El retorno de los caciques
Las Serpientes
Ricardo Morales
La aparición del coronavirus en México ha traído consigo muchas consecuencias. Ante el vacío de poder por la falta de acciones inmediatas por parte del gobierno federal y de la administración del presidente López, los vacíos se han comenzado a llenar a través de las figuras de los gobernadores de los estados.
Si, los señores feudales, los amos y señores, los dueños de la horca y el cuchillo están de vuelta, ya que son ellos quienes precisamente han tratado de implementar acciones para tratar de paliar los efectos de la pandemia en sus diferentes demarcaciones.
Los gobernadores que habían estado sometidos al férreo control del presidente López Obrador, quien los mantenía a raya a través de las participaciones, la auditoría superior y la Unidad de Inteligencia Financiera, aprovechan la coyuntura provocada por la falta de liderazgo del mandatario y se han dado a la tarea de recuperar el terreno perdido, tal es el caso del gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, que ha comenzado a ganar espacios en todos los medios por las medidas implementadas en su entidad para combatir la pandemia.
De entrada, Alfaro cerró el aeropuerto internacional de Puerto Vallarta a todos los vuelos provenientes del extranjero y después anunció una serie de apoyos fiscales e incentivos a los empresarios que se van a ver afectados por el cierre de sus respectivos negocios.
Pero no solo eso, Alfaro ha aprovecha la coyuntura para comenzarse a posicionar rumbo al 2024, como una alternativa ante la actitud titubeante que ha mostrado la cuarta transformación, siendo el mandatario más adelantado en este tema.
El gobernador del Estado de México y primo del ex presidente Peña, Alfredo del Mazo, también ha comenzado a tratar de aparecer más en escena, también con el pretexto de dar a conocer las acciones de su administración en contra del coronavirus.
Del Mazo representa los poderosos intereses del grupo Atlacomulco, el cual tiene extendidos sus tentáculos por todo el país y los más importante, cuenta con poderosos intereses económicos detrás de este personaje, el cual se había mantenido con un perfil bajo, pero ya también aprovechó la coyuntura.
Y como estos dos personajes, el resto de los mandatarios, principalmente los de oposición, que ven en la pandemia, una debilidad del otrora gobierno federal, con un presidente de la República, rebasado por las circunstancias y un gabinete, el cual, simple y sencillamente esta de adorno.
La hecatombe total. La popularidad del presidente de la República va francamente en picada, ya son 12 semanas de manera consecutiva, en que el presidente pierde puntos, de acuerdo al seguimiento semana que realiza la empresa de Roy Campos, Consulta Mitofsky.
Reforma, el pasado martes, publicó los resultados de un estudio de opinión respecto a qué opinan los ciudadanos sobre la actuación del presidente de la República ante la contingencia y solo el 37 por ciento, aprobaba su actuar, mientras que el 44 lo reprobaba.
Pero el golpe más duro a la popularidad del presidente se lo dio ayer la empresa GEA-ISA, quien colocó la aprobación del presidente en el 47 por ciento, es decir, de diciembre a la fecha el mandatario perdió 10 puntos, ya que a inicios de año, registraba un 57 por ciento.
En comunicado, GEA destaca que entre las variables que más han incidido en la caída de la popularidad del presidente se encuentran, el deterioro del estado de ánimo de la población y de una evaluación cada vez más crítica de los resultados de la actual administración.
También señalaron como otra causa, la materia económica, pues ha crecido de manera importante el pesimismo de la gente ante la falta de resultados.
La seguridad es otro de los renglones que afectan la popularidad del mandatario, ya que existe una percepción de crisis y una demanda de cambio a la estrategia del gobierno.
El tema de salud también es importante, porque se percibe un deterioro en la calidad del servicio.
En fin, todo parece indicar que lo que inicialmente se percibió como un gran cambio para el país, ha ocasionado ya el desencanto entre la población, la cual ya dio por concluida la luna de miel.
López Obrador dilapido un bono democrático, como pocas veces se había visto. Inicio su administración con una aprobación del 90 por ciento por parte de la población y hoy el desencanto es lo que prevalece en una buena mayoría de los ciudadanos.
La cuarta transformación, y no me equivoque, ha resultado ser, una moda pasajera.
