Facundo Rosas dividía al gabinete de RMV: unos le tenían miedo y otros admiración
Cuitlatlán
Por Fermín Alejandro García
La presencia de Facundo Rosas Rosas en el gabinete del extinto exgobernador Rafael Moreno Valle Rosas siempre fue enigmática, pues era un personaje que gozaba de mucho poder y autonomía, pero al mismo tiempo dividía y causaba emociones encontradas entre quienes eran parte del equipo morenovallista. En unos generaba animadversión y miedo, y en otros, había una suerte de admiración y respeto.
Para todos, incluido el propio Rafael Moreno Valle Rosas, era claro que Facundo Rosas no era un político morenovallista, sino era una posición de Genaro García Luna –ahora el preso mexicano más famoso en Estados Unidos, junto con Joaquín “el Chapo” Guzmán– en el gobierno de Puebla, para proteger intereses del grupo que controló la guerra contra el crimen organizado durante los 12 años de las administraciones de los panistas Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa.
Como parte de esas expresiones polarizadas –narra una fuente altamente confiable– que causaba Facundo Rosas, en su calidad de secretario de Seguridad Pública, es el ejemplo siguiente:
Quien siempre mostró lealtad, admiración y cercanía hacia Facundo Rosas fue Víctor Carrancá, en su calidad de titular de la Procuraduría General de Justicia.
Entre ambos funcionarios siempre hubo entendimiento, colaboración, empatía y una constante comunicación.
Tan es así que ambos nunca se dieron cuenta o fingieron no darse cuenta del desbordamiento del robo de combustible en el estado, de los asaltos carreteros y las ejecuciones, así como de las extorsiones que huachicoleros y bandas ligadas al Cártel de los Zetas realizaban contra alcaldes, ganaderos y empresarios.
En contraste, el entonces titular de la Secretaría General de Gobierno, Luis Maldonado Venegas, mostraba muchas diferencias con Facundo Rosas y se daba licencias para hablarle con sorna.
Frente a todos, en ocasiones, Maldonado le decía a Facundo Rosas, palabras más, palabras menos: “No se olvidó de su libretita para apuntar, para que no se le olvide lo que tiene que hacer”.
Y es que algo característico de Facundo Rosas es que siempre cargaba una libreta sencilla, como las que utilizan los estudiantes de primaria, en la que anotaba todo lo que se discutía, se informaba, en las reuniones de gabinete.
Era un hombre que hablaba poco, que no participaba. Prefería observar y escribir con pulcra letra en las hojas de renglón ancho.
Aunque la mayoría de los integrantes del gabinete en el fondo le tenían miedo: la sombra autoritaria y sangrienta de Genaro García Luna –que en ese entonces ya era señalado por muchas investigaciones periodísticas de su presunta protección al Cártel de Sinaloa– siempre estaba presente en la personalidad de Facundo Rosas, de quien nunca se sabía si estaba contento o alegre.
El secretario de Seguridad Pública es un hombre frío que poco o nada muestra sus emociones. Al mismo tiempo, cuando estuvo en Puebla se dejaba ver como un lector ávido, que recomendaba libros a quien se dejaba.
En medio de todas estas expresiones, se ubicaba Rafael Moreno Valle Rosas, quien dio absoluta libertad a Facundo Rosas para armar un obeso equipo de exagentes de la Policía Federal que inundaron el estado para ocupar cargos en las áreas de seguridad púbica y tomar el control de los penales.
