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Viacrucis y crucifixión de la economía mexicana

Viacrucis y crucifixión de la economía mexicana

Por Ricardo Morales

Las Serpientes

2019 fue un muy mal año para la economía mexicana.

Una y otra vez se le advirtió al presidente López Obrador que cancelar las obras del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en Texcoco iba a traer graves consecuencias para la economía nacional e hizo caso omiso a los diferentes llamados de alerta.

El presidente argumentó que se trataba de una obra plagada de corrupción, por lo cual se tenían que suspender los trabajos, situación que bien se pudo haber subsanado, expropiando los terrenos aledaños a la obra y obligando a las empresas participantes a ajustarse a la realidad de los precios del mercado, pero no fue así.

Consecuencia, el capital privado comenzó a ver con desconfianza al país, conforme pasaban los meses, las cifras detonaban la ausencia de una política de desarrollo económico e impulso a las empresas, de hecho es la fecha en que desconozco el nombre del titular del área.

No existe una política de desarrollo económico, el desdén del presidente por las calificadoras internacionales detonaban ya el peligro que se acercaba sobre la economía mexicana, estancada en sus principales indicadores económicos, solo el tipo de cambio, era la única buena noticia y de lo poco que aplaudir.

Al paso del tiempo, los principales sectores económicos comenzaron a resentir el efecto de las falta de inversión pública y sobre todo de políticas encaminadas a apoyar a las empresas en el país, la industria de la construcción, la automotriz, la manufacturera, la turística comenzaron a resentir los efectos y a contraerse de manera dramática, aun así, la secretaría de Hacienda, se resistía a reconocer que se trataba de una recesión, la palabra misma le daba terror.

A finales de año, al ver la caída en los principales indicadores, reportados por el INEGI, Hacienda terminó por reconocer que la economía mexicana había entrado en un proceso de “desaceleración”, les gustaba más esa palabra para disfrazar la terrible realidad que acechaba al país.

A finales del año pasado y pese a la negativa a reconocer la realidad, el presidente López Obrador terminaba el primer año de su administración con decrecimiento de 0.1 por ciento y aun así se sentía orgulloso de las cifra, cuando en campaña había prometido cifras de crecimiento de 4 y 5 por ciento y criticaba los “paupérrimos” números logrados por su antecesor Peña Nieto de 2 por ciento del PIB.

La tragedia ya se acercaba, pero el desarrollo de la pandemia coronavirus ha sido el remache, por no decir el último clavo al ataúd de la economía nacional.

Es cierto, México nuca ha estado en bonanza, desde el llamado “milagro mexicano”, el país no ha vuelto a experimentar crecimientos económicos por arriba del 5 por ciento, pero todavía durante la administración del tan criticado Díaz Ordaz, el país vivió buenos momentos en materia económica.

Pero, el punto de ruptura fue precisamente esta administración, la cual rompió los débiles hilos de los cuales estuvo sostenida, durante las gestiones panistas y priistas.

La llegada de la pandemia ha significado el “último clavo al ataúd” de lo que ciertamente ya era una muy débil economía mexicana, en un contexto internacional, el cual ya de por sí, sin coronavirus se veía adverso en todo el mundo.

El sector empresarial mexicano entró ya en una franca confrontación con el gobierno del presidente López, quien no oculta ya su política estatizadora, estilo Echeverría en los años setentas, no augura nada bueno para el país, en un momento en el que si algo debería de haber, es unidad.

La iniciativa privada se prepara para una rebelión en contra de la administración morenista, descontentos por las medidas adoptadas por el presidente López, quien a su vez, ya amagó con auditorías y persecución fiscal en contra de los empresarios por su rebelión.

Qué triste es ver a México en medio de esta situación, cuando en otros países, conscientes de la situación que se vive a nivel mundial, todos los sectores trabajan de la mano y van juntos para tratar de salir con las menores bajas posibles de esta terrible situación.

Veremos que saldos deja esta nueva división en nuestro país. En anteriores ocasiones, la lucha entre los diferentes bandos ha arrojado saldos bastante negativos para la nación, basta recordar que una pugna interna ocasionó la perdida de la mitad del territorio nacional.

Desde hace mucho tiempo advertí que las políticas interpuestas por el gobierno de López Obrador generarían diferentes problemas, mismos que como en el siglo XIX traerán funestas consecuencias para el país y al parecer no me equivoque.

A los estragos ocasionados por la pandemia, aunados a los graves problemas económicos y de desempleo que se avecina, ahora también México debe de hacer frente a la grave polarización social que ya se vive.