Último minuto
Jueves, 24 de Septiembre de 2026
Puebla 16°C
Reto Diario | Noticias de Puebla
Ver Episodio Completo

Portada del Día

Cargando Portada...

El PRI y su nueva encrucijada

El PRI y su nueva encrucijada

Por Ricardo Morales

Las Serpientes

Desde que perdiera el poder en el 2010, el priismo local se convirtió en una comparsa el grupo en el poder, así al menos ocurrió durante el morenogalicismo.

Tras la derrota de Javier López Zavala, el PRI en Puebla se convirtió en un satélite del morenovallismo, con los dirigentes estatales que sucedieron a Alejandro Armenta Mier.

Tanto Fernando Morales (en ese entonces priista) como posteriormente Juan Carlos Lastiri, terminaron arrojándose a los brazos de Rafael Moreno Valle, avalando situaciones que terminaron por sepultar al que alguna vez fuera el “partidazo”, como la ley electoral del 2011, la cual creo la minigubernatura y las presidencias municipales de 4 años y 8 meses.

En el 2013, el PRI recuperó un poco de su vergüenza y trató de revelarse bajo la dirigencia de Pablo Fernández del Campo, quien impulsó la postulación del entonces ex rector de UAP; Enrique Agüera Ibáñez, como candidato del tricolor a la alcaldía, pero el académico cayó derrotado merced al pésimo trabajo realizado por el entonces delegado del CEN del PRI, Fernando Moreno Peña, un verdadero capo, así como por las traiciones de los principales actores del revolucionario, quienes se negaron en ver a Agüera como el próximo gobernador y prefirieron operar para el morenovallismo y su candidato a la presidencia municipal, Tony Gali.

En el 2016, en la lucha por la minigubernatura, la dupla Jorge Estefan-Blanca Alcalá intentaron dar la batalla, pero nada pudieron hacer ante el aparato del entonces gobernador Moreno Valle, quien aplastó a ambos personajes, merced otra vez, a una serie de traiciones por parte de los principales actores y que derivó incluso en el rompimiento de la relaciones entre las familias Estefan-López, Gali-López.

Para el 2018, el priismo poblano de plano entregó la plaza con la designación del también ex rector de la UAP, Enrique Doger Guerreo, quien también había sido presidente municipal, diputado local, legislador federal y delegado del IMSS en Puebla, pero cuyos mejores tiempos ya habían pasado y con muchos nexos también con el morenovallismo.

La cosas no pudieron ser peor en el 2019, Lorenzo Rivera, un gris presidente del tricolor, entregó la candidatura a la gubernatura en la elección extraordinaria, al ex diputado federal y ex secretario de Agricultura, Alberto Jiménez Merino, quien se puso en manos de la estructura marinista, la cual ya no alcanzó más que para obtener una raquítica votación de más o menos 281 mil 875 votos para el 18.46 por ciento del total de la votación, la más baja en la historia del tricolor.

Lorenzo Rivera dejó a regañadientes la dirigencia estatal del PRI y hoy este puesto se encuentra acéfalo, a la espera de que se emita la convocatoria correspondiente para la elección del nuevo dirigente estatal del “ex partidazo” en Puebla y la gran pregunta es ¿Qué quiere Amlito Moreno para su partido en el estado?

Como ya lo señale en una pasada entrega, si el priismo busca ahora ser comparsa del “barbosismo”, no hay duda, el nuevo dirigente estatal será un expresidente municipal, cuyas cuentas públicas no han sido aprobadas, para que pueda ser fácilmente manipulado a cambio de que pasen la revisión.

Por ahí hay un gris personaje que está dispuesto hacer ese papel porque le urge que el Congreso local, le apruebe sus cuentas tras su paso por la administración municipal.

El grupo Estefan-Alcalá también tiene su propia apuesta, se dice que su propuesta sería la ex regidora, Karina Romero, hija de Blanca, una joven muy dinámica, sobre quien pesa precisamente, el ser hija de la ex embajadora de México en Colombia y ex presidenta municipal de Puebla, aunque Karina no es un mal cuadro.

Hay una tercera opción, la cual se analiza también en la sede del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, quien busca alguien con experiencia, liderazgo e interlocución con todos los grupos y que además conozca toda la entidad.

Este personaje podría ser el verdadero “caballo negro” en la lucha por la dirigencia estatal del PRI, aunque quién sabe si se concrete su llegada, ya que los jaloneos por la posición son muy fuertes. La designación de este personaje, podría abrir la puerta a la una alianza, sino formal con el panismo, si en algunas regiones y municipios.

El PRI de Amlito Moreno debe de definirse ¿Qué quiere ser, comparsa o luchar por el poder a través de una serie de alianzas estratégicas? El balón ya está del lado del dirigente nacional del tricolor, como dijeran en el barrio, vamos a ver de qué lado masca la iguana.