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Morenovallistas acusan a Diódoro Carrasco de la pérdida de Notarías

Morenovallistas acusan a Diódoro Carrasco de la pérdida de Notarías

Cuitlatlán

Por Fermín Alejandro García

A principios del mes pasado ya se sabía entre los miembros del menguado grupo morenovallista de que había muchas posibilidades de que se revocaran más de una veintena de patentes notariales otorgadas a figuras de este grupo político. También, desde ese entonces, voltearon a ver al exmandatario oaxaqueño Diódoro Carrasco Altamirano como el autor de esta debacle.

Cuando se acercaba el fin del sexenio de Rafael Moreno Valle Rosas –cuentan los enterados– se hizo una selección exhaustiva de un grupo de 22 personajes cuya lealtad al morenovallismo estaba probada y entonces, se les eligió para ser notarios públicos, como parte de una de tantas facciones que se dejaron activas para proteger los intereses del exgobernador cuando este ya no estuviera al frente del Poder Ejecutivo.

A quien se le encargó le encomienda de garantizar el proceso de unción de los nuevos fedatarios fue a Diódoro Carraco Altamirano, entonces titular de la Secretaría General de Gobierno.

Entre los morenovallistas se reconoce que la decisión del gobierno de Luis Miguel Barbosa Huerta de retirar las patentes notariales, más allá de ser un asunto con un alto sentido político, responde a que efectivamente se encontraron múltiples anomalías legales en la integración de los expedientes de los nuevos notarios públicos, que van desde la falta de comprobación de la experiencia profesional hasta faltante de documentos exigidos en la Ley del Notariado.

A quien le correspondía, por órdenes directas de Rafael Moreno Valle Rosas, de cuidar que los expedientes estuvieran acordes a la ley en la materia –que se reformó en el sexenio morenovallista y fue reconocida como de avanzada en el país– era a Diódoro Carrasco, quien se supone integró un equipo especial para que la designación de los notarios en cuestión fuera un proceso lo más correcto posible.

Tal parece que el exceso de confianza de que el morenovallismo se extendería al siguiente sexenio, de la mano de Martha Erika Alonso Hidalgo, ofuscó la labor del equipo de Carrasco Altamirano y no se cuidó la debida integración de los expedientes de los candidatos a fedatarios, que tenían que haber sido elaborados como “si fueran a ser revisados por la oposición”, lo que al final sucedió.

Diódoro Carrasco tuvo el acierto de haber descubierto y sancionado a Mauricio García de León, quien siendo director del Archivo de Notarías, habría falsificado la firma del entonces gobernador José Antonio Gali Fayad para otorgar una falsa notaría pública en Ciudad Serdán. Sin embargo, ahora pesa en su contra la posible pérdida de todos los fedatarios que emergieron del morenovallismo.

A veces uno no sabe para quién trabaja, es lo que ha de pasar por la cabeza de Diódoro Carrasco, que le acabó haciendo el caldo gordo al gobierno de Morena.