Panistas perseguidos confían en que Anaya se prepara para enfrentar a RMV
Cuitlatlán
Por Fermín Alejandro García
En el círculo cercano al ex edil de Puebla Eduardo Rivera Pérez y a otros panistas perseguidos por el morenovallismo, se percibe un aire de confianza de que se podrá resistir a este proceso represivo, pues muchos de ellos han oído la promesa del presidente nacional del PAN, Ricardo Anaya Cortés, de que no se permitirá que se atropellen los derechos de los militantes albiazules de Puebla, lo cual se interpreta como un compromiso de enfrentar el autoritarismo del ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas.
Se cree que el desquite de Ricardo Anaya contra el morenovallismo podría generarse en la posibilidad de someter a un proceso disciplinario a los dirigentes estatales del PAN Jesús Giles y Martha Erika Alonso, lo cual derivaría en cerrarle el paso a la esposa de Rafael Moreno Valle Rosas para que pueda ser candidata a la gubernatura en el año 2018.
Esa idea de que Anaya Cortés se acabará poniendo del lado de los perseguidos del morenovallismo se debe a que el propio presidente nacional del PAN es uno de los agraviados por el autoritarismo del ex gobernador de Puebla.
Las diferencias entre Anaya y Moreno Valle –que siempre han existido– se agudizaron a mediados de 2016.
Resulta que el entonces titular del Poder Ejecutivo de Puebla había calculado que en las 12 gubernaturas que estaban en juego ese año el PAN solamente tenía posibilidades de triunfar en dos estados: en Puebla y Quintana Roo, que dicho sea de paso era donde actuaron los operadores electorales del morenovallismo.
Por eso en las semanas previas a la jornada electoral del año pasado, Moreno Valle expresó a legisladores y líderes regionales del PAN de diferentes partes del país, que luego de los comicios del 5 de junio sería inevitable la caída de Ricardo Anaya como presidente del Partido Acción Nacional, como consecuencia de una derrota en la mayoría de los 12 estados en que hubo comicios.
El entonces gobernador de Puebla no dudaba en calificar al presidente del PAN como un político sin liderazgo y sin capacidad de encabezar un partido a nivel nacional.
Moreno Valle sentía que con la posible caída de Ricardo Anaya llegaría su momento estelar en el PAN, ya que podría tomar el control del partido a nivel nacional y que tendría la fuerza suficiente para disputarle a Margarita Zavala la candidatura presidencial del albiazul.
Esos pronósticos llegaron a oídos de Ricardo Anaya, quien tenía claro que si no le iba bien en las elecciones enfrentaría un intento de arrebato del partido por parte del entonces todavía gobernador de Puebla.
Todo pasó al revés: la noche del 5 de junio dentro del PAN quien tuvo los tragos más amargos fue Rafael Moreno Valle Rosas, pese a las victorias de su grupo político en Puebla y Quintana Roo.
Rafael Moreno Valle perdió el semblante de serenidad cuando en la tarde–noche de ese día se enteró que había tendencias favorables para el PAN en Veracruz, Chihuahua, Tamaulipas y Durango, donde parecía que Acción Nacional daría la batalla, pero no tenía la capacidad de ganar las contiendas.
Esa noche del 5 de junio Ricardo Anaya era un líder político desbordado, ya que nunca el PAN en su historia había ganado 7 gubernaturas en una sola elección. Tenía la victoria soñada por sus antecesores en el cargo.
Cuentan que ese día Anaya habría definido, en privado, que con esos triunfos tenía la capacidad de derrotar al PRI y Andrés Manuel López Obrador en la contienda de 2018, de regresar al PAN a Los Pinos, y sobre todo de frenar los impulsos golpistas de Moreno Valle. O por lo menos eso narraron panistas cercanos al líder nacional del albiazul.
Ahora que Moreno Valle ha desatado una cacería política, judicial y administrativa contra los panistas que le son incómodos, encabezados por Eduardo Rivera, está generando las condiciones para que Ricardo Anaya intervenga en el caso de Puebla.
Y venga a cobrar revancha por los agravios que sufrió del ex gobernador de Puebla y ahora un débil aspirante a ser candidato presidencial.
