Gobiernos de la 4T, con alto riesgo de enfermar con el Covid-19
Cuitlatlán
Por Fermín Alejandro García
El coronavirus llegó a México en un momento de alta vulnerabilidad para los gobiernos de Morena, pues en este año la popularidad del presidente Andrés Manuel López Obrador, aunque sigue siendo alta, registra una fuerte caída que va de los 12 a los 19 puntos. Por tanto, las administraciones morenistas de la 4T-de los tres niveles- corren el riesgo de infectarse políticamente del Covid-19 si es que los sistemas de salud no logran estar a la altura de la pandemia, que apenas inicia, y frenar el pánico que empieza a inundar las redes sociales y se ha vuelto un tema de manipulación de los antilopezobradoristas.
La propagación del coronavirus llega en un momento crítico en que, por un lado el gobierno federal canceló el Seguro Popular por la enorme corrupción y deficiencias que caracterizaban a dicho sistema, y por otro lado, no acaba de arrancar el Instituto Nacional de Salud para el Bienestar (Insabi), que es la estrategia para atender a la población sin seguridad social.
Puebla se encuentra entre los estados en que el Insabi ha tenido un lento y complicado arranque, de tal manera que en muchos de los nosocomios y clínicas en que opera dicho sistema existe una fuerte carencia de médicos especialistas y de fármacos. Por ejemplo, el Hospital General Norte ha carecido de un galeno internista por varios meses y su número de cirujanos se ha reducido drásticamente. Sin contar que se ha agudizado la falta de medicinas.
Una situación preocupante si se parte que Puebla es uno de los estados –con 6 diagnósticos positivos– con más casos de contagios de Covid–19 en el país.
México se encuentra en la fase 1 de la pandemia, que es la presencia de muy pocos enfermos y todos por importación, es decir son personas que en el extranjero se volvieron portadores del virus. Sin embargo, se estima que en unos 15 o 20 días se podría llegar a la fase de contagios comunitarios, y luego al nivel tres en que habría un fuerte repunte –que podría ser de miles– de enfermos con este problema que de China se propagó al mundo.
Queda claro que es una crisis de salud que ha llegado a 144 países del mundo y que poco se puede hacer para frenarlo. Ni en los países con los mejores servicios sanitarios se pudo contener la pandemia. Es decir, los gobiernos de la 4T no podían esquivar la propagación.
El problema que podría haber es cuando se llegue a la fase 3, estallen los escándalos de falta de medicamentos, de galenos, de insumos en los hospitales y de cobertura de los servicios sanitarios. Una situación que ya se observó con enfermos de cáncer, portadores de VIH y pacientes que necesiten de hemodiálisis.
Es verdad que se han manipulado y magnificado muchos de esos asuntos, por grupos políticos contrarios a la 4T, pero también es cierto que México es un país donde la corrupción ha carcomido el sistema de salud.
El estado de Puebla no es la excepción. Desde que arrancó la actual administración estatal se encuentran trabajando las secretarías de Salud, de Administración, de la Función Púbica y de Finanzas, en un extenso diagnóstico del sistema público de salud, para de esa manera presentar sendas denuncias penales por actos de corrupción, por lo menos, contra cuatro funcionarios que fueron cabeza de ese sector en los últimos 9 años.
Es el sector salud poblano es donde la corrupción del morenovallismo caló en los más alto. En la última década de este ámbito es donde más desvíos de fondos hubo para financiar campañas electorales, para el enriquecimiento de funcionarios y proveedores, además de que se fue debilitando la estructura de médicos y enfermeras.
Un ejemplo es el siguiente: una de las obras estrella del morenovallismo fue el Hospital General Rafael Moreno Valle Rosas, ubicado a un costado de la autopista México–Puebla, y que es un nosocomio con especialidad en ortopedia y traumatología. El problema fue el siguiente:
Siendo Salvador Escobedo secretario de Salud mandó a llamar a los directores de los hospitales públicos de la zona metropolitana de Puebla y les dio la orden, que cada uno, debía entregar una lista de 10 médico y una veintena de enfermeras para poblar el nosocomio que lleva el nombre del abuelo del extinto mandatario Rafael Moreno Valle Rosas, ya que aunque era una de las obras estelares de esa gestión, se había acabado el presupuesto para contratar personal nuevo.
Los directores de los hospitales convocados tuvieron que ceder sus médicos y enfermeras, mismos que a la fecha no han sido repuestos en esos centros de salud.
El actual titular de la Secretaría de Salud de Puebla, Humberto Uribe Téllez, ha dado muestras de ser un hombre conocedor de los sistemas públicos de salud. Se estrenó conteniendo la propagación del dengue. Se le ha visto muy activo dando información sobre el Covid–19 y se sabe, que en cuanto llegó el primer caso a México, se movilizó para estar atento al tema.
El problema es que le está tocando lidiar con un sistema de salud incompleto, saqueado, deficiente y lastimado.
La vulnerabilidad de las administraciones de la 4T frente al coronavirus no se reduce a la respuesta de los servicios médicos, sino a que sus gobernantes en lugar de mantener la estabilidad se aceleren y contribuyan al pánico. Como fue el caso de edil de Puebla, Claudia Rivera Vivanco, que se precipitó en cancelar actos públicos, una medida extrema a la que no recurrió el mismísimo presidente López Orador.
Otro riesgo, es que el presidente de la República entre en confrontaciones estériles con grupos antilopezobradorista por la pandemia del coronavirus y de nueva cuenta, se procese su postura como muestras de insensibilidad a ciertos temas, tal como le pasó con la violencia en el país, los feminicidios y los movimientos feministas. Aunque nunca fue contrario a las causas de justicia, algunas de sus expresiones se usaron para distorsionar las acciones de su gobierno y ello, en mucho, contribuyó a la caída de popularidad que registra en 2020.
