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El Poderoso Morenovallista de la Cuarta Transformación

El Poderoso Morenovallista de la Cuarta Transformación

Por Mario Alberto Mejía

La Quinta Columna

Cuando Mario Monterrosas Alonso apareció -por influencia de Rodrigo Abdala de Bartlett- como secretario de Desarrollo Social del gobierno interino, quien esto escribe lo ubicó en el pasado reciente.

Por ejemplo: como asesor de la Contraloría del municipio de Puebla en los tiempos del alcalde Luis Banck Serrato.

Y más aún: como director del área de Supervisión y Seguimiento de la misma Contraloría (2014-2017), y como responsable de Recursos Materiales y asesor de la dirección del Hospital del Niño Poblano (2011-2013).

En otras palabras: no era parte ni por asomo de la 4T.

¿En qué momento Monterrosas se metió en la cabeza del Súper Delegado en desgracia y terminó por abducirlo y, en consecuencia, seducirlo?

Esto viene a cuento porque, hoy por hoy, cuando Abdala se vaya como candidato a diputado federal —está convencido de eso—, Monterrosas se quedará con la Súper Delegación que ya maneja en la práctica.

Acompáñeme el hipócrita lector a ver esta triste historia:

Aprovechando la inexperiencia, las dudas, las pifias y los miedos de Abdala, Monterrosas es el que realmente manda al interior de la delegación de la Secretaría del Bienestar.

Él es quien intriga, grita, ordena, amenaza y dice lo que se debe hacer y lo que no, lo que está bien y lo que está mal.

Todo el que está en su contra es blanco de intrigas en aras de que caiga del ánimo de su protector.

Abdala está reducido a nada: a una marioneta al servicio de las ambiciones y los intereses económicos de Monterrosas, quien cuenta con 10 empleados a los que presenta como expertos en todos los temas.

Todos, faltaba más, igual de prepotentes que él.

Nuestro héroe a la altura de la chicana se hace llamar asesor del Súper Delegado, cargo que no existe por cierto en la Delegación de Bienestar.

Desde esa posición ha logrado desplazar a todo el equipo que llegó con Abdala.

Gente, por cierto, que luchó con éste desde el proyecto de la 4T. Hoy, todos están decepcionados de su jefe.

Y él de ellos.

Y es que ya no le sirven.

Más bien le estorban.

No son expertos como Monterrosas y su súper equipo.

Abdala se está quedando solo, cumpliendo los caprichos y los intereses del panista-morenovallista, quien, hasta antes de ese sexenio, vivía de la base que actualmente ostenta (y que también cobra) de la Secretaría de Salud del Gobierno del Estado.

Pero Monterrosas no sólo manda, grita y ordena.

También recomienda proveedores, dosifica la gasolina y cobra como Promotor UBA (Unidad Básica de Atención para la Operación y Atención del Programa en Campo), al igual que todo su equipo.

Equipo que sólo se dedica a espiar a todo el que le estorba, para, después, avisarle a su jefe y que éste entre a intrigar con Abdala.

El sueldo de Promotor UBA es de poco más de 7 mil pesos.

Sin embargo, se sabe que a Monterrosas y a su equipo se les igualan sueldos muy superiores.

El dueño de Abdala no tiene límites.

Quiere todo: coordinaciones administrativas, de programas, coordinaciones regionales y venta de sistemas.

(implementó en la Delegación del Bienestar el “Sistema de Control de Correspondencia”, que diseñó y pagó el ayuntamiento panista, Sistema que contiene ¡toda la información del Municipio!).

Pero, sobre todo, Monterrosas sueña con ser el sustituto de Abdala una vez que éste se vaya a su aventura guajira de ser candidato a una diputación federal.

En realidad, Monterrosas también intriga a su jefe, pues jura que está en la tablita por las denuncias ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y las auditorías de la Secretaría de la Función Pública.

¡Qué personajazo!

En el restaurante El Cárdenal fue visto el jueves 27 de febrero —muy hacendoso, a la hora de la cena— el diputado local priista Javier Casique.

Y es que anda amarrando todo para que el doctor Enrique Doger sea el candidato a la Presidencia Municipal de Puebla.

En esa tarea, cabildea, opera, come, cena, desayuna.

Y siempre con la camiseta puesta de su querido compadre.

Ya se ve por qué no va a las sesiones del Congreso.

En lo que va de la legislatura lleva, nada más, 47 faltas el muchacho.