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AMLO no dejó que nadie le hablara del proceso interno de Morena

AMLO no dejó que nadie le hablara del proceso interno de Morena

Cuitlatlán

Por: Fermín García

A 100 días de haber arrancado su gobierno, muchos integrantes de la clase política lopezobradorista de Puebla no acaban de entender el estilo del presidente Andrés Manuel López Obrador. Las giras del mandatario son para tomarle el pulso a la gente, para medir el impacto de los programas sociales y para mandar mensajes específicos a cada región. No son actos para dar instrucciones político–electorales o para promover la imagen de algún personaje. Por esa razón el senador Jesús Encinas, entre otros actores, se toparon con un muro infranqueable cuando ayer quisieron tratar temas personales con el titular del Poder Ejecutivo federal.

Muy lejos quedaron esos días en que las giras de un presidente estaban llenas de simbolismos y eran el espacio ideal para las intrigas, para tomar acuerdos o hacer regaños, todo menos para que el mandatario tuviera contacto con la población. En esos tiempos aparecer cerca o conversando con el mandatario era signo de promoción, de empuje, de favoritismo. Por el contrario, si alguien no se podía acercar el jefe del Poder Ejecutivo, si era ignorado o recibía un saludo común y corriente, podía significar “la muerte política”.

Ahora López Obrador no permite que haya invitados especiales en sus periplos a lo largo del país, no privilegia hablar con los políticos por encima de la gente y no le gustan las pláticas improvisadas.

Dice un conocedor del mandatario: “Le enoja que te hagas el aparecido en una gira. Si quiere hablar contigo te cita, pero no deja que lo interceptes para hablar de grilla política”.

Por esa razón este domingo, cuando llegaba al Centro Expositor de Puebla y Andrés Manuel López Obrador se topó de frente con el excandidato de Morena a la gubernatura de Puebla Abraham Quiroz, el mandatario no se detuvo a platicar, ni mucho menos a brindarle una sonrisa o alguna frase improvisada. Se concretó a ofrecerle un frío saludo, que desconcertó a muchos de los acompañantes del académico.

Otro actor que tampoco había entendido ese estilo de la Cuarta Transformación es el senador Jesús Encinas Meneses, quien es el suplente de Alejandro Armenta, quien busca ser candidato de Morena a la gubernatura.

Encinas –con sus dos metros de altura– parecía más un guarura, que uno de los pocos invitados para estar en el presídium del acto oficial. Todo el tiempo quiso estar cerca, pegado a unos centímetros de López Obrador, como parte de un intento de querer hablar, de darle un mensaje, seguramente de parte de Armenta Mier, quien ha agitado el proceso interno de Morena.

El senador llegó al exceso de que ya había acabado el acto oficial y no se despegaba de López Obrador, quien se abría paso en la gente para saludar y encaminarse a la salida. Ni la secretaria de Bienestar, María Luis Albores, o la esposa del mandatario, Beatriz Gutiérrez Müller, tenían ese grado de proximidad del legislador, que nunca logró que el presidente se detuviera a hablar con él o por lo menos voltear a verlo.

Esa misma situación ocurrió con una media docenas de legisladores y líderes locales que querían decirle algo a López Obrador del proceso interno de Morena, quienes tuvieron como respuesta del presidente un silencio total, luego de que minutos antes había pronunciado un discurso directo al tema político–electoral:

“Que nadie se atreva a usar mi nombre”, para intentar ganar el proceso electoral extraordinario que ya está caminando.

Para López Obrador los temas electorales le corresponden a los dirigentes de los partido y no son asuntos que se deban conversar o resolver en público.

Las giras para López Obrador son espacios para tomar el pulso de los personajes públicos que son parte del movimiento lopezobradorista, pero no conversando con los políticos sino escuchando a la gente.

Muestra de ello fue el trato distinto que dio a los dos gobernantes más importantes del estado: el mandatario estatal Guillermo Pacheco Pulido y la edil de la capital, Claudia Rivera Vivanco.

La presidente municipal dos veces fue abucheada. La primera cuando la mencionó el presentador oficial. La segunda cuando la saludó la secretaria de Bienestar, María Luisa Albores.

En ninguna de esa ocasiones salió López Obrador a defenderla. A buscar revertir esas expresiones, que de alguna manera son muestra de que no gusta su gobierno a todas las bases lopezobradoristas.

En cambio, López Obrador salió en una abierta defensa de Guillermo Pacheco Pulido cuando recibió algunos abucheos. Es alguien que “sabe conciliar” y ha logrado “reconciliar a Puebla”, dijo un enfático mandatario, que rara vez aboga a favor de algún gobernador.

El mensaje final fue: López Obrador percibe y le gusta el trabajo del gobernador. Algo que no pasa con el ayuntamiento de la capital. O eso pareció leerse en entre líneas en la gira de ayer.