Salud Mental en crisis; a todos sus directivos los nombraron por favores entre amigo
Cuitlatlán
Por: Fermín Alejandro García
El área de Salud Mental del gobierno del estado registra una creciente demanda de servicios y al mismo tiempo está en el abandono, con graves carencias y no se siguen los protocolos para atender a pacientes con problemas de adicciones. Todo ello es consecuencia de que la mayoría de sus directivos carecen del perfil profesional idóneo y fueron nombrados como favores de amigos durante la gestión de Jorge Aguilar Chedraui, cuando fue titular de la Secretaría de Salud.
La reciente remoción de María de Teresa de Jesús Beatriz Balderas Meza como directora del Centro Estatal de Salud Mental (CESM), quien fue acusada de maltratar a pacientes y trabajadores, es apenas la punta del iceberg de los problemas que se enfrentan en esta área y provoca que la mayoría de los pacientes tratados para adicciones acaben reincidiendo en el consumo de enervantes.
Los consumos de heroína y de cocaína –en la mayoría de los casos de mala calidad y que provoca altos grados de toxicidad– se han disparado alarmantemente en Puebla y muchos de los enfermos, cuando acuden al CESM, se topan con una atención de mala calidad, que no sigue los protocolos y que no permite enfrentar el llamado síndrome de la abstinencia.
A los adictos de esas drogas cuando se les retira el consumo entran en un proceso de ansiedad extrema, que los lleva a sufrir vómitos constantes, debilitamiento muscular y diarreas continuas. El protocolo dice que para evitar la severidad de esos procesos consiste en no retirar de tajo la inhalación o inyección de drogas, sino hacerlo gradual. El caso es que en el CESM se hace lo contrario, desde hace algunos años se ordenó que la única vía de atención es retirar de un día para otro todo uso de enervantes.
Eso lleva a que un número importante de pacientes luego de salir del CESM, aparentemente con el problema controlado, a las pocas semanas regresen al empleo de drogas.
En Salud Mental hay muchos especialistas en adicciones, que incluso utilizan los mismos métodos que la afamada clínica de Oceánica, pero se acaban topando con directivos que no son competentes, que no tienen experiencia en el tema y acaban obligando a que se sigan procedimientos erróneos. Y nadie en la Secretaría de Salud se percata de esa crisis, ya que en esa dependencia lo único que cuenta son las relaciones políticas y no las evaluaciones profesionales.
Tal es el caso de Karen de la Cuesta, la coordinadora estatal de Salud Mental, quien tiene bajo su responsabilidad el CESM, el hospital psiquiátrico de El Batán y en general toda la atención psiquiátrica en las unidades médicas del estado.
Karen de la Cuesta es psicóloga y no es psiquiatra, o por lo menos doctora, tal como lo exigiría el cargo que ocupa.
Ella está en el cargo porque era protegida de Felipe Ramírez, quien era el responsable de los Servicios de Atención a la Salud, durante el sexenio pasado.
Al inicio de la administración de Rafael Moreno Valle Rosas, se nombró como coordinadora de Salud Mental a María Teresa de Con, quien decía que había llegado a ese cargo por ser amiga de Martha Erika Alonso, la cónyuge del entonces titular del Poder Ejecutivo.
Esa mujer provocó un desastre administrativo y rompió con la estabilidad laboral del área de Salud Mental, razón por la cual a los dos meses de estar en el puesto fue removida.
Fue entonces cuando Felipe Ramírez invitó a De la Cuesta, quien laboraba en la Ciudad de México y sin tener experiencia en el tema de adicciones la colocó como coordinadora del área de Salud Mental.
Y Karen de la Cuesta a su vez echó mano de una amistad, de Teresa Balderas Meza, para hacerse cargo del CESM.
Es decir, todos los puestos importantes en Salud Mental se han decidido por asuntos de amistad o compadrazgos. Nada de buscar a los mejores perfiles.
Las quejas contra la directora del CESM iniciaron con intensidad hace un par de años, debido a que la funcionaria nombró a los policías privados del Centro Estatal de Salud Mental como encargados de revisar el desempeño de médicos y enfermeras. Los guardias se la pasaban vigilando y espiando a los galenos, así como a los enfermeros.
Nunca se procedió contra la directora del CESM porque Karen de la Cuesta la protegía y no hacía nada en su contra.
Lo que pasa en Salud Mental es una muestra del desastre que provocó Jorge Aguilar Chedraui, quien convirtió a la Secretaría de Salud en su centro de operación electoral, sin importar que se perdiera la calidad en la atención a los enfermos.
Si el gobierno de Antonio Gali quiere que funcione bien la Secretaría de Salud, debe ordenar la revisión del perfil profesional de varios directores y coordinadores, empezando por el área de Salud Mental.
