorge Estefan Chidiac y el que conforman Enrique Doger Guerrero y Javier Casique Zárate, mediante el cual ambos grupos buscarán conservar posiciones personales y poco, o mejor dicho nada, se preocuparán por el sentir de las bases priistas y la posibilidad de regresar al partido al terreno de la competitividad electoral.

Se dice que en estos días en el Comité Ejecutivo Nacional del PRI se empezará a convocar a los grupos priistas de Puebla para convencerlos de aceptar el esquema de negociación, mediante el cual se van a repartir promesas de candidaturas a diputados federales y locales, así como de alcaldes, para que la mayoría de las facciones no se insubordinen.

El escenario previsible de esa negociación es que la presidencia del tricolor se quede en manos de Néstor Camarillo Mediana, el exedil de Quecholac, pese a lo impopular que este personaje le resulta a la mayoría de los grupos políticos del partido y por los escándalos que protagonizó cuando fue alcalde.

Y que la candidatura a la presidencia municipal de la ciudad de Puebla pudiera quedar en la persona de Blanca Alcalá Ruiz, quien ya fue edil entre los años 2008 y 2011, o algún aspirante que sea afín al bloque que la ex alcalde ha formado con el exdiputado federal Jorge Estefan Chidiac.

El pretexto para desahogar la elección mediante esa vía, por parte de Alejandro Moreno Cárdenas, el presidente nacional del PRI, es que la cuarentena por el Covid–19 trastocó los planes que había de elegir al dirigente del partido en Puebla a principios de abril pasado.

El proyecto de impulsar a Néstor Camarillo a la presidencia del partido proviene del bloque de Javier Casique y Enrique Doger, quienes buscarían de esa manera influir en las próximas candidaturas a puestos de elección popular y acceder a diputaciones federales por la vía plurinominal, que permita subsistir al grupo dogerista que quedó disminuido por la complicidad que tenía con el morenovallismo.

Por el otro lado, se le daría a Blanca Alcalá y Jorge Estefan el control de la campaña en la capital, bajo la tentación que hay de medir las posibilidades de la primera de volver a contender por la presidencia municipal de Puebla. O por lo menos, decidir quién debe ser el abanderado tricolor.

Se dice que en ese esquema de negociación, a otro de los aspirantes a la dirigencia priista, a Lorenzo Rivera se le ofrecería una diputación plurinominal, ya sea para él o para uno de sus hijos.

Sin duda el anterior esquema plantea designar una dirigencia evitando que el partido se fracture en la disputa por la presidencia.

No obstante, esa posible negociación cúpular parece tener una mayor carga de negativos que de aspectos positivos.

Con ese cuadro, llegaría a la presidencia del partido un político gris y sin experiencia en encabezar campañas electorales. Para nadie es desconocido que el principal interés de Néstor Camarillo es utilizar al PRI para negociar con Morena la aprobación de sus cuentas públicas de edil de Quecholac, con las que enfrenta graves problemas de comprobación.

Y en ese mismo esquema se encuentran Enrique Doger Guerrero y Jorge Estefan Chidiac, quienes buscarán utilizar los que logren obtener en la negociación por la dirigencia para negociar posiciones de poder o contratos con los gobiernos de Morena.

En los intereses de estas facciones no pasa el convertir al PRI en una fuerte y robusta oposición a los gobiernos de la 4T.