El primer encuentro de los 3
Contracara
Por Enrique Núñez/@contracara68
Ayer por fin, los tres candidatos a la gubernatura de Puebla se vieron las caras. No se trató de ningún debate pero sí de un ejercicio universitario de enorme valor, organizado en la UPAEP.
Aplaudible que de última hora el candidato de Morena accediera a presentarse en un escenario que no era el más cómodo para él. También que Enrique Cárdenas y Alberto Jiménez repitieran el ejercicio que realizaron en la Universidad Iberoamericana, donde Barbosa Huerta se ausentó.
Los tres candidatos, cada uno con su estilo y con su sello hablaron ante sus interlocutores y firmaron un pacto “Ético Electoral”, con el cual lo mismo se comprometen a transparentar sus recursos que ha reconocer los resultados electorales del próximo 2 de junio.
Cómo se podía esperar —en una universidad identificada con la derecha extrema, el PAN y el Yunque—, el más cuestionado por los alumnos fue el representante de Morena; sin embargo, Luis Miguel Barbosa tomó las cosas con calma y a diferencia de otras ocasiones, no se enganchó con las discusiones, ni siquiera cuando los jóvenes le adelantaron que su voto no sería para él.
El candidato del PRI, Alberto Jiménez Merino, habló con dominio del campo, también fijó su postura respecto al aborto y adelantó que de ser gobernador, enviará una iniciativa para que el Servicio Social que se realiza obligatoriamente en las universidades, sea remunerado.
En tanto, Enrique Cárdenas mostró apertura ante los alumnos y dominio del escenario; sin embargo, la cerrazón se impuso cuando la prensa lanzó cuestionamientos por sus cobros como investigador, también lanzó la bolita a los partidos que lo postulan cuando se le preguntó sobre los gastos de campaña.
El candidato común del PAN-PRD y MC también desaprovechó la oportunidad de arrebatarle algunos votos a Miguel Barbosa ya que aunque tuvo enfrente a su adversario no retomó los cuestionamientos de la fortuna del exsenador ni siquiera se atrevió a soltar la frase que los panistas pretenden usar como estandarte de guerra: “¿De dónde chingados salió el dinero?”
El exrector de la Udlap aún no entiende que le guste o no es parte de esa “clase política”, que hoy pertenece a los partidos y que sin ellos, su anhelada candidatura jamás se hubiera concretado. Hace menos de una semana escribí, precisamente del riesgo que corre Cárdenas mientras no haga suyas las estructuras de las siglas que lo arropan.
Cacho, Wallace y las malditas coincidencias
Después de casi 15 años, tras recibir reconocimientos, fondos federales y forjar relaciones político-económicas, Isabel Miranda de Wallace, vive uno de los momentos de menor credibilidad en su carrera. Esta semana, la Revista Proceso publicó un reportaje sobre las inconsistencias, mentiras y enredos del Caso Wallace.
Si bien hay que reconocer que Alto al Secuestro ha permitido tener un parámetro sobre el incremento de este delito en el país, también es necesario escuchar la otra parte de la historia, conocer los argumentos del “abogado del diablo”.
Desde hace algunos años, cuatro personas purgan una sentencia por secuestro y homicidio aunque se denunciaron severas irregularidades en el proceso judicial, como la fabricación de pruebas, confesiones arrancadas mediante torturas y la ausencia de un cuerpo que pruebe la comisión del posible delito.
Sin negar ni escatimar el dolor de una madre por el secuestro de un hijo, es claro que el caso de Hugo Alberto le dio los reflectores necesarios a Isabel Miranda para hacerse de relaciones políticas que se reflejaron en excelentes contratos con su empresa Showcase Publicidad.
Guardando las debidas proporciones, el tema que fue tendencia durante todo este lunes, me recordó el modus operandi de Lydia Cacho.
Sobre la escritora, también pesan señalamientos lo mismo de las víctimas de Jean Succar Kuri, por romper la confidencialidad y hasta de mentirle a la ONU, así como de otras personas como la activista indígena, Virginia Betanzos Moreno.
Lydia Cacho, al igual que en el Caso Wallace, se ha robado los reflectores, ha contado su versión durante más de 13 años y pocas veces ha sido cuestionada pese a las irregularidades que se presentan en sus declaraciones.
Otra característica similar entre ambas mujeres, además de contar con fondos federales para sus organizaciones, es que han enredado sus declaraciones para ligar la pederastia —a todas luces reprobable—, con un tema de tortura. En el caso de Isabel Miranda, se habla de un homicidio, aunque, como ya se dijo, no existe ningún cuerpo que corrobore la teoría.
