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Aventaja, pero se evidencia

Aventaja, pero se evidencia

Las serpientes y escaleras

Por Ricardo Morales

El subsecretario de la Sedatu, Juan Carlos Lastiri Quirós, es sin duda como lo dijera el periodista, Rodolfo Ruiz, el priista quien más se esfuerza por hacerse de la candidatura de su partido a la gubernatura del Estado, sin embargo, pese al haber realizado una buena movilización, el funcionario federal, evidenció sus debilidades.

Más allá de que el funcionario federal hace un buen esfuerzo, es notorio que la mayor parte de la gente que asistió a su evento, son burócratas federales, la mayoría de entidades como la Sedatu, la Sedesol, la Secretaría del Trabajo y otras dependencias, que están en manos de sus incondicionales, es decir, Lastiri se engaña solo.

No puede movilizar, ni mucho menos interesar a la sociedad civil, con la cual, el burócrata de la Sedatu no tiene la menor empatía; es decir, es inodoro, incoloro y insípido. No despierta la mayor pasión y en todo caso, un profundo rechazo, al representar lo más rancio del priismo señalado por la corrupción.

Aún sin entrar al tema de sus expedientes personales, luego de su paso por la Secretaría de Desarrollo Social y sus relaciones con sus múltiples parejas, el personaje, no despierta el mayor interés, no suma, más allá del voto duro que de por sí ya tiene el priismo, con cualquiera que sea su candidato.

De hecho, la propia meta establecida por Lastiri para recabar firmas a favor de la consulta, a la base que reclama, es el voto duro que tiene el priismo, el cual se ha reducido elección tras elección.

En el 2010, Javier López Zavala, pese al rechazo de la sociedad hacia el marinismo, logró recabar 950 mil votos, la cifra histórica del tricolor en Puebla hasta la fecha.

En el 2016, pese a que Blanca Alcalá alcanzó a tener el 31 por ciento de la votación, cifra mejor que la alcanzada por el tricolor en Tlaxcala y Oaxaca, el número de votos de la senadora con licencia no fue suficiente para alzarse con el triunfo, alrededor de 630 mil votos, la cifra más baja para el priismo en varias décadas.

El piso actual del PRI se ubica en alrededor de 500 mil y hasta 650 mil votos como máximo. Para poder ganar la elección en el 2018, el partido que obtenga la victoria necesitará entre un millón y un millón 200 mil votos, es decir, el tricolor necesita ganar casi 600 mil votos más de la sociedad civil, ¿Lastiri será capaz de obtenerlos? Lo dudo.

Su propia imagen y su personalidad generan desde ya desconfianza entre la población, no tiene para nada un perfil ciudadano.

Estos aspectos, más bien, parecen reforzar la hipótesis de que Lastiri sería el candidato perfecto para el morenovallismo; el cual, le quitaría entre 500 mil y hasta 650 mil votos a Morena, los cuales, facilitaría el triunfo de quien vaya a ser el candidato del PAN en el 2018.

El aparato morenovallista ya demostró en el 2016, que sin estar en juego las presidencias municipales, ni las diputaciones locales, pudo lograr más de 840 mil votos con los que ganó Tony Gali.

La estructura morenovallista se encuentra perfectamente bien aceitada y ya sea con Rafael Moreno Valle en las boletas como candidato a la Presidencia de la República o con Martha Erika Alonso como candidata, pueden fácil alcanzar el millón de votos que necesitan para llevarse tranquilamente la elección.

Si Morena solo fuera a una elección en Puebla en contra del PAN, representado por el morenovallismo, y no hubiera un priismo fuerte para poder dividir el voto opositor, entonces las cosas serían muy diferentes para el partido en el poder.

Algo que se debe de tomar en cuenta es que el morenogalicismo, ¿Irá a la elección de la mano de sus aliados tradicionales, receta que una y otra vez ha demostrado su eficacia?

Al morenogalcismo le conviene un candidato como Lastiri en la boletas, incapaz de ganar el voto ciudadano, pero suficiente, para poder mantener el voto duro del tricolor y evitar que esos votos, se vayan a Morena, el partido a vencer, junto con su candidato, Andrés Manuel López Obrador.

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