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Favorito a ganar la dirigencia del PRI carga con un pasado ominoso

Favorito a ganar la dirigencia del PRI carga con un pasado ominoso

Cuitlatlán

Por Fermín Alejandro García

En el PRI poblano prácticamente ha arrancado el proceso para renovar a su Consejo Político y la dirigencia estatal. Quien parece ir a la cabeza de las posibilidades de llegar a la presidencia del partido es Néstor Camarillo Medina, quien a su vez es la figura más débil para sacar al tricolor de la severa crisis en que se encuentra -la más aguda de toda su historia-, pues es un personaje que confronta, divide y desprestigia a esta agrupación. Prueba de ello es que ayer se reunió con 100 líderes priistas, muchos de ellos son "cartuchos quemados", por ser exalcaldes y excandidatos a puestos de elección popular con descrédito y en algunos casos, con un fuerte olor a "huachicol", la actividad criminal de moda en el estado.

Los tres principales aspirantes a dirigir el PRI cargan en sus hombros muy malos antecedentes: Lorenzo Rivera Sosa, quien fue presidente interino, tiene el desmerito de haber conducido al tricolor a su peor derrota electoral, la de 2019, en la que perdió dos terceras partes de su base de votantes.

El segundo de ellos es Juan Manuel Vega Rayet, un hombre cercano a Juan Carlos Lastiri Quirós, quien está cubierto por la huella de la corrupción que significó la Estafa Maestra y que tiene a Rosario Robles Berlanga, la exsecretaria de Desarrollo Social federal, tras las rejas.

Y el tercero es Néstor Camarillo, de quien se dice que es el consentido de Alejandro Moreno Cárdenas, el presidente nacional del PRI. Sin embargo, arrastra graves escándalos de malos manejos de fondos públicos y de asuntos relacionados con el huachicol en su paso por la presidencia municipal de Quecholac, además de que no cohesiona y confronta mucho hacia el interior del PRI.

Una prueba de lo anterior es que cuando Néstor Camarillo fue incorporado a la dirigencia estatal del PRI entró en colisión con Xitlalic Ceja, quien al sentirse desplazada por el primero optó por renunciar a la secretaría general del partido en el estado y ahora, se dice que está colaborando con el diputado morenovallista Marcelo García Almaguer, quien busca ser candidato a diputado federal por algún distrito de la capital.

Al PRI poblano le urge una profunda reforma interna que le permita acercarse y ganarse la confianza de núcleos de electores que no comulgan con Morena o con el PAN, pero que a su vez ven al tricolor como el partido de la corrupción y el autoritarismo. Por tanto, a esta agrupación le urge plantear un proyecto que lo aleje de su ominoso pasado.

En ese sentido Néstor Camarillo es lo más negativo que le puede pasar al PRI poblano, ya que su fuerza radica en los sectores más repudiados del tricolor.

Ayer presumió que se reunió con 100 líderes del partido, pero la mayoría son personajes que han restado miles de votos al PRI por su enorme desprestigio.

Por ejemplo entre esos líderes estaba Mely Macoto, quien acabó su gestión como presidente municipal de Coronango en medio del repudio ciudadano; Luis Cobo de Tehuacán, quien fue parte del grupo de Mario Marín Torres, el exgobernador prófugo de la justicia por el delito de tortura; y Juan Navarro, quien fue edil de Ciudad Serdán y en 2018 perdió los comicios de su demarcación en respuesta a su mal desempeño como presidente municipal.

Lo peor para el PRI, más allá de la posibilidad de que su próximo dirigente sea Néstor Camarillo, es que el nuevo presidente será designado por “candidatura de unidad”, es decir por “dedazo” o imposición del Comité Ejecutivo Nacional. Situación que abonará al descontento de la base priista, que siempre se siente ninguneada.

Parece que al PRI poblano en este proceso electoral le va a llover sobre mojado.