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Esconden daño en la torre Quore por ser propiedad de empresario cercano a RMV

Esconden daño en la torre Quore por ser propiedad de empresario cercano a RMV
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Cuitlatlán

Por Fermín Alejandro García

En la calzada Zavaleta número 15, cerca del cruce con la recta a Cholula, se construye una enorme torre de departamentos llamada Quore, de la cual una parte de su estructura metálica se derribó por el sismo del martes 19 de septiembre. Luego de ello, los trabajadores aceleraron los labores de reparación y la obra siguió, sin que intervinieran autoridades de Protección Civil de Puebla o de Cuautlancingo, que deberían haber frenado el proyecto para su revisión. Esa permisividad se debe a que el propietario es un poderoso empresario protegido por el ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas.

Se dice que el dueño mayoritario del proyecto sería Gilberto Marín Quintero, famoso por encabezar por muchos años una empresa líder –en el mercado naciona– de fabricación de pañales y ser cuñado del ex líder panista, Francisco Fraile García.

La relación entre el morenovallismo y Gilberto Marín Quintero es peculiar, por la siguiente razón:

Al inicio del sexenio de Rafael Moreno Valle Rosas –en el año 2011– surgió el malestar de los empresarios poblanos porque empezaron a ser desplazados de los contratos de obra pública, de la prestación de servicios al Poder Ejecutivo y ningún líder de ese sector fue incorporado a la administración estatal. Al revés, aparecieron compañías del estado de México, de Hidalgo, Querétaro, la Ciudad de México y del extranjero ocupando el espacio que siempre habían tenido los hombres de negocios locales.

Marín Quintero, quien había sido muy cercano a varios gobiernos estatales del PRI, fue de los que no se conformaron con lo que ocurría en la gestión morenovallista. En lugar de solo lamentarse, hizo un llamado a que los empresarios se debían organizar y confrontarse con la actitud de exclusión de Moreno Valle.

No solamente generó la idea, sino fue un activo participante para articular una fuerte oposición al autoritarismo del gobierno de Moreno Valle, que pasó por el tema de que una campaña de resistencia solamente funcionaría si había el financiamiento necesario.

De esa manera se llegó a la conclusión de que los empresarios participantes aportarían un total de 50 millones de pesos para emprender una fuerte campaña mediática y actos de protesta contra el entonces titular del Poder Ejecutivo.

Gilberto Marín aparecía como gestor de ese frente, como organizador y como alguien convencido de que se debía aportar a ese fondo para financiar una sólida oposición del empresariado a los abusos morenovallistas.

Dicho ánimo opositor de Gilberto Marín Quintero tuvo fecha de caducidad: cuando lo mandaron llamar desde Casa Puebla.

Nunca se supo si habrían negociado, conciliado, dialogado o mediante amenazas, intimidaciones o agresiones lo hicieron abandonar la idea de encabezar un frente empresarial contra el gobierno de Moreno Valle.

De un día para otro, el empresario cambió y dejó de ver a la administración morenovallista como nociva para la sociedad poblana.

Con el tiempo, Gilberto Marín dejó de ser un crítico del morenovallismo y apareció como inversionista de un proyecto de energía eólica, mismo que tuvo un fuerte respaldo del gobierno del estado.

A partir de entonces, se le empezó a ver como un empresario que estaba de acuerdo con los resultados de la administración de Moreno Valle, con las formas de gobernar del entonces mandatario y con sus proyectos políticos.

Dicho de otra manera: se volvió un converso del morenovallismo, dejando en el olvido sus posiciones críticas y los llamados a la organización empresarial.

Ese cambio se ha notado en que las autoridades son consecuentes con todo lo que pasa con la torre Quore, que tendrá 49 departamentos de lujo, en algo así como 40 pisos.

Cada departamento será de dos o tres recamaras, con elevadores directos y para el personal de servicio.

Los permisos de construcción se debían haber tramitado en Cuautlancingo, pero se acabaron gestionando en la ciudad de Puebla.

De acuerdo con la opinión de algunos desarrolladores inmobiliarios, ha existido mucha tolerancia en el no cumplimiento cabal de los reglamentos de construcción.

Siendo el hecho más grave que se cayó una parte de la estructura metálica, de la obra de construcción, durante el último temblor.

Lo procedente era frenar las obras para su revisión y garantizar que será una torre resistente a un sismo como el del martes de hace una semana, el cual dejó una estela de 45 muertos, cientos de damnificados y más de 20 mil inmuebles dañados en el estado.

Pero como siempre ocurre, los intereses políticos y empresariales son más importantes que las medidas de protección civil, que las normas de construcción y el cumplimiento con la ley.

Por eso ocurren tragedias como las del colegio Enrique Rébsamen de la Ciudad de México, cuyo edificio principal sepultó a 19 menores de edad, todo por la tolerancia a una obra que no era adecuada.