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Las andanzas de Marcelo García, el diputado barco del congreso local

Las andanzas de Marcelo García, el diputado barco del congreso local

Cuitlatlán

Por Fermín Alejandro García

Marcelo García Almaguer se ha convertido en el más célebre "diputado barco", un mote que se utiliza para hablar de los legisladores que "se mueven de acuerdo con donde vaya la corriente dominante", es decir que no tienen identidad política, ni convicciones, son falsas sus preocupaciones públicas y únicamente actúan en torno a intereses personales.

Prueba de ese comportamiento, he aquí dos episodios muy relevantes:

Primero: el pasado 15 de mayo, día del Maestro, el Congreso local –de mayoría de Morena– aprovechó esa fecha emblemática para aprobar la nueva Ley de Educación de Puebla, la cual es una legislación que fue armonizada en su contenido con la misma norma del ámbito federal y se le hicieron importantes agregados para regular a la enseñanza privada en el estado.

Ese día, Marcelo García Almaguer se sumó a los votos que avalaron el proyecto, un comportamiento que obedece a la intención de buscar un constante acercamiento con la fracción parlamentaria dominante y con el gobernador Luis Miguel Barbosa Huerta.

17 días después, luego de que la derecha, algunas instituciones privadas de educación y diversos otros actores políticos, han tergiversado el contenido de esa ley, en unos casos, o han hecho serios y fundamentados cuestionamientos a la norma, en otros casos, aparece Marcelo García Almaguer diciendo que él también ya se dio cuenta que la legislación en cuestión tiene artículos confusos que dejarían en estado de indefensión a los particulares dedicados a la enseñanza.

¿A qué se debe este cambio de García Almaguer? Sin duda es loable que un representante popular rectifique una legislación que pudiera haber estado mal planteada o que dañe derechos de instituciones públicas o a particulares. El asunto es que Marcelo García no actúa con base a esa convicción de valores democráticos.

El comportamiento de quien fuera por 16 años el encargado de las estrategias de comunicación del extinto Rafael Moreno Valle Rosas, es buscar donde se acomoda y por eso juega con todos, para ver en donde encuentra un espacio para sus intereses personales.

Vota la mayoría de los proyectos legislativos de Morena, para buscar que eso le permita ser tomado en cuenta desde Casa Aguayo en futuros proyectos político o vender los servicios que ofrece en materia de campañas negras en redes sociales.

Y al mismo tiempo, le lanza guiños a los detractores de Morena por aquello de que prospere el proyecto del legislador Fernando Manzanilla Prieto de crear un frente de todos los opositores al grupo político del gobernador Barbosa. Igual, le apuesta a colgarse de esa posibilidad para seguir vigente en la actividad política.

Es decir, siempre quiere estar con dios y con el diablo, o con los dos.

Segundo: desde hace varias semanas Marcelo García se ha erigido como el diputado “que escucha a la sociedad civil” o que dice “ser de la sociedad civil”.

Por eso cada semana se retrata con ciudadanos de colonias populares para difundir mensajes en los que aparece regalando alarmas vecinales, enseñando a boxear, a usar sillas de rueda o prótesis ortopédicas, a crear proyectos productivos o a ver las estrellas. Siempre aderezado con frases sacadas de los best seller de superación personal.

Como parte de ser ahora “la voz de la sociedad civil”, presentó –ayer– una iniciativa para reformar la recién y polémica Ley de Educación, para supuestamente corregir una serie de imprecisiones.

La verdad de todo esto es que Marcelo García Almaguer se encuentra más solo que un ermitaño.

Y se encuentra así porque todo lo que ha hecho en Puebla, lo logró por la imposición del ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas.

Nunca por su cercanía, lealtad o identidad con alguna fuerza política.

Mucho menos por escuchar o representar los intereses de la población.

Marcelo García fue una pieza clave del engranaje político que se movía por la autocracia que ejercía Rafael Moreno Valle, en donde no se escuchan voces que disintieran o no fueran parte de los intereses personales del extinto exgobernador.

Cuando Marcelo García estuvo en a cúspide del poder, nunca escuchó a nadie. Estos son algunos ejemplos:

No expresó nada cuando un grupo de periodistas, entre ellos este columnista, solicitaron el Congreso local frenar la iniciativa que permitió convertir a los llamados delitos de prensa del ámbito penal al civil, en detrimento de medios de comunicación.

Tampoco hizo nada cuando Rafael Moreno Valle intentó exterminar a medios de comunicación que eran críticos de su gestión.

Ni mucho menos cuando diversas instituciones de educación superior pidieron frenar la ola de feminicidios en Puebla, un tema que ponía irascible a Moreno Valle.

Por eso Marcelo García Almaguer es igual de falso que el billete de 3 mil pesos.