Maldito petróleo
El poeta zacatecano, Ramón López Velarde, no se equivocó cuando en su poema más conocido "Suave patria" afirmó: "El niño Dios te escrituro un establo y los veneros de petróleo el diablo" y es que el crudo, la mezcla mexicana, más que una bendición para este país, las malas administraciones federales lo convirtieron en una maldición.
Por Ricardo Morales
Las Serpientes
El poeta zacatecano, Ramón López Velarde, no se equivocó cuando en su poema más conocido "Suave patria" afirmó: "El niño Dios te escrituro un establo y los veneros de petróleo el diablo" y es que el crudo, la mezcla mexicana, más que una bendición para este país, las malas administraciones federales lo convirtieron en una maldición.
Hoy, por si algo le pudiera faltar a nuestro país, el precio de la mezcla de hidrocarburo literalmente se derrumbó, producto de la invasión de petróleo proveniente de Arabia Saudita, la cual inundó el mercado norteamericano, desplomando al principal indicador, la mezcla texana la cual perdió el 78 por ciento de su valor y cerró en 4.04 por ciento el barril, mientras que el mexicano se cotizó en -2.37 dólares.
El precio del barril de petróleo se cotizó al momento de hacer el presupuesto para este 2020 en 47 dólares, lo cual significa que el país, perderá por esta caída, en este momento, casi 50 dólares por barril que se produzca.
Si tomamos en cuenta que para este 2020 la producción de crudo mexicano se estimó en dos millones de barriles diarios, el costo de producción de cada barril se estima en 14 dólares, es decir, seguir produciendo hidrocarburo, en este momento, es incosteable para el país y representa un grave déficit para las finanzas públicas.
Las pérdidas que arrastra la paraestatal ya eran de por si una carga para el país, pero en este caso ya resultan, otro grave problema para la administración del presidente, López Obrador, quien tiene como uno de sus principales proyectos a “Dos Bocas”, una refinería, la cual plantea construir en su estado natal, Tabasco.
El panorama económico para el país se complica aún más, porque ante la recesión mundial, México encuentra una situación desalentadora, ante el déficit presupuestal que se dará merced a la caída de los precios internacionales del petróleo.
Para terminar de agravar las cosas, para este año se estimaba que la producción petrolera del país, iba a ascender a un total de mil 911 millones de barriles, mismos que hoy no tendrían ya ningún valor y de esto también fue advertido en su momento el presidente de la República.
Las calificadoras internacionales, una y otra vez, habían puesto los “focos rojos” sobre la paraestatal, la cual murió producto de la corrupción de las administraciones priistas y panistas, quienes utilizaron a Pemex como si fuera su patrimonio personal, al igual que el sindicato petrolero, principalmente su ex líder, Carlos Romero Deschamps.
No sé de dónde va a sacar ahora recursos el presidente López Obrador para poder hacer frente el déficit presupuestal que se presentará dentro de su administración, ni de dónde van a salir los recursos para seguir financiando sus programas asistenciales y clientelares.
Palabras más, palabras menos, el país está en quiebra, ya que si bien es cierto que las divisas petroleras ya no eran la principal fuente de ingresos para el país, si eran la tercera entrada, después de lo recaudado con el turismo, el cual está paralizado por la pandemia y las remesas que envían los migrantes provenientes de los Estados Unidos, la cuales también a causa del Covid-19 disminuyeron en un 70 por ciento.
La gran pregunta es ¿Y ahora que va hacer el presidente de la República? La tormenta perfecta se formó y va a poner a prueba a la 4T las cual, se encuentra francamente acorralada por las actuales condiciones del maldito mercado neoliberal que es necio.
La petrolización de la economía fue un grave error en el que incurrieron los gobiernos priistas en los años setentas, principalmente durante las administraciones de los entonces presidentes, Luis Echeverría y José López Portillo y ya todos sabemos cómo termino la historia.
De acuerdo al analista Clemente Ruiz Durán, quien publicó en la revista Nexos una vez erigido como prioridad el desarrollo de la industria petrolera, su primer ámbito de influencia fue el presupuesto público. De partida, la puesta en marcha del proyecto petrolero incide en las asignaciones presupuestales, y queda sujeto a sus inevitables rigideces y limitaciones. El primer efecto de este condicionamiento es el que podemos llamar de sustitución: dotar de mayores recursos a un sector, obliga a quitarlos a otros sectores. En México el aumento del gasto en petróleo tuvo un efecto negativo sobre el sector de transportes y comunicaciones, cuya participación en el total pasó de 12 por ciento a 6.5 por cineto, entre 1971 y 1979.
El segundo efecto se refiere a la dinámica presupuestal; el gasto de Pemex fue ocupando una creciente proporción de los aumentos del gasto total y de ser sólo 10.7 por ciento en 1971-1973, pasó a 16.3 por ciento en 1974-1976, para colocarse en 24.3 por ciento en 1977-1979. La proporción es mucho más elevada en el caso de los gastos de capital en donde Pemex absorbió el 42.8 por ciento del incremento en el período 1977-1979. Esto por supuesto, condujo a la quiebra a la paraestatal.
Reitero, López Velarde no se equivocó en la “Sueva patria”, los veneros de petróleo para México los forjo el diablo.
