Hereda Barbosa los retos de Morena
A Puerta Cerrada
Por: Jorge Rodríguez
Una vez recuperado de las fuertes críticas que le representó convertirse en virtual candidato del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) al gobierno del estado, el senador Luis Miguel Barbosa Huerta tendrá que armar la estrategia que seguirá para encarar el proceso electoral de 2018.
Hasta antes de la culminación de la contienda interna, que pese a lo que se diga sigue siendo informal, ajena al calendario establecido por el Instituto Electoral del Estado, los retos de Morena para la sucesión de gobernador en Puebla eran muy claros.
Primero, debía seleccionar un candidato competitivo; segundo, concretar la suma de liderazgos para crear un frente cohesionado, y tercero, armar una eficiente estructura de operadores políticos capaces de velar por los intereses del partido en todas y cada una de las casillas electorales.
Esos eran los objetivos del partido en la fase previa a la definición de Andrés Manuel López Obrador por Barbosa, y esas mismas metas, o dos de ellas, son las que están vigentes hoy en día.
El primero de los objetivos debe darse por descontado si se toma en cuenta que Andrés Manuel hizo uso de una encuesta que dio por ganador al senador nacido en Zinacatepec.
Con mucha, mediana o escasa credibilidad en el método, Morena ya decidió el nombre de su candidato a gobernador.
En teoría, el ex perredista resultó ser el aspirante más competitivo de todos.
Así que ese es ya un capítulo concluido.
Lo que viene ahora le corresponde, en gran medida, al propio Barbosa.
Cohesionar a los liderazgos, unirlos en torno a una causa común, y tejer esa red de operadores que defienda las casillas el domingo 1 de julio, serán tareas casi exclusivas del legislador.
No es exagerado afirmar que ambas metas dependerán de su buena voluntad.
Para llegar a buen puerto en esas tareas se requerirá el deseo del virtual candidato para emprender labores de reconciliación entre los actores que, de una u otra forma, se involucraron en la disputa interna.
En efecto, justo como ha propuesto el diputado federal y ex priista Alejandro Armenta Mier, lo que tendría que darse, pero ya, es un proceso de genuina “cicatrización”.
Sin él, Barbosa Huerta navegará solo por las agitadas aguas de la sucesión, vulnerable a los ejércitos electorales del PAN –el partido en el poder— y el PRI –resucitado en ánimos tras los comicios locales del Estado de México—.
La victoria de un aspirante y la derrota de otros, entre ellos Enrique Cárdenas Sánchez, dejó gente muy lastimada en Morena.
De eso habla Armenta cuando propone ondear banderas blancas.
Si quiere, solo si quiere, Barbosa podría trabajar en una reconciliación interna que termine por generarle valiosos beneficios personales.
A partir de ahí construiría el resto de su campaña.
Y luego, como colofón, podría quitarse el estigma que le señala como aliado, y hasta comparsa, del ex gobernador Rafael Moreno Valle.
Ahí están las tareas.
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