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El Secuestrador ya Entró en Pánico, y Delira

El Secuestrador ya Entró en Pánico, y Delira

Por Mario Alberto Mejía

La Quinta Columna

Mario Monterrosas está enojado.

No duerme, delira.

No habla, vocifera.

No gesticula, manotea.

No se está quieto, hace rabietas.

Y más: llora en su oficina de la Delegación de Bienestar.

Ya se le ve poco en los pasillos.

Y cómo no, si cayó en la esquizofrenia.

Y todo por dos columnas anteriores que el quintacolumnista tuvo a bien escribir sobre la forma en que convirtió en su rehén a Rodrigo Abdala de Bartlett, sedicente Súper Delegado que no maneja ni su auto.

Monterrosas, pues, pide justicia y exhorta a su secuestrado para que castigue a los culpables de la divulgación.

Grita, ay, que son infiltrados, traidores, soplones.

Y señala a quienes hasta hace poco fueron los más leales a Abdala.

Los mismos que cargaron la propaganda electoral en los comicios de 2018.

Ésos que caminaron calle tras calle promocionando al hoy presidente de la República y al proyecto de la 4T.

Para no dejarlo solo, el rehén le jura que habrá justicia, que todos serán castigados, que nada ni nadie quedará impune.

—¿Quiénes crees que sean los soplones que le cuentan todo a la Quinta Columna? —pregunta Abdala, miedoso ya del coronavirus.

Monterrosas grita: ¡todooos!

Con excepción, claro, de su súper equipo.

(El suyo, no el de Abdala).

Y argumenta que todos conspiran contra él, que le tienen envidia por “su gran capacidad”.

Una y otra vez, desde hace tiempo, Monterrosas le asegura a Rodrigo que no necesita de nadie más que de él y su gentil equipo, que ellos lo salvarán y lo llevarán a la gloria, que todos los demás sólo quieren dividirlos y confrontarlos.

Le jura lealtad eterna, faltaba más.

Le pide que no desconfíe.

Le asegura que la nave va viento en popa, que son reacciones normales porque van avanzando, que esas malditas filtraciones son por los ajustes “necesarios” que se deben hacer.

Lo que Monterrosas no sabe es que todos, absolutamente todos (con excepción del “súper equipo”), han decidido denunciar todas y cada una de sus patanerías, de sus prepotencias, de sus abusos, de su machismo y de su misoginia.

Cada vez que puede, y puede mucho, humilla a sus empleadas.

Les grita.

Las exhibe.

(Todos dicen que su arrogancia es producto de un espíritu panista).

Todos, también, entienden que la prepotencia de Monterrosas y su equipo nace de la necesidad de encubrir el desconocimiento y la ignorancia.

Ya a nadie sorprenden, excepto a Abdala.

Eso sí: busca culpables de lo que aquí se cuenta, exige justicia, jura que nada lo detendrá hasta conseguirla.

Mientras tanto, sigue metido en su caza mayor: lograr que la súper delegación sea sólo para él.

Faltaba menos: sus disposiciones siguen intactas.

(Cuando menos antes del azote del coronavirus).

Es decir: los visitantes seguirán entrando por el traspatio y las cañerías.

Y si sobreviene un sismo o una emergencia, pues ni modo.

Nota Bene: Monterrosas es dueño de una seguridad inaudita.

Y está basada en que a su paso por la Secretaría de Bienestar estatal compartió el botín con sus cómplices: el propio Abdala y un hermano de éste llamado Jorge.

En efecto: gastó y ejerció muy bien el presupuesto.

Ahí radica su grandeza y su sapiencia.

¡Vivan los héroes que nos dieron Patria!

¡Viva Abdala!

¡Viva Monterrosas!

¡Viva el presidente López Obrador!

¡Viva la 4T!