Los viejecitos y el calvario para recibir sus apoyos
Por Salvador Ríos
Poco a poco, las calles del Centro Histórico comienzan a reducir la presencia de paseantes. La actividad económica, turística y social se está diluyendo frente a la alerta epidemiológica por la propagación masiva del coronavirus.
Son pocos los restaurantes los que se resisten a cerrar sus puertas en el primer cuadro de la ciudad, pero es evidente que pronto cederán ante la poca afluencia de comensales. 300 negocios de este tipo ya tomaron como medida el cierre temporal.
Las empresas, museos y dependencias municipales han determinado hacer lo mismo para atender las medidas de la fase dos en la que nos encontramos por el Covid-19.
Insistentemente, los spots de radio y televisión insisten en la necesidad de lavarnos las manos, de mantenernos resguardados en casa, pero sobre todo de cuidar a las personas de la tercera edad porque son uno de los grupos poblacionales más vulnerables ante esta enfermedad.
Pero eso no parece importar en la manzana que conforman la 16 de Septiembre y la 2 sur entre la 5 y 7 Oriente.
Decenas de ancianitos se ven obligados, por la necesidad a formarse por varias horas en espera de la entrega de sus recursos como beneficiarios del Programa para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores a las afueras de Correos de México.
A pleno rayo de sol, con la incomodidad de permanecer de pie por unas tres o cuatro horas, muy seguramente trasladándose en transporte público y principalmente sin que exista alguien que los esté asesorando para mantener la sana distancia, los mayores de 68 años están expuestos a un contagio y el súper delegado del gobierno federal, Rodrigo Abdalá Dartigues, brilla por su ausencia ante esta problemática.
A poco los estudios científicos y matemáticos con los que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador toma las decisiones de pasar de una a otra etapa no pudo compartir los datos a sus delegaciones para que se organizara de mejor manera o mediante algún mecanismo electrónico temporal, la entrega de sus apoyos económicos.
Las largas filas afuera de la dependencia federal se han convertido en una escena cotidiana ahí junto a Catedral pero esta atípica circunstancia exigía una respuesta más inmediata para evitar esta saturación que se prevé se mantenga, según lo dicho por los propios trabajadores de Correos, hasta el 10 de abril, cuando incluso podamos estar ya en la fase 3.
Si de plano ya se ha vuelto impostergable la entrega del recurso no estaría de más la renta de unas sillas o la colocación de alguna estructura que les haga sombra a los viejecitos que tan presente tiene el mandatario federal en su discurso.
Mientras eso ocurre, la necesidad seguirá moviendo a un sector altamente vulnerable de la sociedad a salir de casa homologando al presidente López Obrador y encomendándose al santo de su devoción o a Dios para que los proteja de la pandemia.
Hasta la próxima
Twitter: @elsalvadorrios
