Arranca el año en el PAN con una auditoría contra Jesús Giles
Cuitlatlán
Por Fermín Alejandro García
Se dice que en el PAN poblano se ha iniciado el año con una auditoría externa contra la anterior dirigencia estatal del partido, la que estuvo encabezada por el morenovallista Jesús Giles Carmona, porque se dice que habría graves anomalías que podrían acabar siendo objeto de investigaciones de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público o del área de fiscalización del Instituto Nacional Electoral.
Algo que se estaría investigando –según dichos extraoficiales– es si es verdad la versión de que con las prerrogativas del PAN se pagaron gastos de servicios que nada tienen que ver con la vida interna no solo del albiazul, sino de cualquier fuerza política.
En ese sentido, existiría la sospecha de que se habrían pagado cirugías estéticas –solo por mencionar un rubro de tales anomalías– a mujeres que buscaron mejorar se apariencia facial.
El interés central –dicen los enterados– sería detectar si esos pagos se habrían hecho a favor de algún pariente o un personaje cercano a Jesús Giles Carmona, quien dirigió el PAN durante el caótico proceso electoral de 2018, de la mano de Martha Erika Alonso, quien era quien tomaba las decisiones políticas en el parido como la segunda al mando del grupo morenovallista.
Muchas de esos abusos cometidos con el presupuesto del PAN se hicieron bajo la idea de que nunca habría una revisión exhaustiva del manejo financiero del albiazul.
Se creía que el morenovallismo seguiría siendo la fuerza política dominante en Puebla y que continuaría el control que, el exgobernador Rafael Moreno Valle Rosas, tenía de los órganos electorales, que impedía una revisión profunda del manejo del dinero en el Comité Ejecutivo Estatal panista.
La necesidad que ahora habría de saber cómo se gastó el dinero del PAN –en el último periodo de dominio morenovallista– y la legalidad de las operaciones obedece a tres factores:
Primero: en la actual dirigencia del PAN, encabezada por Genoveva Huerta Villegas, se ha medido que acabó la rentabilidad electoral del morenovallismo.
Ahora identificarse con la corriente de los exmandatarios Rafael Moreno Valle Rosas y Martha Erika Alonso Hidalgo es algo visto como negativo por los ciudadanos ajenos a la vida interna del Partido Acción Nacional.
En ese sentido, se ha considerado pertinente hacer “un barrido” en el PAN de los morenovallistas, iniciando por Jesús Giles Carmona, un personaje estrechamente vinculado a Martha Erika Alonso.
Segundo: Jesús Giles jugó un papel central en el episodio del MM Grand Hotel, donde un par de días después de los comicios de 2018 se encontró una “mapachera electoral” del PAN. En ese sitio se estaban ajustando los resultados de casillas al que reflejaba el programa de resultados preliminares de los comicios, en donde se habían rasurado miles de votos a favor del entonces candidato de Morena a la gubernatura Luis Miguel Barbosa Huerta.
El encargado del entonces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador de litigar contra el fraude electoral de 2018 fue Santiago Nieto, quien desde entonces tuvo claro quienes controlaban la “mapachera” del MM Grand Hotel, entre los que Jesús Giles era uno de los principales operadores.
Y ahora, Santiago Nieto como titular de la UIF de la Secretaría de Hacienda, estaría enfocando si ojo revisor contra los responsables del conflicto poselectoral más agudo que le tocó enfrentar a Morena en 2018.
Tercero: para nadie es desconocido, dentro del PAN, que no hay una buena relación entre el ex dirigente del partido y la actual presidente del mismo. Es decir, entre Jesús Giles Carmona y Genoveva Huerta.
Cuando Huerta Villegas fue diputada federal del PAN, siempre recibió poco apoyo de la dirigencia panista encabezada por Giles Carona.
Y cuando Huerta le tocó recibir el PAN estatal, tuvo nulo apoyo de Giles en el proceso de entrega–recepción del partido.
La verdadera muerte del morenovallismo
El primer aniversario de la trágica muerte de Rafael Moreno Valle y Martha Erika Alonso, el pasado 24 de diciembre, se convirtió en la fecha emblemática de la muerte definitiva del morenovallismo.
El acto religioso organizado por la dirigencia nacional del Partido Acción Nacional, al que no acudieron más de cinco figuras importantes del partido, mandó un solo mensaje:
Hoy nadie quiere asumirse como morenovallista. Ni acudir a un evento público donde se les recuerde a los exgobernadores panistas. Se convirtió en un factor de desprestigio.
