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Todos Unidos Contra Moreno Valle (El pasado ya se olvidó)

Todos Unidos Contra Moreno Valle (El pasado ya se olvidó)

A Puerta Cerrada

Jorge Rodríguez

“Los enemigos de mi enemigo son mis amigos”.

Este viejo proverbio debe estar siendo aplicado en estos días por los cinco militantes del PAN que han creado un frente común en contra de Rafael Moreno Valle.

Ellos dicen que no pretenden confrontar al ex gobernador, que solo demandan apertura por parte del Comité Directivo Estatal en la integración de los órganos partidistas y la asignación de candidaturas, pero en los hechos el movimiento sí representa una lucha política contra Moreno Valle.

Aquello que ahora mismo hacen Eduardo Rivera Pérez, Juan Carlos Espina von Roehrich, Rafael Micalco Méndez, Juan Carlos Mondragón Quintana y Humberto Aguilar Coronado, es quizá el último intento organizado del Yunque por recuperar lo que el ex gobernador le arrebató en seis años y dejó a su esposa Martha Érika Alonso antes de partir de Casa Puebla: el control del partido.

Es verdad, Rivera Pérez y compañía quieren formar parte de los órganos institucionales del blanquiazul y participar en la asignación de candidaturas para las elecciones de 2018.

En el mejor de los escenarios, como Eduardo Rivera que aspira a ser abanderado a gobernador, lo que desean es definir candidaturas para sí mismos y sus incondicionales.

Para ello, confrontan a Jesús Giles y Martha Érika Alonso por ser quienes aparecen en los cargos de dirigencia del partido, pero en realidad le mandan el mensaje a Moreno Valle.

Quieren los espacios de poder que tuvieron en el pasado y han elegido el señalamiento público como instrumento de presión.

Eso no es malo.

Es solo una estrategia de combate dentro de la resistencia política que han emprendido.

Lo interesante es que aun entre ellos cinco hay historias de traición que los confrontaron en el pasado.

Sí, esa camaradería que hoy ve usted en medios y redes sociales no ha existido siempre.

Hagamos un viaje hacia atrás:

En 2004, Juan Carlos Espina no logró la reelección al frente del Comité Directivo Estatal del PAN por la gracia de Eduardo Rivera.

Esa vez, el ex edil de Puebla habló con los líderes de la Organización (el Yunque) para culpar a Espina por la derrota de Francisco Emmelhainz en la contienda interna de 2001, cuando Luis Paredes le ganó la candidatura a presidente municipal.

Según Rivera, Espina traicionó a Emmelhainz.

Lo que sucedió después fue que Espina salió de la presidencia del partido y en su lugar quedó el propio Rivera, su verdugo.

Ambos ex presidentes partidistas resolvieron sus diferencias hasta seis años después, en 2010, cuando Juan Carlos fue designado como coordinador de campaña de Eduardo por indicaciones de los patronos de la ultraderecha.

En 2009, Humberto Aguilar y Eduardo Rivera fueron de los principales opositores a la reelección de Rafael Micalco en la dirigencia panista.

El primero se le fue a la yugular a partir de la derrota sufrida en los comicios federales de ese año, cuando el marinismo se llevó todas las diputaciones federales.

Aguilar culpó a Micalco por el resultado y le reprochó el mal uso de los recursos para la actualización de los padrones de militantes.

El segundo, más eficaz en los argumentos, promovió su salida de la presidencia por considerar que se mostraba en exceso entregado a los intereses de Moreno Valle, que para entonces ya peleaba la candidatura al gobierno del estado.

Como usted sabe, Micalco no repitió.

Al CDE llegó Mondragón Quintana, la nueva carta de Rivera Pérez y el Yunque.

Gracias a esas vueltas que da la vida, Micalco pudo desquitarse de la dupla Rivera-Mondragón en 2012, cuando regresó a la presidencia del partido después de que Moreno Valle le ordenara al Congreso reformar la ley electoral para deshacerse del “incómodo” dirigente.

Micalco, hoy supuesto promotor de la democracia partidista y presunto enemigo de las imposiciones, fue beneficiado directo de la trama orquestada contra Mondragón, una de las más burdas que se recuerde en política.

De vuelta en la presidencia estatal, Micalco quiso desplazar a Eduardo Rivera como interlocutor del Yunque con Moreno Valle.

Lo consiguió por un tiempo nada más, hasta que en 2015 no pudo obtener todas las candidaturas que demandaba para su gente y estiró la liga más de la cuenta.

Juan Carlos Espina también carga un antecedente de traición con el “Tigre” Aguilar Coronado.

Los hechos ocurrieron en la interna de 2005 por la candidatura presidencial, de la que salió victorioso Felipe Calderón Hinojosa.

Esa vez, Espina engañó a Humberto Aguilar, ocupó una posición en el equipo de operadores poblanos de Santiago Creel pero apoyó al jalisciense Alberto Cárdenas.

Como verá, la mayoría de ellos han sido protagonistas de traiciones cruzadas.

Pero no se asuste.

Es política.

Las necesidades de hoy han reunido a los rivales (y enemigos) de ayer.

Aunque parezca una incongruencia.

@jorgerdzc