Doger, ¿credibilidad en medio del desastre?
A Puerta Cerrada
Por: Jorge Rodríguez
Enrique Doger Guerrero asume la candidatura al gobierno del estado en el peor de los escenarios posibles para su causa: un PRI ubicado en tercer lugar de las preferencias electorales, el aparato político-gubernamental en contra, Morena en medio del camino para enfrentar al PAN y un compañero de partido como candidato presidencial –José Antonio Meade Kuribreña—incapaz de acarrear simpatías para sí mismo.
La primera incursión del ex rector de la BUAP en la lista de suspirantes del PRI al gobierno del estado ocurrió en 2004.
Vencido en la interna por Mario Marín Torres, perdió la posibilidad de ir a unos comicios de trámite, facilones pues, en contra del panista Francisco Fraile García.
Eran los últimos años de algodones y miel para el priismo poblano.
Un sexenio después fue descarrilado de nuevo por Marín, pero esta vez a la mala.
Pese a compartir posicionamiento con Blanca Alcalá Ruiz, colocado hasta arriba en las encuestas, Doger sufrió la cerrazón del entonces gobernador para imponer como abanderado a Javier López Zavala.
El PRI del escándalo “Lydia Cacho” atravesaba por una crisis que, sumada al mal desempeño de su candidato, lo condujo a la derrota.
Pero ni entonces enfrentó un panorama tan adverso como ahora.
En 2010, el tricolor quedó en segundo lugar y no tuvo que competir contra Morena, que aún no existía.
Seis años después, el ex rector volvió a quedar fuera.
La decisión presidencial favoreció a Alcalá, que se fue a disputar la minigubernatura.
Con circunstancias un poco menos negativas que en 2018, la senadora con licencia mantuvo al priismo en segundo lugar de las votaciones, gracias –entre otros factores—a la equivocada postulación de Abraham Quiroz Palacios como abanderado en el partido de Andrés Manuel López Obrador.
En 2018 se le han juntado los desastres al PRI.
Puebla sigue en manos del PAN y existe todo un entramado de herramientas políticas y legales que, como en 2016, obstaculiza el desarrollo de una competencia electoral en igualdad de condiciones.
Como hace dos años, el blanquiazul y sus partidos aliados parecen llevar una amplia delantera.
Por si fuera poco, hay una tercera fuerza que amenaza con convertirse en primera, de la mano de (“ya sabes quién”) López Obrador.
La ruta para el virtual candidato del PRI al gobierno del estado se muestra complicada, difícil, cuesta arriba.
No obstante, aun en el ojo de ese huracán, Enrique Doger logra rescatar un instrumento importantísimo para el estado de ánimo de los priistas: credibilidad.
La postulación del aspirante tricolor mejor ubicado en las encuestas puede ayudar a contrarrestar ese pensamiento que da por “muerto” al PRI, que asume que la dirigencia nacional y el morenogalismo han suscrito por anticipado la victoria de Martha Érika Alonso Hidalgo en Puebla.
“Si va (Juan Carlos) Lastiri”, decía una expresión generalizada, “es porque el PRI ya negoció su derrota”.
“Pero si va (Enrique) Doger”, decía otra, “es porque quiere ganar”.
La sola candidatura de Doger no puede resolver este enigma, pero avanza hacia ello.
Esa es la fortaleza que adquiere el priismo con su candidato.
Convencer a los simpatizantes que todavía tiene el PRI de que la suya será una lucha electoral de verdad era uno de los retos primarios del abanderado, quien fuera que resultara electo.
Por ahí arrancó bien.
Y eso, dado el contexto descrito líneas atrás, es mucha ganancia para un partido que hasta hace unos días se encontraba sumido en la más comprensible depresión.
Ese es el punto que anota Doger Guerrero.
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El caso de Guillermo Deloya Cobián podría compararse un poco con el de Blanca Alcalá en 2007.
Esa vez, Mario Marín dio por perdida la elección de presidente municipal y le pidió a Valentín Meneses Rojas, por entonces dirigente del PRI, que buscara a quién poner como candidato en lugar de López Zavala.
Meneses se encontró en el camino a Alcalá y la convenció de ir a la contienda.
Lo que pasó después es de dominio público.
Alcalá remontó la enorme ventaja que le llevaba el panista Antonio Sánchez Díaz de Rivera y se alzó con la victoria, contra todos los pronósticos, incluidos los de Marín y López Zavala.
Deloya tiene atributos personales para competir en esta ocasión por la alcaldía de Puebla, como lo hará, pero llegó hasta aquí por descarte.
Los dos principales aspirantes a este cargo de elección popular, los que más insistieron con la candidatura en el pasado, José Chedraui Budib y Víctor Giorgana Jiménez, se bajaron del barco antes de la definición.
Eso abrió la puerta a Deloya, que es valorado en el CEN como un perfil capaz de atraer al electorado joven.
Eduardo Rivera Pérez no es Sánchez Díaz de Rivera, que fue un pésimo candidato en 2007, por supuesto, pero la similitud entre Alcalá y Deloya existe, ahí está.
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