Los (dos) finalistas del PAN para la alcaldía de Puebla
Resuelta la principal de las candidaturas en el PAN, la de gobernador, que en este caso será de gobernadora, los integrantes del grupo en el poder que se ubican un nivel por debajo de Martha Érika Alonso “de Moreno Valle" –como dirá la propaganda electoral— usan estas tensas horas de definición para pelear por la segunda de las nominaciones en importancia: la de presidente municipal de Puebla.
A Puerta Cerrada
Por: Jorge Rodríguez
Resuelta la principal de las candidaturas en el PAN, la de gobernador, que en este caso será de gobernadora, los integrantes del grupo en el poder que se ubican un nivel por debajo de Martha Érika Alonso "de Moreno Valle" –como dirá la propaganda electoral— usan estas tensas horas de definición para pelear por la segunda de las nominaciones en importancia: la de presidente municipal de Puebla.
El descarte por diferentes motivos de Mario Riestra Piña y David Villanueva Lomelí para disputar ese cargo de elección popular parecía dejar colocados en situación de privilegio a Jorge Aguilar Chedraui y, en un segundo plano, a Eduardo Rivera Pérez.
Uno, todavía presidente de la junta de gobierno y coordinación política del Congreso del Estado, como carta del morenogalismo, y otro, ex alcalde confrontado con Rafael Moreno Valle, como instrumento de Ricardo Anaya Cortés en un hipotético escenario de obligadas negociaciones.
Sin embargo, un nuevo personaje ha salido a escena.
Nuevo porque hasta hace poco afirmaba ‘en corto’ tener aspiraciones para convertirse en gobernador y negaba todo interés relacionado con la presidencia municipal de Puebla, aunque en columnas como esta se informara a detalle de los permanentes escarceos de sus colaboradores para ponerlo en esa ruta, la de alcalde.
El personaje que ha decidido batirse a duelo –es un decir— por esa candidatura es Luis Banck Serrato.
En efecto, el edil en funciones recién “puso el acelerador” en una clara y bien orquestada estrategia de autopromoción para tratar de repetir en el palacio municipal, pero esta vez por la vía del voto ciudadano.
A menos que quiera descarrilar a la esposa de Moreno Valle, lo cual es ciento por ciento improbable en un político como Banck, el edil ha usado los primeros días del año nuevo para confirmar lo que aquí se escribió en reiteradas ocasiones, que su verdadero objetivo estuvo siempre, o casi siempre, en la presidencia municipal.
El hecho merece dos apuntes importantes.
Uno:
Si Luis Banck está en pleno trance de autopromoción política es porque cuenta con el visto bueno para hacerlo.
Eso significa que, dentro del mismo grupo en el poder, ha sido alentado para disputarle la candidatura a Jorge Aguilar Chedraui y a todos los demás aspirantes que aún se consideren con posibilidades de acceder a esa posición.
Y dos:
Si el alcalde en funciones necesita convencer a las audiencias de su buen perfil y hacer pública la presunta escalada de su posicionamiento personal en encuestas y sondeos de opinión, como ha intentado hacerlo, es porque aún no tiene la bendición de los dioses –otra vez es un decir— para ser candidato.
Aun así, está metido en la puja, en una carrera que parece llevarlos, al líder del Congreso y a él, por parte del bando morenogalista, como únicos dos finalistas.
Ahora se hará usted la pregunta obligada:
¿Puede Luis Banck contender por el ayuntamiento de Puebla sin que ello se considere un intento de reelección, lo cual sería impedido constitucionalmente?
Según el equipo de asesores del edil, que debe estar muy bien informado y capacitado para estos menesteres, sí puede.
Habría que ver qué opinan el PRI y su candidato a presidente municipal más adelante, en caso de que Banck fuese el elegido en el PAN.
Mientras tanto, con menos aspavientos, en trabajo de tierra y en silencio, Aguilar Chedraui sigue en lo suyo.
El presidente del Congreso ha dedicado por lo menos los últimos cuatro años a la construcción de una amplia red de simpatizantes en el municipio de Puebla, con el propósito de poder disputar, como pretende hacerlo ahora, la nominación de su partido.
Lo que pase con Rivera Pérez, el último de los tres aspirantes citado en esta columna, será meramente circunstancial.
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