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La Educación en Puebla: un Saco Oloroso a…

La Educación en Puebla: un Saco Oloroso a…

Por Mario Alberto Mejía

La Quinta Columna

Lo único brillante que ha hecho en su vida Luis Paredes Moctezuma es una frase que le dijo a Manuel Bartlett Díaz cuando éste era gobernador de Puebla:

“Si la torta es de jamón, ¿para qué la haces de pedo?”.

Esto puede aplicarse perfectamente a algunos personajes que han venido desvirtuando en los últimos días el carácter de la Ley de Educación en la entidad.

La estrategia es sencilla:

Parten de mentiras para presionar.

O para hacerse visibles en vías de la elección de 2021.

Para nadie es un secreto que Luis Ernesto Derbez, rector de la UDLA-P, busca ser —oh, sí— alcalde de Puebla.

Ya en el pasado reciente se propuso para ser, ay, candidato a la gubernatura y hasta la presidencia de la República.

Hoy busca meterse en la bolsa de los candidatos del PAN a la Presidencia Municipal.

Quiere ir al Palacio de Charlie Hall, ufff, y gobernar desde ahí pensando en 2024, cuando estará en juego la gubernatura.

Este lunes no paró de dar entrevistas a espacios radiofónicos estatales y nacionales.

Y lo presumió en su cuenta de Twitter.

Un rector en campaña, podría llamarse esta trama.

Una primera de las varias mentiras que se han hecho circular va en el sentido de que el gobierno del estado es el dueño de todas las instalaciones en las que se ubican los colegios y universidades privadas.

Incluso Derbez le declaró a MVS: "Es importante corregir el riesgo que haya de una mala interpretación de la ley.

Es necesario que el gobernador modifique el artículo y deje en claro que no existirá ninguna una expropiación".

¿Expropiación?

¿Quién habló de expropiación?

En la Ley de Educación no aparece esa palabra.

¿Quién la echó a andar?

Los que ya están en campaña.

Los que creen que una mentira repetida mil veces da puntos en las encuestas.

La educación privada en Puebla, salvo contadas excepciones, es una porqueriza que regala diplomas, certificados y títulos a estudiantes mediocres que a duras penas saben escribir correctamente sus nombres.

Una buena parte de los profesores tienen un nivel deplorable.

Muchos abogados que hoy trabajan en áreas en las que se “procura” la justicia son auténticos tunde teclas sin oficio ni beneficio.

Basta leer sus tesis de licenciatura o algún escrito entregado en barandilla.

La redacción es tan penosa como la mala ortografía.

Eso es, en parte, lo que busca corregir la Ley de Educación, además de meterse en las aguas fangosas y hediondas de la usura.

La educación en Puebla, salvo contadas excepciones, también es también sinónimo de negocios formidables hechos para el lucro.

Sólo sirven para eso.

¿Cuántos periodistas, diputados locales, ex rectores no tienen sus dudosos colegios —y, por supuesto sus Revoes— gracias a las buenas relaciones políticas del pasado reciente?

Esas instituciones no les sirven para enseñar periodismo o Derecho o lo que usted quiera.

Faltaba más.

Son instituciones de lucro metidas en un saco de usura.

¿Saco de usura?

Me quedé corto.

Saco de mierda.

De mucha mierda.

De infinita mierda.

Un Ridículo de por aquí Cerquita. Hay una mujer muy enojada en Huauchinango.

Tan enojada está que fue despedida hace unos días.

Retomo lo dicho por la muy leída columna “Tiraditos”.

“La remoción de Mayra Hernández Velazco de la Dirección del DIF municipal de Huauchinango no significa desmantelamiento alguno de la dependencia ni cosa por el estilo como publicaron medios de la región. El asunto es simple, pero grave, pues la ya exdirectora cometió abusos y omisiones en su labor. Dos ejemplos de muchos: un humilde anciano lleva 10 meses esperando ser enviado a un asilo y se descubrieron varias cajas de leche echadas a perder. Esas actitudes fueron suficientes para despedir a quien no dio los resultados prometidos”.

Este lunes la señora Hernández me replicó con argumentos tan vulgares que me dio pena responderle.

Insinuó temas baratos, vulgares, prosaicos, temas que alguien que estuvo en un momento al frente de una institución tan noble como el DIF debió haber investigado.

Era su obligación.

¿O qué deben hacer las directoras del DIF ante temas escabrosos?

¿Investigar?

Es lo de menos.

Lástima que no ha leído mi novela Miedo y Asco en Casa Puebla.

Se hubiera ahorrado el ridículo.

Ahí está toda la trama.