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Crisis política ha fracturado al PAN en tres facciones

Crisis política ha fracturado al PAN en tres facciones

Cuitlatlán

Por Fermín Alejandro García

Primero la tragedia de la muerte intempestiva del matrimonio de Martha Érika Alonso Hidalgo y Rafael Moreno Valle Rosas y ahora, la coyuntura para elegir a un titular interino del Poder Ejecutivo de Puebla y al próximo candidato a la gubernatura para el proceso electoral extraordinario, lejos de haber provocado la unidad en el Partido Acción Nacional, vino a ahondar las diferencias entre tres bloques de esta fuerza política que se están disputando las posiciones políticas en juego.

Se dice que de manera informal, entre el 25 y el 26 de diciembre, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, junto con el presidente nacional del PAN, Marko Cortés Mendoza, habrían acordado de manera verbal la posibilidad de que el gobernador interno de Puebla pudiera ser Jesús Rodríguez Almeida, quien actualmente funge como encargado de despacho del Poder Ejecutivo.

Esa posibilidad resultaba muy favorable al PAN, luego de que esta fuerza política había pedido que en un gesto de “cortesía” –tal como alguna vez ocurrió en Colima en febrero de 2005– el gobernador interino fuera del mismo partido que Martha Érika Alonso, es decir que sea alguien que surja del panismo.

Sin embargo, el proyecto de que Rodríguez Almeida prolongue su estadía al frente de la gubernatura se ha visto debilitado por la falta de acuerdos y de unidad en el PAN poblano, así como la pobre capacidad de Marko Cortés de cohesionar a todos los grupos políticos que eran parte del morenovallismo y los que estaban fuera de dicha facción.

Por esa razón, voces importantes de Morena, como es el caso de la líder nacional morenista Yeidckol Polevnsky, han empezado a presionar para que cambie el rumbo de los acuerdos y el gobernador interino no necesariamente tenga que ser alguien propuesto por el PAN.

Esa eventualidad se abre, en primer lugar, porque los panistas no han podido cerrar filas en torno a una persona para que sea el gobernador interino.

Y en segundo lugar porque la ley no establece que ante la ausencia definitiva de un gobernador, en este caso de Martha Érika Alonso, el titular interino del Poder Ejecutivo debe de ser necesariamente de la misma militancia o del mismo grupo político que del gobernante desaparecido.

Poca política y mucha soberbia

Si algo marcó la tragedia de la muerte del matrimonio Moreno Valle–Alonso Hidalgo es que a las pocas horas de que se produjo el accidente aéreo –en la tarde del 24 de diciembre– en que ambos políticos murieron, es que el morenovallismo empezó a medrar con la desgracia y se inventaron supuestos indicios de que el desplome del helicóptero en que viajaba la pareja había sido derribado.

No obstante que ese manejo perverso de la tragedia les funcionó, ya que en un importante sector de la opinión pública quedó la idea de que no fue un accidente la caída del nave aérea, se descuidó una parte fundamental, que es buscar la unidad del PAN para enfrentar con fuerza los procesos políticos que se avecinan.

El PAN lejos de unirse, está fracturado en tres agrupamientos:

Por un lado, se encuentra un grupo encabezado por el ex edil Luis Banck Serrato y Roberto Moya Clemente, quien ayer asumió la curul en el Senado que dejó vacante Rafael Moreno Valle Rosas. En este grupo también se encuentra Jesús Rodríguez Almeida y la mayor parte del gabinete que había nombrado Martha Erika Alonso Hidalgo, 11 días antes de morir. Todos ellos se asumen como los herederos directos del morenovallismo.

Un segundo grupo lo forman los líderes panistas Humberto Aguilar Coronado, Rafael Micalco Méndez y Juan Pablo Piña Kurczyn, junto con una larga lista de los llamados panistas tradicionales, entre ellos el ex alcalde de Puebla, Eduardo Rivera Pérez. La fuerza de esta agrupación es la estrecha cercanía que los tres primeros tienen con Marko Cortés, el presidente nacional del PAN, quien a su vez no tiene la mejor relación con los morenovallistas.

El tercer grupo lo encabeza el ex gobernador José Antonio Gali Fayad, quien en los últimos meses de su gestión enfrentó un importante distanciamiento del matrimonio Moreno Valle–Alonso Hidalgo, en mucho por intrigas desatadas por quienes ahora se ostentan como la cabeza del morenovallismo. La fuerza del ex mandatario es que es quien mejor conoce –en el PAN– el estado de Puebla y tiene el control de importantes estructuras de panistas.

El problema de fondo es que los morenovallistas, fieles al estilo de Rafael Moreno Valle Rosas, no entienden que en estos momentos de coyuntura, de crisis, tendrían que estar haciendo política, mucha política, para buscar consensos con todas las expresiones del panismo local y nacional, así como con los aliados externos.

Los morenovallistas parten de la idea de que tienen  los recursos económicos, el control de las dirigencias de casi todos lo partidos, incluidos al PRI y el PRD, y que tienen asegurado los votos obtenidos en la contienda del pasado 1 de julio en la lucha por la gubernatura. Además, que la tragedia de la muerte de la gobernadora será un tema favorable a lo largo de 2019.

A partir de esa actitud, los morenovallistas quieren acaparar todo: la gubernatura interina y la candidatura del PAN, sin tomar en cuenta al resto del panismo y sin darle juego político a los aliados. Y obviamente, sin entablar dialogo con Morena, que es la primera fuerza política en el estado.

No entienden que el grupo de Aguilar, Micalco y Piña se ha convertido en un importante contrapeso y que de ellos, en mucho, depende lograr el respaldo de la militancia panista.

Y que José Antonio Gali es un activo político fundamental si quieren ganar las elecciones extraordinarias, que probablemente se realizarán en los primeros días de junio.

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