Ya son 50 los oaxaqueños incrustados en el Poder Ejecutivo
Cuitlatlán
Por: Fermín Alejandro García
Cuentan los enterados que hacia el interior del Poder Ejecutivo ya hay un grupo que es llamado “la brigada Oaxaca”, el cual estaría formado por ex funcionarios públicos de la entidad oaxaqueña de los últimos cuatro sexenios y que han encontrado en Puebla –de la mano de Diódoro Carrasco Altamirano, el actual secretario general de Gobierno– una alternativa frente al desempleo político.
Lo que llama la atención de esta situación es que un reciente recuento apunta a que suman unos 50 los integrantes de esa facción que tienen a su cargo puesto relacionados con la gobernabilidad y la solución de conflictos sociales.
Los miembros de ese grupo son quienes se han hecho llamar “la brigada Oaxaca”, en alusión al contingente de soldados oaxaqueños que en 1862, al mando del general Porfirio Díaz, se enfrentaron en Chalchicomula de Sesma al ejercito francés, en lo que fue la segunda intervención de esa fuerza extranjera.
También narran los enterados que su llegada a Puebla no es circunstancial ni se puede reducir a la mera casualidad de que en el estado encontraron vacantes de empleo, en las altas esferas del gobierno de la entidad.
Llegaron a Puebla con tres encomiendas. Primero: involucrarse en el conocimiento de los grupos políticos y sociales, sobre todo con miras a su control para futuros procesos electorales.
Segundo: fungir –en el caso de algunos de los miembros de “la brigada Oaxaca– en labores específicas en la campaña del ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas en su intento de ser candidato del PAN a la presidencia de la República.
Tercero: trabajar –que es una labor de todos ellos– a favor del proyecto de que Martha Erika Alonso Hidalgo se convierta en la aspirante panista a la gubernatura en el año 2018 y gane la elección local de ese año.
Dicho de otra manera, “la brigada Oaxaca” está en Puebla para trabajar a favor del proyecto morenovallista, que tiene como prioridad en convertir a Martha Erika Alonso, la esposa de Rafael Moreno Valle Rosas, en la próxima gobernadora, mediante una operación desde el Poder Ejecutivo. O por lo menos eso parece.
Por esa razón en este grupo de oaxaqueños se tiene la percepción de que su paso por Puebla no será de corto plazo y no concluirá a los 20 meses de su arribo, que es cuando terminará la actual administración estatal, sino que se podría prolongar hasta el año 2024.
Tal vez por eso no hace mucho este grupo no ocultó su gusto de estar en Puebla y organizaron un huajeque, para lo cual hicieron traer a cocineros huastecos del hotel Presidente y en el acto hubo adornos multicolores, ricas viandas y varios de los asistentes lucieron un vestuario que hubiera sido la envida de cualquier vecino de Juchitán. Eso si, el festejo estuvo restringido para los miembros de “la brigada Oaxaca” y vigilado por policías que portaban armas de grueso calibre.
¿Qué es lo preocupante de la presencia de estos políticos oaxaqueños? Lo que se puede cuestionar no solamente es que siga la tendencia, iniciada en el sexenio pasado, de colocar en puestos directivos del Poder Ejecutivo a político de otras entidades y se margine a los poblanos de esas posiciones. Lo que preocupa es que muchos de ellos –en Oaxaca– estuvieron en las administraciones de Diódoro Carrasco, José Murat Casab, Ulises Ruiz Ortiz y Gabino Cué Monteagudo en cargos de desarrollo social, de gobernación y atención de asuntos indígenas.
Y si algo tiene Oaxaca es que es un estado con altos grados de pobreza, homicidios y violencia política. De este último factor, organizaciones como la COCEI, la APPO, la Comuna de Oaxaca, los grupos indígenas Triqui y la CNTE han sufrido, en diferentes momentos, la peor represión política del país.
Los últimos gobiernos priistas de Oaxaca y la administración indefinida de Gabino Cué no se destacaron por su disposición al diálogo, a la negociación, sino se caracterizaron por el uso de la fuerza para atender conflictos sociales y políticos.
Se estima que la mitad de los homicidios en Oaxaca siempre tienen un componente de conflicto político o social. En mucho esa situación es consecuencia de una política oficial de carácter represivo para tratar los problemas de la población.
El cuestionamiento no es que sean oaxaqueños los miembros de este grupo, sobre todo cuando muchos políticos de Puebla –del PAN, el PRI y el PRD– tienen sus raíces en ese estado, sino lo que da miedo es que hayan pertenecido a gobiernos represores.
