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Covid-19 frenará renovación del transporte público

Covid-19 frenará renovación del transporte público

Cuitlatlán

Por Fermín Alejandro García

Nadie lo ha avizorado, pero el aislamiento social provocado por la pandemia del Covid-19 generará un daño colateral en un asunto prioritario para el estado de Puebla que es la renovación de un tercio del parque vehicular del transporte público, que en los próximos meses tendría que cambiar entre 5 y 6 mil unidades.

El transporte urbano y suburbano de Puebla tiene, en diciembre y en semana santa, una caída de un tercio de los pasajeros por el descanso obligatorio de todos los niveles de educación. Una baja que siempre era asimilada.

Lo que nunca se había registrado, es que al mismo tiempo hubiera una inactividad de estudiantes y de trabajadores de todos los rubros, que en algunas rutas ha significado una caída de hasta el 80 por ciento de usuarios, en un periodo crítico que durará entre tres y cuatro semanas.

Si la cresta del número de enfermos de la pandemia se prolonga a mediados de abril próximo, existe mucha posibilidad de que el periodo de aislamiento social se prolongue, por lo menos, dos o tres semanas más, tal como pasó en España. De hecho, el propio gobierno federal ha estimado que la contingencia podría durar tres meses.

De darse una ampliación de periodo de aislamiento, los transportistas enfrentarán una caída drástica en sus ingresos, que servirá para resistirse al compromiso –que se dio en octubre de 2019 a cambio del alza en el pasaje– de cumplir el mandato de ley de que no pueden circular vehículos con más de 10 años de uso, en el ámbito urbano, y de 12 años, en zonas del interior del estado.

Ese compromiso obligaba a renovar, en este año, entre 5 y 6 mil vehículos, cuyos costos oscilan entre 1.7 y 3 millones de pesos. Ahora, por enésima vez los concesionarios tendrán una razón de peso para no cambiar sus unidades, en detrimento de los usuarios de dicho servicio público. Como siempre ocurre.

Rectificación sobre una denuncia contra Eduardo Ganime

En el año 2016, en esta columna, se dio a conocer información de Eduardo Ganime, que no reflejaba la fiel realidad de este empresario textil.

Tras cuatro años de un cansado litigio, Eduardo Ganime solicitó una entrevista con este columnista para exponer el desarrollo y resultado de ese juicio. En esa platica, el autor de Cuitlatlán le expuso que en este espacio se permite la réplica a cualquier información, sobre todo cuando se demuestra que en un tema de debate no se expuso la verdad de una de las partes. En ese sentido, el empresario me comunicó que haría valer ese derecho, mismo que generalmente ya no se ejerce cuando ya pasó mucho tiempo de una publicación, sin embargo, ese no fue el caso en esta ocasión.

En esa misma conversación, expuso que producto de una relación de amistad y de familia entre él y una reconocida empresaria de la Ciudad de México sostuvieron un acuerdo comercial, que como es normal en los negocios, en algunas ocasiones se gana y en otras se pierde. Cuando ocurre la segunda circunstancia, se acude a instancias mercantiles y civiles que vigilan los intereses de ciudadanos. Sin embargo, en este caso algunas molestias emocionales no hicieron reaccionar de la mejor manera a la otra parte que invirtió en ese negocio.

Hace cuatro años a las manos de este columnista llegó información inexacta que vinculaba al empresario con un juicio penal. No era así, él en realidad estaba en la antesala de un litigio, a lo que se le llama investigación para posible vinculación a proceso por la vía penal, vía que claramente no era la correcta y que se demuestra con el amparo que ganó el señor Ganime y que de manera unánime fue validado de acuerdo con la Ley Federal Penal.

Sin muchas vueltas y en un acuerdo mutuo, derivado de una plática muy sana entre este columnista y el señor Ganime, se tuvo a bien conocer al sentir humano de este empresario –así como su verdad del litigio en cuestión, sustentada con documentos en mano– y se admite que el perfil de su persona, describió hace 4 años en Cuitlatlán, no corresponde a la realidad. Como parte de esta confusión, se involucró indebidamente en esta historia a la ex suegra y ex esposa de Eduardo Ganime, así como a sus padres y un primo hermano. Ello como resultado de que la versión difundida solo estuvo fundamentada en la versión que venía de la parte acusadora. Ahora que se tiene el panorama completo, en un acto de congruencia y difusión de la información correcta, cumpliendo la palabra empeñada, se pide una disculpa pública a Eduardo Ganime y su familia, pues sin ninguna mala intención, se vieron afectados negativamente por datos que resultaron ser falsos.

Derivado de la platica en cuestión, se puede describir a Eduardo Ganime como un hombre joven que valora el cariño de su familia, el apoyo de sus amigos y el respeto de sus colaboradores. Nada que ver con “el monstruo” que se describió en la columna de hace 4 años. No es más que un ser humano normal, con altas y bajas como me parece todo hemos tenido en esta vida e inclusive con un carácter amable y agradable.