Buscarían que Doger sea candidato del PAN dentro de 3 años
La aparición del todavía priista Enrique Doger Guerrero al lado de los líderes panistas Genoveva Huerta Villegas y Jorge Aguilar Chedraui es sin duda un reflejo de la profunda crisis que se vive en el PRI y el PAN.
Cuitlatlán
Por Fermín Alejandro García
La aparición del todavía priista Enrique Doger Guerrero al lado de los líderes panistas Genoveva Huerta Villegas y Jorge Aguilar Chedraui es sin duda un reflejo de la profunda crisis que se vive en el PRI y el PAN, pero al mismo tiempo alberga un proyecto que se busca construir a largo plazo, en el cual desde ahora se buscaría impulsar al exalcalde de Puebla para que, dentro de tres años, pudiera ser candidato por segunda vez a la presidencia municipal de la capital, pero dentro de las filas del Partido Acción Nacional.
Hace un par de días la presidente estatal del PAN, Genoveva Huerta Villegas, exhibió una imagen en la cual se ve dialogar –con singular alegría– a la dirigente panista con el excandidato del PRI a la gubernatura, Enrique Doger Guerrero, y el morenovallista Jorge Aguilar Chedraui.
El efecto de la difusión de esa imagen tenía la intención de mandar un mensaje de que el PAN busca unificar a todos los opositores y detractores de Luis Miguel Barbosa Huerta, el abanderado de la coalición Juntos Haremos Historia, el rival a vencer en el actual proceso electoral.
El resultado fue un fracaso rotundo, ya que en la opinión pública se acabó interpretando que era un nuevo intento, desde el albiazul, de sustituir a Enrique Cárdenas Sánchez como candidato del PAN por Enrique Doger Guerrero.
Esa circunstancia vino a abonar la idea de que en el PAN no se acaba de asimilar la figura de Cárdenas, quien de manera nada congruente en menos de un año pasó de ser un acérrimo crítico del panismo y el morenovallismo, y ahora es el abanderado de las fuerzas políticas que antes cuestionaba.
Por el lado de Enrique Doger quedó claro que el ex edil se siente incomodo, inconforme, con el PRI y que no le importa ser tildado de desleal en su partido. Pareciera que el exalcalde ya está dispuesto a admitir que siempre ha sido un aliado del morenovallismo y que su identidad política se ubica en la derecha poblana.
Ese juego de Doger es posible para la extrema debilidad del PRI que ha perdido la lealtad de sus principales liderazgos, que actualmente están presentes en las campañas de Morena o del PAN, sin que nadie ponga orden en el tricolor. O dicho de otra manera, en el tricolor a los dirigentes les tiemblan las corvas para iniciar procesos disciplinarios a los “traidores”.
Mientras que en el PAN se ha echado mano de la figura de Doger para intentar levantar los bonos del albiazul, pues el partido está desconfigurado como una fuerza política opositora. Sobre sus espaldas sigue pesando el lastre de haber sido el partido del autoritarismo morenovallista.
Más allá del efecto negativo o positivo de la imagen de Genoveva Huerta y Enrique Doger, atrás de esa reunión se esconde otra intención.
Se dice que en el PAN se ha analizado la pertinencia de buscar revivir el proyecto que, en 2010, tenía Rafael Moreno Valle Rosas, que era convertir a Enrique Doger en candidato panista a la alcaldía de Puebla.
En aquella ocasión el Yunque se opuso a que Doger fuera el candidato albiazul y desplazara a Eduardo Rivera Pérez, quien logró llegar a la alcaldía de la capital.
Dicho proyecto parte de la base de que en el PAN hay una profunda crisis –herencia del morenovallismo– en la cual no hay figuras fuertes, liderazgos sólidos, que puedan ser rivales importantes del poder popular de Morena.
Ante esa ausencia, pareciera que se busca utilizar los liderazgos del tricolor, o mejor dicho los desechos del PRI.
La idea que se acaricia en el PAN es que en los tres próximos años el partido se dedique a cuestionar, a bombardear, el prestigio de la edil de la capital Claudia Rivera Vivanco, quien no acaba de encontrar la brújula para hacer un buen gobierno.
Y que poco a poco se vaya fortaleciendo la figura de un líder opositor a Morena en torno a Enrique Doger.
No suena descabellado esa idea, pero el problema es que Enrique Doger no pasa por su mejor momento.
Quedó muy atrás los tiempos en que era uno de los políticos poblanos mejor posicionados.
El año pasado pasó a ocupar el deshonroso lugar de ser el candidato priista peor votado en la lucha por la gubernatura de Puebla.
Y se ganó la imagen de ser un político desleal con su partido y que perdió la capacidad de conectar positivamente con el electorado. Simplemente ya pasó su mejor momento.
