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Ultimátum a Bracamonte: si no saca a Morena del marasmo mediático, ahora si se va del cargo

Ultimátum a Bracamonte: si no saca a Morena del marasmo mediático, ahora si se va del cargo

Cuitlatlán

Por Fermín Alejandro García

Mario Bracamonte González seguirá en la dirigencia estatal de Morena -pese a que había un acuerdo del Consejo Nacional morenista para removerlo-, pero enfrenta un ultimátum, un plazo perentorio, para activar al partido en los espacios de opinión pública y éste se convierta en un actor que defienda, explique, difunda los proyectos de los gobiernos de la 4T. Dicho de otra manera, tendrá que sacar del marasmo a la fuerza política que representa al lopezobradorismo.

El nombramiento –hace una semana– de Carlos Alberto Evangelista Aniceto como delegado o encargado de Morena en el estado de Puebla, se interpretó como el inicio del relevo de Mario Bracamonte de la dirigencia morenista y como una especie de contrapeso al gobierno de Luis Miguel Barbosa Huerta, por tratarse de un personaje contrario a la facción que encabeza Yeidckol Polevnsky, quien fue removida de la dirección nacional del partido y es una mujer cercana al titular del Poder Ejecutivo.

Esa visión correspondía a la determinación que a mediados de marzo pasado tomó el Consejo Nacional de Morena de remover a varios dirigentes estatales del partido, entre ellos a Bracamonte González, quien fue nombrado en enero de 2019 como delegado provisional de dicho instituto político.

Dos meses después ha trascendido que por alguna negociación de la que poco se sabe, se acordó que Bracamonte se queda en el partido, por lo menos hasta que inicie el próximo proceso electoral.

La función que tendrá el nuevo delgado es conseguir, entre otros objetivos, que Morena se active como fuerza política en los espacios de opinión pública, para hacer una defensa de los gobiernos de la 4T. Sobre todo, para ser contrapeso de los sectores de derecha que han aumentado su activismo y ferocidad en redes sociales, medios de comunicación electrónicos y en grupos organizados de la sociedad civil.

Esa labor la tendrá Mario Bracamonte, quien si no lo consigue, entonces ahora si sería removido. Bajo la idea de que Morena en varios estados, como es Puebla, poco o nada defiende a los gobiernos de la 4T y al presidente Andrés Manuel López Obrador.

No es solamente una dinámica hacia lo que pasa en Puebla, sino en varios estados del país se está utilizando la misma vía: que es enviar delegados para darle vigor y sacar del marasmo a Morena, pues es una fuerza política que está ausente del debate de lo que es y representan la 4T en los tres niveles de gobierno y en el ámbito legislativo.

Eso explica la razón por la cual Yeidckol Polevnsky ha sido designada como delegada en Jalisco, en donde se busca que convierta al partido en un auténtico contrapeso del gobierno de Enrique Alfaro, quien es el mandatario más beligerante en contra de la 4T y la gestión del presidente Andrés Manuel López Obrador, como parte de un proyecto personal de aparecer en las boletas en la contienda de 2005 por la sucesión de la titularidad del Poder Ejecutivo federa.

Morena, un partido mudo

Si algo caracteriza a Morena en Puebla, no de ahora, sino desde hace un par de años, es que es un partido mudo, ausente de los espacios de opinión pública y del que se sabe poco o nada de su vida interna.

O de lo único que se sabe, son de sus disputas internas, sus divisiones y la lucha constante de las facciones por el control del partido. Es decir, únicamente trascienden los escándalos.

La presidente estatal del PAN, Genoveva Huerta Villegas, le ha ganado el espacio mediático a Morena. Cada semana la dirigente albiazul, en su calidad de única líder de la oposición, coloca en la opinión pública por lo menos un par de críticas acidas y contundentes contra los gobiernos morenistas, en particular contra el Poder Ejecutivo encabezado por Luis Miguel Barbosa Huerta.

Algo similar pasa con la menguada fracción parlamentaria de PAN en el Congreso local. Cada semana tiene una opinión que cuestiona la cerrazón legislativa de Monera.

Y los regidores panistas de Puebla, junto con el dirigente municipal del albiazul Jesús Zaldívar, de igual manera, no hay semana en que no exhiban presuntos actos de corrupción o ineficiencia del ayuntamiento que preside la morenista Claudia Rivera Vivanco.

El PRI, en mucho menor proporción, ha buscado recuperar espacios de influencia en la prensa y sus bases. El delegado priista Américo Zúñiga Martínez, no pierde oportunidad –a través de videoconferencias– de fijar posiciones críticas del tricolor contra las administraciones lopezobradoristas. Una labor destacada si se parte que el partido no tiene un dirigente estatal y durante los últimos 10 años perdió toda capacidad crítica.

Hasta el PRD, un partido con graves problemas de supervivencia busca incesantemente en redes sociales exhibir yerros, abusos, dislates o incongruencias del gobierno del estado.

Y frente a todo este mar de críticas, cuestionamientos y diatribas, a veces bien fundamentadas y en otras, producto sólo de la propaganda partidista, Morena nunca dice una sola palabra. Simplemente no da señales de vida.

En la 4T no han entendido, que el modelo más conveniente a seguir es, que las cabezas de gobierno se deben dedicar a ejecutar políticas públicas y hablar de sus avances. Y que el partido, es decir Morena, tiene que ser la instancia para debatir, frenar críticas o cuestionar a la oposición.

Dicho de otra manera: Morena debe dejar de ser solo un convidado de piedra.