Bartlett retoma el control de Puebla
Serpientes y Escaleras
Por Ricardo Morales
Es un hecho, el exgobernador del Estado, Manuel Bartlett Díaz, está de regreso en Puebla.
A sus 82 años de edad, el hijo del exgobernador de Tabasco, del mismo nombre, el cual fuera destituido como mandatario estatal por Adolfo Ruiz Cortines, a través del entonces oficial mayor de la secretaría de Gobernación federal, Gustavo Díaz Ordaz, busca hacerse del control del estado que alguna vez tuvo en sus manos.
Desde hace tiempo, el exgobernador Bartlett ha estado presente en las decisiones de Morena en Puebla.
Por ejemplo, se dice que fue el propio Manuel quien influyó en el ánimo de López Obrador para bajar al exrector de la UDLAP, Enrique Cárdenas Sánchez, y postular como candidato de Morena a la gubernatura al senador con licencia, Luis Miguel Barbosa Huerta.
Algunos mal pensados afirman que Bartlett impulsó a Barbosa, sabedor de que el legislador carecía del potencial del exrector, quien prácticamente no tenía negativos a diferencia del oriundo de la sierra Negra.
De ser así la jugada le salió genial al exmandatario, porque no solo perdió Barbosa, si no que ahora su sobrino político, Rodrigo Abdalá Dartigues, se prepara para hacerse del control de todo el aparato federal, bajo la figura del coordinador general (virrey) en Puebla.
La influencia de Rodrigo Abdala, sumado al papel que Bartlett tiene al frente de la Comisión Federal de Electricidad, le da un rol preponderante al exmandatario en las decisiones en la entidad, a través de su sobrino político.
Bartlett formó una nueva clase política cuando fue gobernador de Puebla, haciendo a un lado a los tradicionales cuadros del priismo local, (Los Morales, los Rojas, los Pacheco Pulido) fueron marginados para dar paso a nuevos nombres dentro de la administración pública como los Estefan, las Blancas, los Flores Hernández y los Marín.
Gobernó con un gabinete paralelo, compuesto por sus hombres de su entera confianza, todos venidos de fuera que eran los que tomaban las decisiones de verdad, encabezados por el virrey, Jesús Hernández Torres y Mauro Uzcanga Villalobos, bautizado por el periodista Mario Alberto Mejía como “don dinero”, Luis G. Benavides y el arquitecto Jaime Aguilar Álvarez, también pariente político de Bartlett como su operador político en el PRI.
Desafortunadamente para el grupo bartlista su hegemonía en Puebla solo duró un sexenio y se vio desplazada por la llegada del melquiadismo.
Bartlett trató de imponer como su sucesor a José Luis Flores Hernández, pero la ambición de llegar a Los Pinos por parte el entonces mandatario poblano, lo hizo sacrificar a su “hijo político” para darle un toque democrático a su mandato y solicitar la consulta a la base en el PRI nacional.
El grupo bartlista se refugió en una parte con Mario Marín Torres, quien había ganado la presidencia municipal de Puebla y parecía ser el destinado a preservar el legado de don Manuel.
El resto de la historia ya es conocida, la caída de Marín en el 2006 provocó el distanciamiento entre Bartlett y el oriundo de Nativitas Cuatempan, quien ya desde antes se había llenado de soberbia, creado su propio grupo y había puesto distancia de quien fuera su mentor.
También, el que fuera otro de sus hijos políticos, Jorge Estefan, se distanció de Bartlett, cuando el experimentado político, comenzó a cuestionar al gobierno del panista Felipe Calderón Hinojosa, con quien Jorge se entendía a las mil maravillas, virtud a su magnífica posición como presidente de la poderosa comisión de Hacienda de la cámara de diputados.
Distanciado de Estefan, por ende de Blanca Alcalá, con quien peleó la Senaduría por Puebla en el 2012, Bartlett se quedó solo con tres leales, Rodrigo Abdalá, Ignacio Mier Velasco, socio del diario Cambio, y Carlos Meza Viveros.
Hoy, Bartlett está más vigente que nunca en la vida de la entidad que alguna vez gobernó, sabe que si mueve muy bien sus piezas, nadie le va a quietar el control de la entidad y ya tiene “gallo” para sucederlo en la persona de su “hijo político” de nombre, Rodrigo.
