¿Quién mató a Mara?
A Puerta Cerrada
Por Jorge Rodríguez
En estricto sentido judicial, el homicidio de Mara Fernanda Castilla Miranda tiene un solo y (todavía) presunto responsable: el chofer de la empresa Cabify que acudió al llamado de la joven para brindarle servicio de transporte ejecutivo la madrugada del viernes 8 de septiembre.
Ninguna otra persona ni fuerza sobrenatural habría obligado a Ricardo Alexis, el conductor del automóvil Sonic de color negro en el que trabajaba, a agredir a Mara como se ha documentado que lo hizo.
Responder así a la pregunta “¿Quién mató a Mara?” resulta sencillo.
El principal y único sospechoso está en manos de las autoridades ministeriales, a la espera de un proceso judicial que será objeto de una atención pública inusitada.
Sin embargo, si abrimos más la mirada y nos olvidamos por unos momentos del conductor podríamos hallar otros corresponsables, o por lo menos podríamos plantearnos una serie de preguntas que obligarían a mirar hacia otros lados y corregir aquello que, como sociedad, hemos hecho mal.
Primero:
¿Qué autoridad permite que los antros de San Andrés Cholula permanezcan abiertos hasta las 5 de la mañana, como lo estaba el bar The Bronx?
Segundo:
¿Qué autoridades fingen no estar enteradas de los excesos que se permiten en ese municipio?
Tercero:
¿Quién dentro de Cabify se encarga del reclutamiento de los conductores, que no pudo hacer que se cumpliera con el principio básico que presume la empresa en su página de internet: “En cualquier parte de Puebla”, afirma, “Cabify es tu auto privado con chofer para viajar rápido, ‘seguro’ y con las mejores tarifas”?
Ahora sabemos que este sistema de transporte, por aplicación electrónica, puede ser rápido y ofrecer tarifas competitivas, pero jamás seguro.
Cuarto:
¿Por qué los diputados locales fueron tan laxos a la hora de permitir el ingreso de las empresas de transporte ejecutivo, como Cabify y Uber, a Puebla, liberándolas además de las muchas obligaciones legales y económicas que sí tienen las sociedades de taxis tradicionales?
Quinto:
¿Será cierta la versión que circula entre los taxistas, que asegura que políticos y hombres de poder vieron en el transporte ejecutivo una manera de hacer negocio y que por eso, a mediados de 2015, le abrieron las puertas, de par en par y sin objeciones?
Sexto:
¿Hasta cuándo estará lista la clase política para darle el “sí” a la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres?
Según se lee en la página web del Instituto Nacional de las Mujeres, la Alerta es un mecanismo de protección de los derechos humanos que consiste en un conjunto de acciones gubernamentales de emergencia para enfrentar y erradicar la violencia feminicida y/o las desigualdades producidas por una legislación o política pública que las agravie.
En el pasado reciente hubo resistencias de todo tipo para impedir que Puebla fuera incluida en ese programa, como si estar dentro hubiese significado un atentado a la falsa imagen inmaculada de los gobernantes que estaban en el poder.
Los tiempos cambiaron.
Quizá hoy sea momento de sacudirse telarañas y apelar a ella, a la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres, aun en contra de las “buenas conciencias” que la obstruyeron en el pasado.
Y séptimo:
¿Quiénes, desde nuestras diferentes trincheras, hemos provocado, alimentado y permitido la institucionalización de la impunidad?
La impunidad que impera en el país es la que ha dado pie al florecimiento de actos criminales como el de Mara Castilla.
En México se puede cometer un hecho delictivo y librar el castigo, ya sabe usted, gracias a un sistema político-gubernamental que, en el mejor de los casos, carece de herramientas adecuadas para cumplir con su deber y, en el peor, forma parte de la red de complicidades que protege a los delincuentes.
La impunidad, pues, esa discapacidad de las instituciones para hacer cumplir la ley y castigar a los responsables de un delito, tiene que ocupar un lugar preponderante en el homicidio de la joven estudiante de la UPAEP.
Sin ella los Ricardos Alexis no abundarían, y por tanto, tendríamos menos tragedias que lamentar.
La tarea que tenemos enfrente es descomunal.
Y es para todos.
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