Puebla quiere la paz
Serpientes y Escaleras
Por Ricardo Morales
El día de ayer abordábamos en la columna el grave problema de la inseguridad en una Puebla en donde los índices se han disparado de manera alarmante.
También comentábamos que los ciudadanos aspiramos a que regrese la paz y la tranquilidad que se perdió, debido a múltiples factores, entre ellos, el hecho de haber entrado en una espiral de poder, que tenía como objetivo el ir por la presidencia de la República.
Desde mi punto de vista, la crisis de inseguridad se agudiza con la creación en Puebla de la llamada minigubernatura.
Una y otra vez, en este mismo espacio, advertimos del grave problema que se iba originar, como consecuencia de la terrible aberración que dio lugar a la creación de la minigubernatura y las presidencias municipales de 4 años y 8 meses, que contribuyeron a crear verdaderos monstruos en las personas de estos alcaldes, los cuales en su mayoría, sumieron a sus respectivas demarcaciones en la pobreza y la inseguridad.
El periodo tan breve de una gubernatura provocó también una especie de vació de poder, el cual entró en su etapa crítica al final del periodo del entonces gobernador Gali y se recrudeció tras la muerte de la gobernadora, Martha Erika Alonso.
Puebla requiere ahora un gobernador de cinco años y seis meses que se aboque de tiempo completo a resolver estos problemas, provocados por los vacíos de poder que se crearon.
El tema de los feminicidios es algo que se debe de atacar de inmediato, la alerta de género en sí ayuda, pero los graves problemas que existen en la entidad en torno a la agresión a las mujeres, es un tema el cual no se va a resolver de la noche a la mañana.
Este y otros problemas se deben de trabajar de manera integral, desde el hogar e implican un cambio en la cultura de los mexicanos y por supuesto de los poblanos.
Los retos que va a enfrentar el próximo gobernador son muchos, desde tener que disminuir los índices de pobreza en los que se encuentra una buena parte de la población, hasta poner un freno a la inseguridad y devolver a Puebla la paz y la tranquilidad, las cuales son ahora el principal anhelo de quienes vivimos en este territorio.
Un gobernador de tiempo completo, conocedor de los poblanos y con el deseo de quedarse a vivir en la entidad una vez concluido su mandato, es sin duda algo que los ciudadanos demandan y además merecen.
Las circunstancias de Puebla cambiaron diametralmente, el combate a la inseguridad y la generación de empleo son hoy las prioridades.
Existe también la necesidad de un gobernador, que ponga a trabajar a los presidentes municipales, coordine sus esfuerzos y que también en el ámbito del respeto al 115 constitucional, los obligue a que asuman sus responsabilidades.
La campaña electoral, sin duda, marca un parte aguas en la nueva historia de Puebla.
Un grupo hegemónico dominó el escenario durante 8 años y metió a la entidad en una dinámica de crecimiento, pero con un costo político altísimo, el cual como todas las cosas tuvo sus partes buenas, pero también algunas muy negativas.
Es momento de un nuevo inicio, de doblar la página, de terminar con la polarización y que el nuevo gobernador, el cual espero este a la altura de las circunstancias, le devuelva la paz y la tranquilidad a Puebla.
Cierto es un esfuerzo colectivo, pero se requiere de ese personaje que coordine a cada sector en sus funciones y que sea también quien encabece el esfuerzo de hacer más atractivo al estado para que lleguen nuevas inversiones y se genere empleo.
Puebla debe de mantener su importancia como centro político y empresarial del país, pero a su vez, debe de equilibrar también y poner especial énfasis en combatir las terribles desigualdades entre los grandes centros de desarrollo urbano y sus zonas marginadas dentro de la misma mancha urbana y en las comunidades al interior de la entidad.
De ese tamaño es el reto del próximo gobernador, si es que de verdad quiere recuperar la paz que se perdió desde hace tiempo.
