Un Pequeño, Ridículo y Absurdo Boicot (Historias de la Mezquindad)
La Quinta Columna
Por: Mario Alberto Mejía
Ahora se sabe que después de que el INAH clausurara los trabajos de instalación de la réplica de la Capilla Sixtina en el atrio de la Catedral de Puebla, el ayuntamiento de Claudia Rivera Vivanco impidió por unas horas el desarrollo normal de los trabajos.
Eso generó que la presidenta municipal quedara fuera del equipo organizador.
Sí.
Su pequeño y ridículo boicot provocó que la echaran.
Y así como no estuvo en la inauguración, tampoco estuvo en el ritual de los agradecimientos, aunque el arzobispo Víctor Sánchez la mencionó de paso.
Quienes lo conocen dicen que lo hizo con una elegante ironía no exenta de mordacidad.
Los Migueles. Ya se iba el gobernador Miguel Barbosa de la maravillosa réplica de la Capilla Sixtina, cuando Camila, una niña de cuatro años de la Casa Hogar del DIF, le preguntó a bocajarro:
—¿Tú pintaste todo esto?
—¿Yo? No. ¿Por qué lo dices? —acotó el gobernador.
—Porque te llamas igual que el pintor —cerró Camila.
Las risas no se hicieron esperar.
La niña se refería a Miguel Ángel Buonarroti, escultor metido a pintor que estuvo a cargo de darle magia y color a la Capilla Sixtina durante el renacimiento italiano.
La inauguración de la réplica fue todo un acontecimiento que reunió —la mañana del sábado— a las clases política y empresarial de Puebla.
Muy platicadores, el gobernador y el arzobispo fueron el centro de atención.
Cuando le tocó el turno al micrófono, el gobernador le dijo a don Víctor: “¡Duro, duro!”.
Y cuando le tocó hablar, el inquilino de Casa Aguayo habló sobre cómo la Capilla Sixtina quiso recrear el gran templo de Salomón en Jerusalén, destruido por los romanos en el año 70 después de Cristo.
Estaba de excelente humor el gobernador cuando recreó la historia de la Capella Magna, y cuando habló de Boticelli y Perugino, artistas que antecedieron a Miguel Ángel en la tarea de pintar los muros de la Capilla Sixtina.
Incluso hubo un momento en que pareció olvidar el nombre del segundo y recurrió a su mujer.
—¿Cómo se llamaba ese otro pintor, Charito?
Y antes de que ella se lo recordara, le vino a la mente como un relámpago:
—¡Perugino! ¡Perugino! ¡Así se llamaba!
Desmañanados, los poblanos que acudieron al atrio de la Catedral también lo escucharon hablar sobre su mamá, quien ha estado delicada de salud, a quien prometió llevar ahora que se mejore.
Al final, el gobernador se trasladó a la terraza del hotel Royalty para conversar con un personaje casi desaparecido en Puebla: el senador Alejandro Armenta.
En su reaparición, el senador se tomó fotos con los diputados locales y se mantuvo muy mesurado desde su lugar en la primera fila.
