¡Paren la revuelta!: es Barbosa
A Puerta Cerrada
Por: Jorge Rodríguez
En solo 24 horas, la virtual designación de Luis Miguel Barbosa Huerta como candidato de Morena al gobierno del estado recibió las más duras descalificaciones.
En parte, por los antecedentes que evidencian al senador como un político advenedizo, que brinca de una causa política a otra según convenga a sus intereses, y en otra por las altas expectativas que había provocado la supuesta postulación del ex rector Enrique Cárdenas Sánchez a ese mismo cargo de elección popular.
El ascenso de Barbosa y la caída de Cárdenas prendieron la indignación en un sector del electorado habitualmente informado, que seguía con especial interés el proceso de selección de candidato en el partido de Andrés Manuel López Obrador frente a la imposibilidad de ver en el PRI, el PAN o el PRD verdaderas opciones de gobierno.
De ahí nació la virulencia para señalar y condenar los episodios de la vida política de Barbosa como aliado de gobiernos priistas y panistas, locales y federales, desde la influyente posición de encumbrado liderazgo perredista.
Las horas posteriores al “destape” han sido difíciles para el senador nacido en Zinacatepec.
Los nombres de Mario Marín Torres, Rafael Moreno Valle y hasta Enrique Peña Nieto han salido a relucir en las listas de presumibles aliados incómodos, y en unos casos inconfesables, del nuevo discípulo lopezobradorista.
Pero más allá de eso y de los supuestos beneficios personales que habría conseguido a partir de la concreción de algunas de esas alianzas, como se afirma al interior del morenovallismo, lo que le ha pegado ha sido la figura del ex rector de la UDLAP.
Cárdenas Sánchez había satisfecho las pretensiones de un amplio grupo de electores que llevaba años a la espera de un candidato cuyo perfil fuese distinto al de los políticos tradicionales.
Conocedores de su trayectoria como intelectual y severo crítico del sistema político mexicano, estos electores creyeron que podrían ser testigos, por fin, de la transición de una reputada propuesta académica a un paquete de políticas públicas convertidas en programa de gobierno.
La emotividad terminó el lunes, cuando trascendió que Cárdenas había caído del olimpo lopezobradorista y Barbosa había subido en su lugar.
Entonces los peores datos personales del senador ex perredista inundaron el debate.
¿Habría sido Cárdenas mejor candidato que Barbosa?
No lo sabremos.
Lo que sí podemos asegurar es que el economista y ex director ejecutivo del Centro de Estudios Espinosa Yglesias había logrado que ciudadanos no identificados con López Obrador vieran a Morena como una posibilidad de gobierno para el 2018.
Eso no lo conseguirá Barbosa.
El senador dará la pelea en idénticas condiciones al resto de sus rivales, es decir, en las del político tradicional que combatirá al PAN-PRD y al PRI con las mismas herramientas que ellos: propaganda, estructura, movilización y dinero.
En 2010, cuando dio su apoyo al entonces candidato a gobernador Rafael Moreno Valle, Luis Miguel Barbosa se propuso competir por Casa Puebla en el futuro, con las siglas del PRD y a través de la misma alianza que postulaba a su aliado.
En el camino se le descompuso el escenario.
Un día entendió que Moreno Valle no lo respaldaría jamás y optó por el rompimiento.
Como el PRD no le alcanzaría para ganar la gubernatura, trazó un nuevo plan.
¿Qué hizo?
Lo que usted ya sabe: brincar a Morena en el mejor de los momentos.
Con la perversidad requerida y los puentes necesarios, convenció al dueño del partido.
Eso hizo que Enrique Cárdenas sea hoy solo una anécdota en Morena, y él, virtual candidato.
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Jorge Estefan Chidiac fue el priista más contento con la visita que hizo José Antonio Meade a Puebla.
En un momento de la plática que el secretario de Hacienda sostuvo con los liderazgos del PRI que asistieron al foro del Organismo Nacional de Mujeres Priistas (Onmpri), realizado el sábado en el Centro de Convenciones, Meade se volcó en elogios al dirigente del partido.
Frente a la concurrencia, el (casi) precandidato presidencial dijo que se encontraba en la Angelópolis por invitación de Jorge Estefan, a quien llamó uno de sus mejores amigos.
Además de eso, le reconoció la labor realizada en la cámara de diputados para la definición del presupuesto y narró un episodio personal que involucraba a su padre, ahí presente, Dionisio Meade y García de León.
El secretario comentó que había conocido a Estefan varios años atrás, cuando el líder del PRI trabajaba para su papá en la Secretaría de Hacienda.
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