La clase política poblana, insensible frente al desastre que dejó el sismo
Cuitlatlán
Por Fermín Alejandro García
A una semana del sismo que devastó una parte fundamental del valle de Atlixco y la Mixteca poblana, los grandes ausentes han sido los dirigentes de los partidos, los legisladores y líderes de todas las fuerzas políticas. Fuera de hacer donativos altruistas, sin ningún impacto significativo para los damnificados, la clase política poblana ha estado alejada de la tragedia y sin capacidad de proponer salidas a la contingencia que ha golpeado, en mayor o menor medida, a más de la mitad de los municipios de la entidad. A raíz del desastre que se generó tras el sismo de 7.1 grados que se dejó sentir el martes pasado a las 13 horas con 15 minutos, una de las principales expresiones de la población damnificada, de las redes sociales y en general de la opinión pública, fue de odio, rencor, rechazo, hacia la clase política que solamente lucra con la tragedia y que no sabe como aliviar el dolor humano, solucionar los problemas de los afectados y proponer alternativas para la reconstrucción.
Todos los dirigentes partidistas de Puebla, principalmente del PRI, el PAN y Morena, junto con algunos legisladores, su única capacidad se ha reducido a tomarse fotos de promoción y hacer pírricas donaciones a los damnificados, que no generan ningún impacto positivo entre la población que se quedó sin casa, sin servicios públicos o que perdió a un ser querido.
En los casos del PRD, del PVEM, del Panal, de Movimiento Ciudadano y de Compromiso por Puebla, de plano no se sabe nada.
Sus dirigentes y legisladores desaparecieron por completo de la escena durante la última semana.
Lo único que se ha presenciado son abusos y exhibicionismo. Aquí hay tres ejemplos:
La dirigencia estatal del PRI llevó un paquete de sándwiches a Atzala, la pequeña comunidad que sufrió la mayor cantidad de pérdidas humanas, luego de que a un grupo de vecinos se les vino encima el techo de una iglesia durante un bautizo. Dichos emparedados acabaron en la basura, ya que nadie los quiso comer.
Al revés, la gente de Atzala se puso a cocinar para los voluntarios que fueron a auxiliarlos. Entre ellos no estuvieron los dirigentes priistas, que solamente se tomaron fotos y no ayudaron a remover ni una piedra ni organizar nada en torno a las labores de socorro.
Otro caso fue el de Martha Erika Alonso Hidalgo, la esposa del ex gobernador Rafael Moreno Valle, que fue al supermercado a comprar una despensa para los damnificados. ¿Con eso se van aliviar los problemas de las más de 15 mil familias que sufrieron daños en sus viviendas o que de plano perdieron sus casas?
Más grave es la actitud del ex mandatario Rafael Moreno Valle, quien recorre el país diciendo que ha sido el mejor gobernador que ha tenido Puebla y ahora no ha puesto un pie en territorio poblano para ayudar en algo.
No lo hace porque muchos de los edificios públicos que se vinieron abajo, entre escuelas, hospitales y centros de servicios, él los mandó construir o remodelar. Para nadie es un secreto que Moreno Valle no le gusta enfrentar la crítica o los reclamos de la gente.
Un tercer caso ha sido el de Jorge Aguilar Chedraui, el presidente del Congreso, que se fue a retratar con una mujer hospitalizada. Es decir, aprovechó el dolor humano para –posando sonriente– presumir que se preocupa por quienes viven el desastre.
¿Qué tendría que haber hecho la clase política? Por lo menos tres cosas:
Ser parte de la coordinación que permitiera que la ayuda a los damnificados llegue a tiempo y a donde realmente se necesita.
Reunirse y hacer un lado diferencias, para gestionar fondos públicos para la reconstrucción o buscar aportaciones económicas de la clase pudiente.
Y no fingir que les interesa la población dañada. Sus fotos y actos de pantomima, en que aparentar ayudar, solamente causan agravios y no contribuyen a nada.
