Aréchiga debe estar a la altura de su responsabilidad
En Punto
Una nueva cualidad deberá de desarrollar el licenciado en Educación Media en el Área de Secundaria y Maestro en Educación, Guillermo Aréchiga Santamaría, para estar a la altura de su nueva responsabilidad como titular de la Secretaría del Transporte.
A partir del 1 de agosto el ex líder magisterial, cercano a Elba Esther Gordillo, estará al frente de una dependencia que requiere talento para empujar la modernización del transporte público, la capacitación adecuada de los choferes, erradicar los servicios de transporte piratas que lo mismo operan en centrales de taxis que de manera independiente.
El problema es que Aréchiga Santamaría ya tuvo antecedentes como funcionario público poco alentadores en su paso como titular de la Secretaría de Gobernación municipal en tiempos de José Antonio Gali Fayad, con magros resultados, por ejemplo, en materia de ordenamiento del comercio ambulante.
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Donde sí parece que hay una buena señal es en la designación del futuro titular de la Secretaría de Seguridad Pública, el almirante Marco Antonio Ortega Siu quien cuenta con un historial laboral en la Marina que empata con un perfil que pueda diseñar una estrategia en contra de la delincuencia organizada, que tanto daño ha causado a Puebla en los últimos años.
Por el bien de Puebla, que esa experiencia se traduzca en acciones para garantizar la seguridad, coordinación con la federación y resultados concretos e inmediatos.
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Deseable sería que la próxima administración estatal ponga atención en las cooperativas escolares que siguen vendiendo alimentos chatarra a pesar de que desde el año 2014 existe una ley, la General de Educación, que restringe la venta de comida chatarra pero que por lo visto no se pone en práctica.
Ejemplo de ello está contenido en las quejas de padres de familia de los centros escolares Niños Héroes de Chapultepec, Gustavo Díaz Ordaz o la Secundaria 5 de Mayo de 1862 que aseguran que la venta de refrescos, bebidas azucaradas, dulces, postres, galletas y etcétera se venden con total normalidad.
Si bien las cooperativas surgieron como un modelo para que las escuelas públicas lograran financiar sus necesidades internas, no dude que de fondo existan intereses de los directivos para que predomine la venta de comida chatarra como una suerte de caja chica.
Lo peor es que tampoco hay autoridad que regule la venta informal a las afueras de las instituciones educativas donde también se encuentran los productos que a la larga dañan la salud de los niños.
