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Ivonne Ortega fue quien desactivó al PRI poblano como fuerza opositora al morenovallismo

Ivonne Ortega fue quien desactivó al PRI poblano como fuerza opositora al morenovallismo

Cuitlatlán

Por Fermín Alejandro García

Ivonne Ortega Pacheco estará este día en Puebla como parte de un esfuerzo del PRI –o mejor dicho del gobierno federal– de posicionar a la ex gobernadora de Yucatán como una posible alternativa para ser candidata presidencial. Un asunto que ha pasado desapercibido de la ex mandataria es que ella desde la cúpula nacional del tricolor fue una operadora clave a favor de los intereses políticos de Rafael Moreno Valle, ya que fue la encargada de desactivar al PRI como una fuerza opositora en el estado.

Cuando Ortega fue secretaria general del PRI nacional siempre jugó un doble papel, por un lado supuestamente alentaba que hubiera en Puebla un Partido Revolucionario Institucional combativo y por otro, fue quien paró en varias ocasiones a legisladores, dirigentes partidistas y sobre todo candidatos a puesto de elección popular para que no enfrentaran al gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas.

La priista ahora recorre el país escudándose en una fundación llamada Hazlo por México y promoviendo un discurso de que debe haber un PRI democrático, incluyente, que sea confiable. Sin embargo ella, por lo menos para el caso de Puebla, nunca cumplió con los compromisos de combatir los abusos de poder ocurridos en el sexenio pasado.

En una ocasión, el ahora diputado federal Víctor Manuel Giorgana Jiménez citó a un grupo de directivos de medios de comunicación excluidos por el gobierno morenovallista para que se entrevistaran con Ivonne Ortega, pues se había planteado que ante el bloqueo económico que el Poder Ejecutivo ejercía contra la prensa incomoda, el tricolor podía gestionar la contratación de publicidad del gobierno federal.

La cita del encuentro fue en el restaurante “El Mural”, del Centro Histórico de la capital, y luego de escuchar un largo discurso de Ortega de que el PRI se preparaba para dar la pelea por la gubernatura de Puebla –algo que no ocurrió–, el subdirector de un importante diario, en tono molesto y mostrando hartazgo de la prolongada intervención de la priista, le preguntó, palabras más, palabras menos: “Ya díganos si el PRI nos va a ayudar, porque siempre nos deja colgados”.

Ortega –molesta– respondió que ella tenía palabra y su compromiso era luchar para que el PRI regresara al poder en Puebla, para no dejar impunes los abusos de poder, y un largo etcétera. Luego de esa reunión, la entonces secretaria general del tricolor nunca retornó al estado.

Se sabe también que una larga lista de priistas llevaron a las oficinas del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI decenas de carpetas con información acerca de costos excesivos de las obras del gobierno morenovallistas, de violaciones constitucionales; del tema del despido de miles de burócratas, muchos de ellos con militancia priista; del maltrato que sufrían alcaldes y legisladores, de los asuntos de presos políticos. Todos esos documentos fueron recibidos, se prometió que se analizarían y al final los acabaron desechando.

Un priista narra que dejó de quejarse en el CEN priista, en la época de Ivonne Ortega como secretaria general, cuando descubrió que más tardaba en regresar de la Ciudad de México a Puebla en que alguien desde el tricolor informara al gobierno morenovallista que habían llevado una denuncia en su contra.

El papel más ominoso que jugó Ivonne Ortega ocurrió en el proceso electoral de 2013, cuando hizo creer a un grupo de candidatos a alcaldes y diputados locales, entre ellos Enrique Agüera Ibáñez, que el PRI daría una fuerte pelea contra el morenovallismo, y al final desde el CEN del tricolor se ayudó al grupo político de Rafael Moreno Valle a arrasar en los comicios de ese año.

La entonces dirigente priista tenía la encomienda de organizar la estrategia electoral de Puebla y como parte de ese proceso se envió como delegado del CEN del PRI al ex gobernador de Colima, Fernando Moreno Peña, quien resultó ser saboteador.

Moreno Peña asumió un discurso agresivo, por momentos insolente, contra el morenovallismo, por lo que se ganó la confianza de los priistas poblanos. El funcionario partidista se dedicó a entrevistarse con los principales candidatos a alcaldes y diputados locales, a quienes les exigió que le entregaran toda la información de sus estructuras electorales.

Todos los candidatos siempre salían de las reuniones regañados por Moreno Peña, pues le decía que eran obsoletas sus estructuras de cuidadores de casillas y de movilizadores de votantes. Los hacía organizar nuevos equipos de trabajo, supuestamente mediante una técnica para que el gobierno del estado no pudiera comprar a los miembros de las campañas electorales.

Al final Moreno Peña, por órdenes de Ivonne Ortega, no otorgó recursos económicos a los candidatos para que funcionarán las estructuras electorales. O dicho de otra manera: no hubo fondos para que movilizaran a los votantes el día de los comicios. Esa situación llevó a la derrota a la mayoría de los aspirantes a ediles.

El caso más grave fue el de Enrique Agüera, el ex rector de la UAP y entonces candidato del PRI a edil de la capital, quien recibió promesas de Ivonne Ortega de que habría fondos económicos suficientes para movilizar a los simpatizantes priistas el día de la elección, que se montarían brigadas para detectar la compra de votos de parte de los morenovallistas y que llegaría a Puebla más de 400 policías federales a evitar un fraude electoral.

El día de los comicios no hubo dinero, ni aparecieron las brigadas “caza mapaches” y sí llegaron policías federales, quienes se pusieron a las órdenes del gobierno morenovallista.

Luego de la derrota, todavía Ivonne Ortega le hizo creer a Enrique Agüera que lo haría presidente del PRI poblano. Ese intento fue un fiasco. Por eso mejor el ex rector de la UAP acabó autoexiliándose de Puebla.

Al final queda una duda: ¿Ivonne Ortega actuó de esa manera por contubernio con el morenovallismo o por órdenes de Los Pinos? ¿O por un acuerdo con ambas partes?