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Entre la insensatez y la audacia enfrenta morena el Covid-19

Entre la insensatez y la audacia enfrenta morena el Covid-19

Cuitlatlán

Por Fermín Alejandro García

Faltando seis meses para que formalmente inicie el proceso electoral 2020-2021, a estas alturas es muy difícil saber si en Morena, en el movimiento lopezobradorista, hay audacia o insensatez, si hay extravío o un cálculo certero de los escenarios que se avecinan, pues las divisiones y confrontaciones que acechan a la 4T, junto con la forma que se aborda la pandemia del Covid-19, se empiezan a percibir como dos factores determinantes para que en los comicios del 3 de julio del año entrante los morenistas sufran un golpe mortal a su dominio político en Puebla y en la mayor parte del país.

De pronto se tiene la percepción de que los legisladores, activistas y gobiernos de Morena no tienen certeza de que en un año y 4 meses habrá elección y que, en estos meses de 2020, se tendría que estar viendo el mayor lucimiento de las administraciones de la 4T, algo que no ocurre, pues los ofuscan sus guerras internas y la forma en que se minimizan problemas muy sensibles para la población.

Un asunto que no se tiene claro en el conjunto de los gobiernos de Morena es lo que ayer advirtió la Organización Mundial de la Salud, de que la pandemia del coronavirus está empezando a tomar un ritmo muy acelerado. Los números son contundentes: en 67 días hubo en el mundo 100 mil contagiados de Covid–19, pero luego en 11 días se llegó a los 200 mil casos positivos de dicho virus y en 4 días las cifras rebasaron los 300 mil enfermos, de los cuales 16 mil ya fallecieron.

En ese sentido, resulta contradictorio que por un lado autoridades emanadas de todos los partidos, entre ellos muchos morenistas, junto con Hugo LópezGattel, el subsecretario de Salud, se esté impulsando una agresiva estrategia para frenar la mayor cantidad de actividades públicas –para evitar contagios masivos– y por el otro lado, el presidente Andrés Manuel López Obrador exprese que todavía se puede salir a la calle, que él avisara cuando ya no es prudente dejar el confinamiento del hogar.

También que por un lado el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, en reacción a la primera victima mortal de la pandemia en su estado, haya tomado la determinación radical de cerrar los contactos aeroportuarios de esa entidad con países que están en la crisis del Covid–19, y por el otro extremo, en el gobierno federal haya reticencia a frenar los vuelos internacionales y las entradas por mar y tierra.

Es cierto que Alfaro medra con la crisis de salud para promover su intento de ser candidato presidencial en 2024, pero al mismo tiempo se percibe que entre algunos actores del gobierno federal se cree que no va a crecer el problema de salud en el país.

No acaban de entender que México debe evitar caer en el modelo de Italia, donde se minimizo la fuerza del avance del coronavirus y ahora es la nación que tiene el crecimiento exponencial de contagios y de muertos más elevado del mundo.

Algo parecido pasó ayer en Puebla. Miles de trabajadores protestaron por las carencias que enfrentan en los hospitales de la Secretaría de Salud en el estado y los nosocomios del Instituto Mexicano del Seguro Social. Esa movilización deja un pésimo mensaje para la opinión pública, pues exhibe en general a un sector salud con muchas debilidades para enfrentar la expansión del Covid–19.

Es cierto que de manera mezquina los líderes sindicales, Patricia Parra Maldonado de la Secretaría de Salud, y Sergio Hernández Vázquez del IMSS, utilizaron la coyuntura para intentar aminorar la crisis de legitimidad que ambos enfrentan en sus gremios, en donde no gusta sus gestiones, pero también es cierto que en el gobierno estatal se podía haber evitado esta protesta.

Desde semanas antes se tenía que haber hecho una revisión de las unidades médicas para dotarlas de lo necesario y evitar que, los trabajadores del sector salud se sientan inseguros para enfrentar el coronavirus, y que este legitimo sentir de médicos y enfermeras fuera manipulado por los líderes sindicales para sacaran raja política.

Así como se ha abordado este problema de salud pública, queda claro que habrá dos escenarios: si la pandemia no se desborda en México, se va a anotar como un fuerte triunfo de la 4T; pero si el coronavirus deja una estela de miles de infectados y de muertos, entonces Andrés Manuel López Obrador podría tener una caída en sus índices de popularidad más profunda que la sufrida por sus desafortunadas posturas frente a los feminicidios, los movimientos feministas y la violencia criminal.

Por si fuera poco, la 4T en lugar de lucirse, se ha convertido en una gigantesca arena política. Hay guerras internas e intestinas en todos los sectores de Morena.

No solo es la confrontación entre  Alfonso Romo y otros miembros del gabinete lopezobradorista.

No es únicamente entre algunos gobernadores, como los de Morelos, Chiapas, Baja California y Veracruz, y la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.

Tampoco se reduce a la lucha de poder entre Yeidckol Polevnsky y Bertha Luján por el control de Morena.

O de Martí Batres y Ricardo Monreal en el Congreso de la Unión.

El de Claudia Sheinbaum y los morenistas que no quieren que sea candidata presidencial, como es el caso de Marcelo Ebrard.

Sino también es lo que está pasando en Puebla entre la edil Claudia Rivera Vivanco y el gobernador Luis Miguel Barbosa Huerta por el tema de la seguridad pública en la capital.

Al final lo morenistas están mandando el mensaje de que sus disputas de poder son más importantes que ofrecer solución a los problemas de la población.