Último minuto
Viernes, 25 de Septiembre de 2026
Puebla 12°C
Reto Diario | Noticias de Puebla
Ver Episodio Completo

Portada del Día

Cargando Portada...

Armenta denuncia los vicios del PRI que él mismo protegió

Armenta denuncia los vicios del PRI que él mismo protegió

Cuitlatlán

Por Fermín Alejandro García

El priista Alejandro Armenta Mier se está convirtiendo en un fenómeno en Puebla, ya que de haber sido considerado como un político serio, ordenado, sereno y con visión de los problemas del estado, en los últimos meses ha perdido la brújula para pasar a ser todo lo contrario: ahora es visto como un personaje pendenciero, contradictorio, que se confronta con todos y todos rompen con él.

Algunos ya lo consideran que Armenta se ha convertido en un símil del panista Javier Lozano Alarcón, quien se destaca por su violencia verbal, su protagonismo, arrogancia y conducta incongruente.

Más allá de las razones personales que mueven a Alejandro Armenta, su comportamiento es una muestra del desorden que priva en el PRI de Puebla, ya que todo el tiempo reniega de su partido, pero tampoco lo deja. Denuncia que el tricolor sirve a los intereses del PAN, pero al mismo tiempo el propio Armenta fue parte de la dirigencia priista que se dejó derrotar en los comicios del año 2010.

Quien escuche a Alejandro Armenta en los últimos días diciendo que el presidente nacional del PRI, Enrique Ochoa, no atiende al priismo poblano y que su partido ya pactó dejarse derrotar en la próxima contienda por la gubernatura, creerá que el legislador por el distrito de Tepeaca es un político crítico y audaz. Nada que ver. Veamos los siguientes hechos:

Uno: Armenta se queja de exclusión, pero él en 2010 fue presidente estatal del PRI y desde ese cargo se dedicó a excluir a todos los priistas que no eran parte del marinismo, así como organizaciones sociales que buscaban un espacio en la campaña del tricolor.

Una prueba de ese comportamiento fueron las comunidades cristianas de Puebla, que en 2010 rompieron con el PRI por la conducta arrogante de Alejandro Armenta y de Claudia Hernández, quien se ostentaba como líder de los grupos no católicos dentro de este partido.

Las comunidades cristianas pedían espacios políticos de participación en la campaña electoral de ese año. La respuesta de Armenta fue que no representaban un peso importante dentro del PRI. El resultado de esa actitud es que los cristianos en 2010 se acabaron aliando con Rafael Moreno Valle Rosas y le dieron alrededor de 100 mil votos.

Dos: como presidente estatal del PRI, en 2010, Armenta fue el encargado –por órdenes del entonces titular del Poder Ejecutivo, Mario Marín– de colocar a los peores candidatos a presidentes municipales. Esa condición debilitó la campaña del entonces aspirante a la gubernatura, Javier López Zavala.

Ahora se tiene la certeza de que la dirigencia del PRI no actuó mal por negligencia, sino que ese comportamiento se debió a que había una negociación de Mario Marín y el morenovallismo para dejar la gubernatura en manos del PAN. Dicho de otra manera, desde el tricolor se generó “fuego amigo” para provocar la derrota de Javier López Zavala.

Tres: ahora dice Armenta que el PRI ya negoció la gubernatura con el PAN para que en el año 2018 el morenovallismo siga controlando el Poder Ejecutivo.

Existen muchos factores para creer que sí puede ser cierta esa versión. El PRI en los últimos seis años se volvió una fuerza política colaboradora de los intereses de Rafael Moreno Valle Rosas. Se ha puesto en evidencia que desde Los Pinos se protegió al panista.

Lo que resulta incongruente es que Alejandro Armenta sea quien haga la denuncia, cuando él ha sido parte de esa colaboración.

En 2016 fue el coordinador de la campaña de Blanca Alcalá Ruiz, como candidata a la gubernatura, y al final quedó la sensación de que la aspirante priista negoció con Rafael Moreno Valle Rosas ser una opositora dócil, acrítica y sin ningún esfuerzo para ganar la contienda.

Durante la campaña de 2016 fueron permanente las quejas de que Alejandro Armenta construyó un dique para que organizaciones sociales no se pudiera acercar a Blanca Alcalá.

Por eso las agrupaciones sociales, sindicales, empresariales, religiosas y políticas que estaban en contra del morenovallismo nunca pudieron ser parte de la campaña electoral del PRI.

Todos los que se acercaban a la campaña de Alcalá a querer colaborar los escuchaban y les ofrecían participación. Les prometían que les llamarían y al final nunca se concretaban esos llamados. Armenta fue uno de los encargados de hacer esas falsas promesas.

Antes de denunciar que el PRI ya se vendió de cara a la contienda de 2018, Armenta debería aclarar por qué el tricolor en la elección del año pasado actuó desarticulado, sin ser agresivo contra el gobierno de Moreno Valle y sin tener identidad como fuerza política opositora.

Cuatro: el pasado fin de semana Armenta presentó una organización llamada Frente Amplio Puebla Nos Une, que se supone es una agrupación de centro izquierda, progresista, que a su vez tiene a panistas reaccionarios. Supuestamente con esa asociación va a luchar contra el morenovallismo, al margen del PRI.

Para empezar los cinco o 10 representantes de organizaciones reunidas en ese frente, solamente representan a igual número de personas, a 5 o 10 sujetos. No más. Son agrupaciones representativas de nada.

Y luego Armenta no es capaz de tomar posiciones claras. Denuncia a un PRI entregado al morenovallismo, pero sigue en el PRI.

También reniega de Mario Marín, pero cuando tuvo importante posiciones de poder en el sexenio marinista no hizo nada para combatir los vicios que en ese entonces prevalecieron en el PRI y el gobierno del estado.

¿Habrá alguien que le crea a Alejandro Armenta?

Temas en este artículo