Negociación con RMV tiene atorada la decisión de quién debe ser el candidato del PRI
Cuitlatlán
Por: Fermín Alejandro García
La negociación que están llevando a cabo el ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas y la cúpula del equipo de campaña de José Antonio Meade Kuribreña, el virtual candidato presidencial del PRI, es lo que ha generado un ambiente de indecisión en el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del tricolor sobre quién debe ser el abanderado que competirá por la gubernatura. Por esa razón, la decisión para ungir al “tapado priista” podría prolongarse hasta la próxima semana, es decir cuando esté a punto de vencerse el plazo para elegir.
Nunca en el PRI había existido ese ambiente de indefinición, de no saber qué modelo armar para enfrentar una elección de gobernador para Puebla.
En menos de dos semanas han hecho creer –en el CEN– a cuatro aspirantes que son el elegido. Lo mismo Enrique Doger Guerrero, Juan Carlos Lastiri Quirós, Jorge Estefan Chidiac y Javier López Zavala han sentido que ya tienen la nominación en el bolsillo y luego les han dicho que siempre no.
Uno de esos aspirantes ayer comentó: “A todos no han calentado un día y nos han enfriado al día siguiente”.
Todo es consecuencia de lo siguiente:
Se sabe que Rafael Moreno Valle Rosas le está exigiendo al PRI, o mejor dicho al grupo de José Antonio Meade, que se postule a un candidato que no represente ningún riesgo de competitividad frente a Martha Erika Alonso, su esposa y futura abanderada del PAN a la gubernatura.
Además, que sea controlable, para que la campaña del tricolor se oriente fundamentalmente a atacar a Morena, a Andrés Manuel López Obrador y a Luis Miguel Barbosa Huerta, el virtual candidato a la gubernatura de la coalición Juntos Haremos Historia.
El problema es que en el PRI no le acaban de creer a Moreno Valle que pueda cumplir con la promesa que les está haciendo de que le dará un millón de votos, por igual, a Meade y a su esposa Martha Erika Alonso, para que los dos ganen, además de frenar el avance de Andrés Manuel López Obrador.
No confían del todo en su ofrecimiento por dos circunstancias:
Primera: en la contienda de 2012, siendo gobernador y teniendo el control de todos los hilos del poder político, ofreció algo muy parecido y no cumplió.
La contienda –hace seis años– en el estado la ganó López Obrador y perdió el entonces abanderado priista, Enrique Peña Nieto. En lo único que cumplió Moreno Valle es que triunfaron las entonces aspirantes al Senado, Blanca Alcalá Ruiz y Lucero Saldaña, por una maniobra electoral que le tumbó de última hora miles de votos a la coalición de izquierdas que en ese año era encabezada por el PRD.
Ahora la situación cambia por un factor fundamental: en 2012, el PRD vendió su estructura electoral al morenovallismo y por eso los candidatos de izquierda no pudieron defender sus triunfos electorales.
Eso no va a ocurrir en esta ocasión, en que Morena ha venido construyendo una estructura electoral con mucha anticipación y con la participación de muchos operadores que se han desprendido del PRI, quienes sí saben organizar a los activistas que intervienen en el cuidado de las casillas.
Dicha estructura de Morena y su capacidad de salir a disputar la gubernatura en el estado hace casi imposible que el morenovallismo pueda generar un escenario de voto diferenciado para hacer ganar al PRI y al PAN por igual.
Lo que ahora está en juego es la supervivencia del morenovallismo, que se presentará a la contienda con un alto nivel de negativos, por ser identificada Martha Erika Alonso Hidalgo con todo el autoritarismo, la corrupción y la exclusión que significó el gobierno de Rafael Moreno Valle.
Segundo: en el PRI saben que Moreno Valle tarde o temprano va a traicionar. Ya sea al PRI o al PAN. Va a dar la espalda a Meade si a la mitad de la campaña no despega su popularidad.
Por esa razón en el CEN priista ven muy arriesgado que le dejen a Moreno Valle el control de la candidatura a gobernador de Puebla.
Sobre todo cuando Meade no avanza como aspirante presidencial.
El ex secretario de Hacienda, en lugar de hacer crecer a los priistas que van a competir por las gubernaturas, necesita que desde los estados lo ayuden a mejorar la intención del voto a favor del PRI.
Ese dilema –de negociar o no negociar con Rafael Moreno Valle– es lo que tiene atoradas las decisiones en el PRI y podría llevar al tricolor a una crisis letal.
